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La Coctelera

REVELACIONES DE DIOS Y MARIA

AMAR EN LA VERDAD A LA SANTA IGLESIA, SER FIEL AL SEÑOR EN LA FE VERDADERA, CAMINAR CON MARIA REINA EN ESTOS ULTIMOS TIEMPOS.CONOCER LA DOCTRINA DE LA IGLESIA SANTA.

18 Mayo 2012

INVOCAR AL ESPIRITU SANTO

INVOCAR AL ESPIRITU SANTO.

AMEMOS Y HONREMOS AL DIVINO Y SANTO ESPIRITU

 Cuál es la importancia del Espíritu Santo en nuestra vida de seguidores de Cristo.

"Para entrar en contacto con Cristo, es necesario primeramente haber sido atraído por el Espíritu Santo. El es quien nos precede y despierta en nosotros la fe, la Vida, que tiene su fuente en el Padre y se nos ofrece por el Hijo, se nos comunica íntima y personalmente por el Espíritu Santo en la Iglesia..." (Catecismo, N. 683)

"Cuando venga el Paráclito, que yo os enviaré de junto al Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí. Pero también vosotros daréis testimonio, porque estáis conmigo desde el principio." (Jn 15, 26-27)

El Espíritu Santo es quien nos recuerda las cosas de Jesucristo.

"Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, os lo enseñará todo y os recordará todo lo que yo os he dicho." (Jn 14, 26)
Y quien nos permite conocer las cosas de Dios.

"En efecto, nadie nos conoce como nuestro espíritu, porque está en nosotros. De igual modo, sólo el Espíritu de Dios conoce las cosas de Dios." (1 Co 2, 11)

No podemos dejar a un lado al Espíritu Santo, el Verdadero Maestro de la Oración.

"Y de igual manera, el Espíritu viene en ayuda de nuestra flaqueza. Pues nosotros no sabemos cómo pedir para orar como conviene; mas el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables" (Rm 8, 26)

¿Cómo reconocer la presencia del Espíritu? San Pablo es bien claro al respecto en su carta a los Gálatas:

"Por eso les digo: caminen según el espíritu y así no realizarán los deseos de la carne. Pues los deseos de la carne se oponen al espíritu y los deseos del espíritu se oponen a la carne. Los dos se contraponen, de suerte que ustedes no pueden obrar como quisieran. Pero dejarse guiar por el Espíritu no significa someterse a la Ley.  Es fácil reconocer lo que proviene de la carne: libertad sexual, impurezas y desvergüenzas; culto de los ídolos y magia; odios, ira y violencias; celos, furores, ambiciones, divisiones, sectarismo y envidias; borracheras, orgías y cosas semejantes. Les he dicho, y se lo repito: los que hacen tales cosas no heredarán el Reino de Dios. En cambio, el fruto del Espíritu es caridad, alegría, paz, comprensión de los demás, generosidad, bondad, fidelidad,  mansedumbre y dominio de sí mismo. Estas son cosas que no condena ninguna Ley. Los que pertenecen a Cristo Jesús han crucificado la carne con sus impulsos y deseos. Si ahora vivimos según el espíritu, dejémonos guiar por el Espíritu; depongamos toda vanagloria, dejemos de querer ser más que los demás y de ser celosos. " (Ga 5, 16-23)

Examínate, ¿tienes los frutos del Espíritu Santo?

Pero eso sí. No te dejes confundir por quienes creen que su iglesia es mejor porque allí se manifiesta el Espíritu Santo, pues El da a quien quiere y como quiere  y por supuesto se da en abundancia en la Iglesia Católica.

Pidamos insistentemente el Espíritu Santo, para que nos ilumine y nos quíe y seamos verdaderos cristianos. Sin el Espíritu Santo, vana es nuestra búsqueda del Reino pues nuestras fuerzas son completamente inútiles para semejante labor. No permaneceremos en Cristo sin la ayuda del Espíritu Santo.

" El Dios de la esperanza os colme de todo gozo y paz en vuestra fe, hasta rebosar de esperanza por la fuerza del Espíritu Santo" (Rm 15, 13)

La Iglesia no ha dejado a un lado al Espíritu Santo, sino que muchos católicos lo han hecho. ¿Has leído, por ejemplo, todo el libro de los Hecho de los Apóstoles? Qué lamentable que los católicos no lo conozcan mejor, y no precisamente por falta de exhortación de la Iglesia. Fíjate en lo que pedía el papa León XIII en 1897:

"Acaso no falten en nuestros días algunos que, de ser interrogados como en otro tiempo lo fueron algunos por San Pablo «si habían recibido el Espíritu Santo», contestarían a su vez: «Nosotros, ni siquiera hemos oído si existe el Espíritu Santo». Que si a tanto no llega la ignorancia, en una gran parte de ellos es muy escaso su conocimiento sobre El; tal vez hasta con frecuencia tienen su nombre en los labios, mientras su fe está llena de crasas tinieblas. Recuerden, pues, los predicadores y párrocos que les pertenece enseñar con diligencia y claramente al pueblo la doctrina católica sobre el Espíritu Santo, mas evitando las cuestiones arduas y sutiles y huyendo de la necia curiosidad que presume indagar los secretos todos de Dios. Cuiden recordar y explicar claramente los muchos y grandes beneficios que del Divino Dador nos vienen constantemente, de forma que sobre cosas tan altas desaparezca el error y la ignorancia, impropios de los hijos de la luz. Insistimos en esto no sólo por tratarse de un misterio, que directamente nos prepara para la vida eterna y que, por ello, es necesario creer firme y expresamente, sino también porque, cuanto más clara y plenamente se conoce el bien, más intensamente se le quiere y se le ama. Esto es lo que ahora queremos recomendaros: Debemos amar al Espíritu Santo, porque es Dios: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fortaleza. Y ha de ser amado, porque es el Amor sustancial eterno y primero, y no hay cosa más amable que el amor; y luego tanto más le debemos amar cuanto que nos ha llenado de inmensos beneficios que, si atestiguan la benevolencia del donante, exigen la gratitud del alma que los recibe. Amor este que tiene una doble utilidad, ciertamente no pequeña. Primeramente nos obliga a tener en esta vida un conocimiento cada día más claro del Espíritu Santo: El que ama, dice Santo Tomás, no se contenta con un conocimiento superficial del amado, sino que se esfuerza por conocer cada una de las cosas que le pertenecen intrínsecamente, y así entra en su interior, como del Espíritu Santo, que es amor de Dios, se dice que examina hasta lo profundo de Dios. En segundo lugar, que será mayor aún la abundancia de sus celestiales dones, pues como la frialdad hace cerrarse la mano del donante, el agradecimiento la hace ensancharse. Y cuídese bien de que dicho amor no se limite a áridas disquisiciones o a externos actos religiosos; porque debe ser operante, huyendo del pecado, que es especial ofensa contra el Espíritu Santo. Cuanto somos y tenemos, todo es don de la divina bondad que corresponde como propia al Espíritu Santo; luego el pecador le ofende al mismo tiempo que recibe sus beneficios, y abusa de sus dones para ofenderle, al mismo tiempo que, porque es bueno, se alza contra El multiplicando incesantes sus culpas."(Carta Encíclica "Divinum Illud Munus")
NOVENA AL ESPIRITU SANTO

Pidamos por una poderosa efusión del Espíritu Santo.
Cristo murió en la Cruz para que nosotros seamos transformados por el Espíritu en hijos de Dios, participando de su santidad. Pero debemos desearlo, pedirlo y disponernos a recibirlo. 

Rezar cada día de la novena:
Acto de consagración al Espíritu Santo diario:

Recibid ¡oh Espíritu Santo!, la consagración absoluta de todo mi ser, que os hago en este día para que os dignéis ser en adelante, en cada uno de los instantes de mi vida, en cada una de mis acciones, mi Director, mi Luz, mi Guía, mi Fuerza, y todo el amor de mi Corazón.

Me abandono sin reservas a vuestras divinas operaciones, y quiero ser siempre dócil a vuestras santas inspiraciones.

¡Oh Santo Espíritu! Dignaos formarme con María y en María, según el modelo de vuestro amado Jesús.

Gloria al Padre Creador. Gloria al Hijo Redentor. Gloria al Espíritu Santo Santificador. Amén.

Oración por los 7 dones del Espíritu Santo

Oh, Señor Jesucristo, que antes de ascender al cielo prometiste enviar al Espíritu Santo para completar tu obra en las almas de tus Apóstoles y discípulos, dígnate concederme el mismo Espíritu Santo para que Él perfeccione en mi alma la obra de tu gracia y de tu amor. Concédeme el Espíritu de Sabiduría para que pueda despreciar las cosas perecederas de este mundo y aspirar sólo a las cosas que son eternas, el Espíritu de Entendimiento para iluminar mi mente con la luz de tu divina verdad, el Espíritu de Consejo para que pueda siempre elegir el camino más seguro para agradar a Dios y ganar el Cielo, el Espíritu de Fortaleza para que pueda llevar mi cruz contigo y sobrellevar con coraje todos los obstáculos que se opongan a mi salvación, el Espíritu de Conocimiento para que pueda conocer a Dios y conocerme a mí mismo y crecer en la perfección de la ciencia de los santos, el Espíritu de Piedad para que pueda encontrar el servicio a Dios dulce y amable, y el Espíritu de Temor de Dios para que pueda ser lleno de reverencia amorosa hacia Dios y que tema en cualquier modo disgustarlo. Márcame, amado Señor, con la señal de tus verdaderos discípulos y anímame en todas las cosas con tu Espíritu. Amén.

PRIMER DÍA (viernes)

¡Espíritu Santo! ¡Señor de Luz! ¡Danos, desde tu clara altura celestial, tu puro radiante esplendor!

El Espíritu Santo
Sólo una cosa es importante: la salvación eterna. Por lo tanto, sólo una cosa hay que temer: el pecado. El pecado es el resultado de la ignorancia, debilidad e indiferencia. El Espíritu Santo es el Espíritu de Luz, de Fuerza y de Amor. Con sus siete dones ilumina la mente, fortalece la voluntad, e inflama el corazón con el amor de Dios. Para asegurarnos la salvación debemos invocar al Divino Espíritu diariamente, porque “el Espíritu viene en ayuda de nuestra flaqueza. Pues nosotros no sabemos cómo pedir para orar como conviene; mas el Espíritu mismo intercede por nosotros” (Rom 8,26).

Oración

Omnipotente y eterno Dios, que has condescendido para regenerarnos con el agua y el Espíritu Santo, y nos has dado el perdón de todos los pecados, permite enviar del cielo sobre nosotros los siete dones de tu Espíritu, el Espíritu de Sabiduría y de Entendimiento, el Espíritu de Consejo y de Fortaleza, el Espíritu de Conocimiento y de Piedad, y llénanos con el Espíritu del Santo Temor. Amén.

Padrenuestro y Avemaría, una vez. Gloria

SEGUNDO DÍA (Sábado)

¡Ven, Padre de los pobres. Ven, tesoros que sostienes. Ven, Luz de todo lo que vive!

El don del Temor

El don del Santo Temor de Dios nos llena con un soberano respeto por Dios, y nos hace que a nada temamos más que a ofenderlo por el pecado. Es un temor que se eleva, no desde el pensamiento del infierno, sino del sentimiento de reverencia y filial sumisión a nuestro Padre Celestial. Es el temor principio de sabiduría, que nos aparta de los placeres mundanos que podrían de algún modo separarnos de Dios. “Los que temen al Señor tienen corazón dispuesto, y en su presencia se humillan” (Ecl 2,17).

Oración

¡Ven, Oh bendito Espíritu de Santo Temor, penetra en lo más íntimo de mi corazón, que te tenga, mi Señor y Dios, ante mi rostro para siempre, ayúdame a huir de todas las cosas que te puedan ofender y hazme merecedor ante los ojos puros de tu Divina Majestad en el Cielo, donde Tú vives y reinas en unidad de la siempre Bendita Trinidad, Dios en el mundo que no tiene fin. Amén.

Padrenuestro y Avemaría, una vez. Gloria

TERCER DÍA (Domingo)

Tú, de todos los consoladores el mejor, visitando el corazón turbado, da la gracia de la placentera paz.

El don de Piedad

El don de Piedad suscita en nuestros corazones una filial afección por Dios como nuestro amorosísimo Padre. Nos inspira, por amor a Él, a amar y respetar a las personas y cosas a Él consagradas, así como aquellos que están envestidos con su autoridad, su Santísima Madre y los Santos, la Iglesia y su cabeza visible, nuestros padres y superiores, nuestro país y sus gobernantes. Quien está lleno del don de Piedad no encuentra la práctica de la religión como deber pesado sino como deleitante servicio. Donde hay amor no hay trabajo.

Oración

Ven, Oh Bendito Espíritu de Piedad, toma posesión de mi corazón. Enciende dentro mío tal amor por Dios que encuentre satisfacción sólo en su servicio, y por amor a Él me someta amorosamente a toda legítima autoridad. Amén.

Padrenuestro y Avemaría, una vez. Gloria

CUARTO DÍA (Lunes)

Tú, en la fatiga dulce alivio, refresco placentero en el calor, solaz en medio de la miseria.

El don de Fortaleza

Por el don de Fortaleza el alma se fortalece ante el miedo natural y soporta hasta el final el desempeño de una obligación. La fortaleza le imparte a la voluntad un impulso y energía que la mueve a llevar a cabo, sin dudarlo, las tareas más arduas, a enfrentar los peligros, a estar por encima del respeto humano, y a soportar sin quejarse el lento martirio de la tribulación aún de toda una vida. “El que persevere hasta el fin, ese se salvará”(Mt 24,13).

Oración

Ven, Oh Espíritu de Fortaleza, alza mi alma en tiempo de turbación y adversidad, sostiene mis esfuerzos de santidad, fortalece mi debilidad, dame valor contra todos los asaltos de mis enemigos, que nunca sea yo confundido y me separe de Ti, Oh mi Dios y mi máximo Bien. Amén

Padrenuestro y Avemaría, una vez. Gloria

QUINTO DÍA (Martes)

¡Luz inmortal! ¡Divina Luz! ¡Visita estos corazones tuyos y llena nuestro más íntimo ser!

El don del Conocimiento

El don del Conocimiento permite al alma darle a las cosas creadas su verdadero valor en su relación con Dios. El conocimiento desenmascara la simulación de las creaturas, revela su vacuidad y hace notar sus verdaderos propósitos como instrumentos al servicio de Dios. Nos muestra el cuidado amoroso de Dios aún en la adversidad, y nos lleva a glorificarlo en cada circunstancia de la vida. Guiados por su luz damos prioridad a las cosas que deben tenerla y apreciamos la amistad de Dios por encima de todo. “El conocimiento es fuente de vida para aquel que lo posee” (Prov 16,22).

Oración

Ven, Oh Bendito Espíritu de Conocimiento, y concédeme que pueda percibir la voluntad del Padre; muéstrame la nulidad de las cosas de la tierra, que tenga idea de su vanidad y las use sólo para tu gloria y mi propia salvación, siempre por encima de ellas mirándote a Ti y tus premios eternos. Amén.

Padrenuestro y Avemaría, una vez. Gloria

SEXTO DÍA (Miercoles)

Si tu apartas tu gracia, nada puro permanecerá en el hombre, todo lo que es bueno se volverá enfermo.

El don del Entendimiento

El Entendimiento, como don del Santo Espíritu, nos ayuda a aferrar el significado de las verdades de nuestra santa religión. Por la fe las conocemos, pero por el entendimiento aprendemos a apreciarlas y a apetecerlas. Nos permite penetrar el profundo significado de las verdades reveladas y, a través de ellas, avivar la novedad de la vida. Nuestra fe deja de ser estéril e inactiva e inspira un modo de vida que da elocuente testimonio de la fe que hay en nosotros. Comenzamos a “caminar dignos de Dios en todas las cosas complaciendo y creciendo en el conocimiento de Dios”.

Oración

Ven, Oh Espíritu de Entendimiento, e ilumina nuestras mentes, que podamos conocer y creer en todos los misterios de la salvación, y que por fin podamos merecer ver la eterna luz en la Luz, y en la luz de la gloria tener una clara visión de Ti y del Padre y del Hijo. Amén.

Padrenuestro y Avemaría, una vez. Gloria

SÉPTIMO DÍA (Jueves)

Sana nuestras heridas, renueva nuestra fuerza. En nuestra aridez derrama tu rocío. Lava las manchas de la culpa.

El don de Consejo

El don de Consejo dota al alma de prudencia sobrenatural, permitiéndole juzgar con prontitud y correctamente qué debe hacer, especialmente en circunstancias difíciles. El Consejo aplica los principios dados por el Conocimiento y el Entendimiento a los innumerables casos concretos que confrontamos en el curso de nuestras diarias obligaciones en tanto padres, docentes, servidores públicos y ciudadanos cristianos. El Consejo es sentido común sobrenatural, un tesoro invalorable en el tema de la salvación. “Y por encima de todo esto, suplica al Altísimo para que enderece tu camino en la verdad” (Ecl 37,15).

Oración

Ven, Oh Espíritu de Consejo, ayúdame y guíame en todos mis caminos para que siempre haga tu Santa Voluntad. Inclina mi corazón a aquello que es bueno, apártame de todo lo que es malo y dirígeme por el sendero recto de tus Mandamientos a la meta de la vida eterna que yo anhelo. Amén.

Padrenuestro y Avemaría, una vez. Gloria

OCTAVO DÍA (Viernes)

Dobla la voluntad y el corazón obstinado, funde lo que está helado, calienta lo que está frío. Guía los pasos que se han desviado!

El don de Sabiduría

Abarcando a todos los otros dones, como la caridad abraza a todas las otras virtudes, la Sabiduría es el más perfecto de los dones. De la Sabiduría está escrito: “todo lo bueno vino a mí con Ella, y riquezas innumerables me llegaron a través de sus manos”. Es el don de la Sabiduría el que fortalece nuestra fe, fortifica la esperanza, perfecciona la caridad y promueve la práctica de la virtud en el más alto grado. La Sabiduría ilumina la mente para discernir y apreciar las cosas de Dios, ante las cuales los gozos de la tierra pierden su sabor, mientras la Cruz de Cristo produce una divina dulzura, de acuerdo a las palabras del Salvador: “Toma tu cruz y sígueme, porque mi yugo es dulce y mi carga ligera”.

Oración

Ven, Oh Espíritu de Sabiduría y revela a mi alma los misterios de las cosas celestiales, su enorme grandeza, poder y belleza. Enséñame a amarlas sobre todo y por encima de todos los gozos pasajeros y las satisfacciones de la tierra. Ayúdame a conseguirlas y a poseerlas para siempre. Amén.

Padrenuestro y Avemaría, una vez. Gloria

NOVENO DÍA (Sábado)

Tú, en aquellos que siempre más te confiesan y te adoran, en tus siete dones, desciende. Dales alivio en la muerte. Dales vida Contigo en las alturas. Dale los gozos que no tienen fin. Amén.

Los frutos del Espíritu Santo

Los dones del Espíritu Santo perfeccionan las virtudes sobrenaturales al permitirnos practicarlas con mayor docilidad a la divina inspiración. A medida que crecemos en el conocimiento y en el amor de Dios, bajo la dirección del Santo Espíritu, nuestro servicio se torna más sincero y generoso y la práctica de las virtudes más perfecta. Tales actos de virtudes dejan el corazón lleno de alegría y consolación y son conocidos como frutos del Espíritu Santo. Estos frutos, a su vez, hacen la práctica de las virtudes más activa y se vuelven un poderoso incentivo para esfuerzos aún mayores en el servicio de Dios.

Oración

Ven, Oh Divino Espíritu, llena mi corazón con tus frutos celestiales: caridad, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza. Que nunca esté yo cansado en el servicio de Dios sino que, por continua y fiel sumisión a tu inspiración, merezca estar eternamente unido Contigo, en el amor del Padre y del Hijo. Amén.

Padrenuestro y Avemaría, una vez. Gloria 

 

ORACION POR LOS SIENTE DONES DEL ESPÍRITU

Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos la llama de tu amor. Oh, Dios, que con la luz del Espíritu Santo iluminas los corazones de tus fieles, concédenos que guiados por el mismo Espíritu, disfrutemos de lo que es recto y nos gocemos con su consuelo celestial.

1
Ven, Espíritu Santo, por tu don Sabiduría, concédenos la gracia de apreciar y estimar los bienes del cielo y muéstranos los medios para alcanzarlos. Gloria

2
Ven, Espíritu Santo, por tu don de Entendimiento, ilumina nuestras mentes respecto a los misterios de la salvación, para que podamos comprenderlos perfectamente y abrazarlos con fervor. Gloria

3
Ven, Espíritu Santo, por tu don de Consejo, inclina nuestros corazones a actuar con rectitud y justicia para beneficio de nosotros mismos y de nuestros semejantes. Gloria

4
Ven, Espíritu Santo, por tu don de Fortaleza, fortalécenos con tu gracia contra los enemigos de nuestra alma, para que podamos obtener la corona de la victoria. Gloria

5
Ven, Espíritu Santo, por tu don de Ciencia, enséñanos a vivir entre las cosas terrenos para así no perder las eternas. Gloria

6
Ven, Espíritu Santo, por tu don de Piedad, inspíranos a vivir sobria, justa, y piadosamente en esta vida, para alcanzar el cielo en la otra vida. Gloria.

7
Ven, Espíritu Santo, por tu don de Temor de Dios, hiere nuestros cuerpos con tu temor para así trabajar por la salvación de nuestras almas. Gloria

Oración.
Oh Dios, que has unido las naciones en la confesión de tu nombre, concédenos que los que han renacido por el agua del bautismo, tengan la misma fe en sus corazones y la misma piedad en sus acciones.

Oh Dios, que enviaste el Espíritu Santo a los apóstoles, oye las oraciones de tus fieles para que gocen de la verdadera paz, quienes por tu gracia, han recibido el don de la verdadera fe. Te suplicamos, oh Dios, que tu Santo Espíritu encienda en nuestros corazones esa llama que Cristo trajo a la tierra y deseó ardientemente fuera encendida.

Inflama, oh Señor, nuestros corazones con el fuego del Espíritu Santo, para que te sirvamos castos de cuerpo y limpios de corazón. Enriquece, Señor, nuestros corazones derramando con plenitud tu Santo Espíritu por cuya sabiduría fuimos creados y por cuya providencia somos gobernados.

Te suplicamos, oh Dios Todopoderoso y Eterno, que tu Santo Espíritu nos defienda y habite en nuestras almas, para que al fin, seamos los templos de su gloria.

Te pedimos, Señor, que según la promesa de tu Hijo, el Espíritu Santo nos lleve al conocimiento pleno de toda la verdad revelada. Por Cristo Nuestro Señor. Amén.

Tags: espiritu, santo

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14 Mayo 2012

LA FE

LA FE

COMO ES TU FE?
CREES DE VERDAD?
VIVES DE TI O DE TU FE EN DIOS?
TU FE ES FIRME O DEPENDE DE LOS ACONTECIMIENTOS DIARIOS?

"Todos y cada uno están obligados a manifestar públicamente su fe, ya  
sea para instruir y confirmar a los demás fieles, ya sea para reprimir  
la audacia de los infieles.

"Retirarse ante el enemigo o callar cuando por todas partes se levanta  
un incesante clamoreo para oprimir la Verdad, es actitud propia o de  
hombres cobardes o de hombres inseguros de la supuesta verdad que  
profesan. En ambos casos esta conducta es en sí misma vergonzosa y  
además, injusta a Dios.

"El Cristiano ha nacido para la lucha, y cuanto más encarnizada es la  
lucha, tanto más segura es la victoria con el auxilio de Dios...''.
Papa León XIII

“He aquí que aquel cuya alma no es recta, se enorgullece; mas el  
justo por su fe vivirá”. Habacuc 2:4.
Has estado últimamente luchando con Dios tratando de comprender
sus caminos? ¿Te ha sido difícil penetrar en la voluntad de Dios para  
tu vida? Ciertamente, no siempre es fácil aceptar lo que él ha  
dispuesto para nuestra vida.
El Profeta Habacuc fue un hombre cuya vida se centró en esa lucha. Su  
nombre significa para algunos “abrazador” o “abrazo”, pero para  
otros significa “luchador”. Me inclino por el segundo, porque, al  
observar su libro, puedo ver a un  hombre que ha tenido que luchar con  
Dios, quizás abrazándose a Él sin soltarlo en ocasiones, tratando de  
entrar en ese mar desconocido llamado la voluntad de Dios.

El problema de Habacuc era tratar de entender los caminos de Dios y la  
justicia Divina. Habacuc llega a cuestionar a Dios por lo que pasa a  
su alrededor y  demanda una respuesta por parte de Dios.

¡Cuán comprensivo es Dios con la pequeñez del ser humano! Dios le  
explica pacientemente al profeta que su problema  y el mío no es  
juzgar a Dios y evaluarlo para ver si lo que hace esta bien o es  
justo. El gran problema del  VIVIRA POR SU FE

porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe,  
como está escrito: “Mas el justo por la fe vivirá”. Romanos 1:17

¿Por qué confias en Dios? ¿Porque es Dios, porque te ha dado  
bendiciones? ¿Qué es entonces fe?

Casi siempre, cuando se habla de fe, el ser humano se refiere a  
situaciones en las que Dios le dio algo. Y puede que haya razón para  
esa asociación, pero la fe va más allá.

Fe es más que un concepto, una definición o una oración aprendida.  
Sonrío cada vez que recuerdo la anécdota aquella en la que un  
párroco convocó a su comunidad rural a orar fervientemente por  
lluvia, pues sus siembras estaban a punto de perderse y no tenían casi  
agua  ni alimento. Todos los días muy temprano él les preguntaba si  
creían de verdad que Dios les enviaría agua del cielo,

-¡sí, claro que sí! –decían todos a coro.

Uno de aquellos días de intensa sequía, el párroco les volvió a  
hacer la misma pregunta.

-¿Creen de verdad que Dios les enviará agua del cielo?

-¡sí, claro que sí! –gritaron.

Entonces les preguntó él:

-¿Por qué  no trajeron sus paraguas?

Fe es ir adelante, ponerse en marcha, empezar a actuar como si las  
cosas ya hubieran ocurrido; sin presunción, pero con la firme  
convicción de que todo lo prometido ocurrirá. Fe es ver lo que no  
ves, esperar lo que no está. Fe es mirar a Dios. Es esperar la lluvia  
aunque no haya nubes, ni frio, pero con paraguas abiertos.

Con perfecta justificación, el profeta escribió lo que Dios le dijo,  
la
unica manera por la que el justo puede vivir es por la fe. No por  
hechos, no por los sentimientos, no por la lógica, sino todo lo  
contrario: por lo que parece ilógico, irracional, imposible para el  
hombre. Ahí es donde esta la fe en Dios.

¿Cómo está tu fe en Dios? ¿Depende de la lógica? ¿depende de tus  
fuerzas y esfuerzos? O, ¿estás imposibilitado como ser humano y eres  
consciente de que solo él podrá hacer lo imposible?

Abre el paragua aunque el sol siga brillando y tengas calor. Ya se  
acercan las lluvias.

Imagino a Dios diciéndole: “Mira, Habacuc, mi luchador. Has estado  
agonizante queriendo entender mis caminos. Eso esta muy bien. Lo que  
aquí realmente importa es que el justo, el que me
ha aceptado como su Dios, se aferre a mí por fe mas allá de las  
bendiciones o las cosas buenas que puedan ocurrir en su vida. Solo así  
la fe del hombre puede crecer pues confiara que si esta dentro de la  
voluntad de Dios, todo estará bien”.

¿Y que pasa ahora contigo y conmigo? ¿Quieres luchar para entender  
qué es lo que tiene Dios dispuesto para ti y para mí? ¿O quieres  
seguir perdiendo el tiempo cuestionando si Dios ha hecho lo correcto  
contigo o con el mundo?  Aférrate a él. No a lo que Dios pueda darte  
o quitarte.
Lucha por estar en el centro de su voluntad. Amado Señor, ayudarnos a  
aferrarnos a ti, no a lo que puedas quitarnos o darnos.

Cuando te arriesgues a vivir una FE verdadera en Dios, no a tu manera  
si no a su voluntad serás capas de dar la vida por el.

Los llamados cristianos modernos piensan que tener fe es solo creer en  
Dios pero sin compromisos con el., Por eso no se nota una fe  
autentica. Estoy seguro que si se desatara una persecución contra la  
Iglesia la mayoría de los llamados Cristianos saldrían corriendo por  
que su fe es tan débil que no soportan nada por Dios.

Fe no es lo que a mi me parece, fe no son mis ideas, fe no son mis  
deseos, fe no es lo que a mi me parece. Fe el creer en un Dios  
verdadero, amorosamente radical que da todo y lo exige todo.

Revisa como es tu fe antes que llegue el tiempo de estar con el Dueño  
y señor de la vida.

Esto es la fe:"Si quieres venir en pos de mí, niégate a ti mismo,  
toma tu cruz y sígueme" Mt 16, 24.

Fe es tomar la Cruz y seguir a Jesus.
¿Qué significa hoy "tomar la cruz" y seguir a Jesús? Ver que el  
camino del cristiano, igual al camino de Jesús, también es un camino  
de pasión, muerte y resurrección. Pero no olvidemos que antes de  
llamarnos a esa opción él nos aconseja: "Niégate a ti mismo". El  
cristianismo es costoso, el Evangelio es claro. Querer ser fiel y  
vivir un cristianismo de supermercado es una contradicción. El  
seguimiento de Cristo es para tomarlo en serio, sin componendas, sin  
pretender acoplarlo a los caprichos personales por muy atrayentes que  
puedan ser.

El cristianismo, tal y como el Evangelio lo demuestra, es para  
personas que buscan ser coherentes. No podemos creer en Dios a nuestra  
manera, ya que es la única manera que Dios no quiere que creamos en  
él. Nuestros actos conllevan una responsabilidad a los ojos de Dios.  
Hay que tomar la cruz.

No pensemos que por quitarnos la cruz con algún método, el  
cristianismo será más fácil. Es una mentira. El cristianismo sin  
cruz no existe. Aceptar la cruz que me corresponde, pero colocando  
nombre y apellidos, no una cruz idealista, sino la propia.

O eres un cristiano radical o eres un hasmereir del demonio.

Cuestionate oh Cristiano como es tu fe no sea que te llegue la hora y  
no hayas atesorado en la verdadera fe para llegar al cielo.

Estas citas te ayudaran a orar y reflexionar sobre tu fe

1. Para Dios todo es posible, Mateo 19:26.
2. Puestos los ojos en Jesucristo, Hebreos 12:2.
3. Amistad con Él, Job 22:21.
4. Dando culto solo a Dios, Romanos 1:25.
5. Conoce a los que en Él confían, Nah. 1:7; Heb. 11:6.
6. Ama la justicia, Salmo 33:5.
7. Nos colma de beneficios, Salmo 68:19.
8. Las buenas obras son los frutos de la fe, Sant. 2:17.
9. Buscad el bien, Amós 5:14; Miq. 6:8; 3 Juan 1:11.
10. Y le dio Dios lo que le pidió, 1 Crónicas 4:9, 10.
11. Dios da la victoria a David sobre Goliat, 1 Samuel 17:46.
12. Dios endereza tus pasos, Proverbios 16:9.
13. Haz tus peticiones delante de Dios, Fil. 4:6.
14. Ve a la luz de Dios y Su Palabra, Juan 3:20, 21.
15. Pedid y recibiréis, Mateo 21:22; Isa. 7:10-13.
16. Que tu deleite sea Dios, Salmo 37:4.
17. Porque no pedís, Santiago 4:2, 3.
18. Andar en luz, 1 Juan 1:7.
19. No dudes, Marcos 11:23.
20. Dispón tu corazón a entender, Dan. 10:12; Romanos capítulo 8;  
Efesios 5:17.
21. Haz la voluntad de Dios, Juan 7:17; Jere. 29:11.
22. No os conforméis a este mundo, Romanos 12:2.
23. Todo para la gloria de Dios, 1 Cor. 10:31.
24. Reconcíliate con tu hermano, Mateo 5:23, 24.
25. Dios produce en nosotros por Su buena voluntad, Filipenses 2:13.
26. Pedid y se os dará, Lucas 11:9.
27. Escucha los consejos, Proverbios 24:6.
28. Confía en Yavé, Proverbios 3:5.
29. La paz de Dios, Colosenses 3:15.
30. Prosigue a la meta, Filipenses 3:13, 14.
31. Dad y se os dará, Lucas 6:38; 1 Cor. 16:2.
32. Dad de gracia, Mateo 10:8; 2 Cor. 9:7.
33. Y serán llenos tus graneros, Pro. 3:9, 10.
34. Acuérdate del Señor, Deut. 8:18.
35. No os hagáis tesoros, Mateo 6:19-21.
36. El Señor llenará tu boca, Salmo 81:10.
37. No seáis perezosos, Hebreos 6:12.
38. Espera al Señor, Habacuc 2:3.
39. Fortalecidos con todo poder, Col. 1:11.
40. Gozo en medio de la prueba, Sant. 1:2-8.
41. Poderoso para hacer lo que había prometido, Romanos 4:20, 21;  
Números 23:19.
42. Sabiendo las Escrituras y el poder de Dios, Mateo 22:29.
43. Herencia con los santificados, Hechos 20:32.
44. Por fe, Hebreos 11:11.
45. Dios no te dejará, Salmo 27:10.
46. Nos guía a toda la verdad, Juan 16:13.
47. No seáis desleales, Malaquías 2:15, 16.
48. Los que aman a Dios, Rom. 8:28; Deut. 6:5.
49. Yo estoy contigo, Isaías 41:10.
50. El que en Mi cree, Juan 14:12-14.
51. Recibiréis poder, Hechos 1:8.
52. Andar por fe, 2 Corintios 5:7.
53. Probadme en esto, Malaquías 3:10.
54. Sobre mucho te pondré, Mateo 25:21.
55. Deléitate en Su Palabra, Salmo 112:1-4.
56. El puro de corazón, Salmo 24:3-6.
57. No temáis, Mateo 10:29-31.
58. Espera en Su misericordia, Salmo 33:18, 19.
59. Orad sin cesar, 1 Tesalonicenses 5:17-2
60. Para Dios nada hay imposible. Lc 1,27.

Maria Reina de los corazones, ejemplo de Fe Santa conceda las  
bendiciones del Padre, del Hijo y del Espiritu Santo. Amen.

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2 Mayo 2012

PROFESIAS DE LA BEATA ANA CATALINA EMMERICH. PARTE III

LA GLORIA CREPUSCULAR DE LA IGLESIA

 
LA RECONSTRUCCIÓN DE LA IGLESIA

Entonces vi reconstruir la Iglesia muy rápidamente y con más magnificencia que nunca. (AA.III.114)

Vi una mujer llena de majestad avanzar en la gran plaza que está ante la Iglesia. Ella mantenía su amplio manto sobre los dos brazos y se elevaba suavemente en el aire. Se posó sobre el domo y extendió sobre toda la extensión de la Iglesia su manto que parecía irradiar oro. Los demoledores se habían tomado un momento de reposo, pero, cuando quisieron volver al trabajo, les fue absolutamente imposible acercarse al espacio cubierto por el manto. (AA.II.204)

Después vi, a lo lejos, acercarse grandes cohortes, ordenadas en círculo alrededor de la iglesia, unas sobre la tierra, otras en el cielo. La primera se componía de hombres y mujeres jóvenes, la segunda de personas casadas de toda condición entre los cuales reyes y reinas, la tercera de religiosos, la cuarta de gentes de guerra. Ante ellos vi a un hombre montado sobre un caballo blanco. La última tropa estaba compuesta de burgueses y de paisanos de los cuales muchos estaban marcados en la frente con una cruz roja. (AA.III.113)

Vi la iglesia de San Pedro: estaba desnuda, con excepción del coro y del altar mayor. Después vinieron de todas partes del mundo sacerdotes y laicos que rehicieron los muros de piedra. (AA.III.118)

Mientras se acercaban, cautivos y oprimidos fueron liberados y se unieron a ellos. (AA.III.114)

Todos los demoledores y los conjurados fueron expulsados de todas partes y fueron, sin saber como, reunidos en una única masa confusa y cubierta de una bruma. Ellos no sabía ni lo que habían hecho, ni lo que debían hacer, y corrían, dándose cabezazos unos contra otros. Cuando fueron todos reunidos en una sola masa, los vi abandonar su trabajo de demolición de la iglesia y perderse en los diversos grupos. (AA.III.114)

Entonces vi rehacer la Iglesia muy rápidamente y con más magnificencia que nunca: porque las personas de todas las cohortes se hacían pasar las piedras de un extremo del mundo al otro. Cuando los grupos más alejados se acercaban, el que estaba más cerca del centro se retiraba tras los otros. Era como si ellos representasen diversos trabajos de la oración y el grupo de soldados las obras de la guerra. Vi en este a amigos y enemigos pertenecientes a todas las naciones. Eran simplemente gentes de guerra como los nuestros (como los soldados de su tiempo) y vestidos igual (con uniformes).

El círculo que formaban no estaba cerrado, pero había hacia el norte un gran intervalo vacío y sombrío: era como un agujero, como un precipicio. Tuve el sentimiento de que había allí una tierra cubierta de tinieblas. (AA.III.114)

Vi también a una parte de este grupo permanecer atrás: no querían ir hacia delante y todos tenían un aspecto sombrío y permanecían juntos unos contra otros. En todos estos grupos, vi muchas personas que debían sufrir el martirio por Jesús: había todavía ahí muchos malvados y otra separación tendría que suceder más adelante...

Sin embargo vi a la iglesia completamente restaurada; por encima de ella, sobre una montaña, el Cordero de Dios rodeado de un grupo de vírgenes con palmas en las manos, y también los cinco círculos formados por las cohortes celestiales correspondientes a aquellos de aquí abajo que pertenecen a la tierra. (AA.III.113-115)

 
LA GUERRA ESPIRITUAL

Vi grandes tropas viviendo de varios países dirigirse hacia un punto y combates que se libraban por todas partes. Vi en medio de ellos una gran mancha negra, como un enorme agujero; aquellos que combatían alrededor eran cada vez menos numerosos, como si muchos cayeran sin que se dieran cuenta.

Durante ese tiempo, vi todavía en medio de los desastres a los doce hombres, de los que ya he hablado, dispersados en diversos lugares sin saber nada los unos de los otros, recibir rayos del agua viva. Vi que todos hacían el mismo trabajo en diversos lados; que ellos no sabían de donde se les había pedido hacerlo y que cuando una cosa se había hecho, otra se les daba para hacer. Eran siempre doce de los cuales ninguno tenía más de cuarenta años... vi que todos recibían de Dios lo que se había perdido y que operaban el bien por todos lados; eran todos católicos. Vi también, en los tenebrosos destructores, falsos profetas y gentes que trabajaban contra los escritos de los doce nuevos apóstoles.

Como las fuerzas de los que combatían alrededor del abismo tenebroso se iban debilitando cada vez más, y como durante el combate toda una ciudad había desaparecido, los doce hombres apostólicos ganaban sin cesar un gran número de adherentes, y de la otra ciudad (Roma) partía como un cono luminoso que entraba en el círculo sombrío. (AA.III.159)

LAS DOS CIUDADES

Vi en dos esferas opuestas, al imperio de Satán y al imperio del Salvador. Vi la ciudad de Satán y una mujer, la prostituta de Babilonia, con sus profetas y sus profetisas, sus taumaturgos y sus apóstoles. Ahí todo era rico, brillante, magnifico, comparado con el imperio del Salvador. Vi allí a reyes, emperadores, sacerdotes magníficamente vestidos y subidos en carrozas; Satán tenía un trono magnífico.

Al mismo tiempo vi el imperio del Salvador, pobre y a penas visible sobre la tierra, sumergido en el luto y la desolación. La Iglesia me fue presentada a la vez bajo los rasgos de la Virgen y bajo los del Salvador en la cruz, cuyo costado entreabierto parecía indicar al pecador el asilo de la gracia. (BB.IV.168)

 
MARÍA, PROTECTORA DE LA IGLESIA

Vi por encima de la iglesia (San Pedro de Roma) muy disminuida, una mujer majestuosamente vestida con un manto azul cielo que se situaba a lo lejos, portando una corona de estrellas sobre la cabeza. (AA.III.160)

Vi una especie de gran manto que iba ampliándose constantemente y que acabó por abrazar todo un mundo con sus habitantes. Al mismo tiempo este símbolo fue para mi una imagen del tiempo presente, y vi a sacerdotes hacer agujeros en ese manto para mirar a través de él. (BB.III.344)

Vi en una gran ciudad una iglesia que era la mas pequeña, llegar a ser la primera. (AA.III.160)

Los nuevos apóstoles se reunieron todos en la luz. Creo haberme visto entre los primeros con otro que yo conocía. (AA.III.160)

Ahora todo volvía a florecer. Vi un nuevo Papa, muy firme; vi también el negro abismo retraerse cada vez más: al final llegó un momento que un cubo de agua podía cubrir la abertura.

En último lugar vi todavía tres grupos o tres reuniones de hombres unirse a la luz. Tenían entre ellos personas iluminadas, y entraron en la iglesia.

Las aguas abundaban por todas partes: todo era verde y florido. Vi construir iglesias y conventos. (AA.III.161)

Vi también que la ayuda llegaba en el momento de más desolación.

Vi de nuevo a la Santa Virgen subir a la iglesia y extender su manto. Cuando tuve esta última visión, no vi al Papa actual. Vi uno de sus sucesores. Le vi a la vez suave y severo. El sabía atraerse a los buenos sacerdotes y expulsar a los malos.

Vi todo renovarse y una iglesia que se elevaba hasta el cielo. (AA.III.103)

 
EL COMBATE DE SAN MIGUEL

Ya toda la parte anterior de la iglesia se había derrumbado: no quedaba de pié más que el santuario con el Santísimo Sacramento. Estaba yo derrumbada de tristeza y me preguntaba donde estaba ese hombre que había visto otras veces sobre la iglesia para defenderla, llevando una vestimenta roja y un estandarte blanco. (AA.II.203)

Vi de nuevo la iglesia de San Pedro con su alta cúpula. San Miguel se mantenía en lo alto, brillante de luz, llevando una vestimenta roja de sangre y sosteniendo en la mano un gran estandarte de guerra.

Sobre la tierra había un gran combate. Los verdes y los azules combatían contra los blancos, y estos blancos que tenían por encima de ellos una espada roja y llameante, parecían estar derrotados: pero todos ignoraban por que combatían. (AA.II.205)

La Iglesia estaba completamente roja de sangre como el ángel, y se me dijo que ella sería lavada en la sangre.

Cuanto más duraba el combate, más el color sangrante se borraba de la iglesia y se volvió cada vez más transparente. Sin embargo el ángel descendió, fue hacia los blancos y le vi varias veces al frente de todas sus cohortes. Entonces fueron animados de un coraje maravilloso sin que ellos supieran de donde venía eso; era el ángel que multiplicaba sus golpes entre los enemigos, los cuales huían por todos lados. La espada de fuego que estaba por encima de los blancos victorioso desapareció entonces.

Durante el combate, las tropas de enemigos pasaban continuamente a su lado y una vez vino una muy numerosa.

Por encima del campo de batalla, tropas de santos aparecieron en el aire: mostraron, indicaban lo que había que hacer, hacían signos con las mano: todos eran diferentes entre ellos, pero inspirados de un mismo espíritu y actuando en un mismo espíritu.

Cuando el ángel descendió de lo alto de la iglesia, vi por encima de él en el cielo una gran cruz luminosa a la cual el Salvador estaba ligado; de sus cicatrices surgían haces de rayos resplandecientes que se extendían sobre el mundo. Las cicatrices eran rojas y semejantes a puertas brillantes cuyo centro era del color del sol. No llevaba corona de espinas, sino que de todas las heridas de la cabeza surgían rayos que se dirigían horizontalmente sobre el mundo. Los rayos de sus manos, del costado y de los pies tenían los colores del arco iris; se dividían en líneas muy menudas, a veces también se reunían y alcanzaban de esa manera a pueblos, ciudades, casas sobre toda la superficie del globo. Los vi por un lado y por otro, a veces lejos, a veces cerca, caer sobre diversos moribundos y aspirar las almas que, entrando en uno de estos rayos coloreados, penetraban en la llaga del Señor. Los rayos de la herida del costado se repartían sobre la iglesia situada por encima, como una corriente abundante y muy amplia. La iglesia estaba toda iluminada, y vi la mayor parte de las almas entrar en el Señor por esta corriente de rayos.(AA.II.205)

Vi también planear sobre la superficie del cielo un corazón brillando con una luz roja, del cual partía una vía de rayos blancos que conducían a la llaga del costado...

... y otra vía que se extendía sobre la Iglesia y sobre muchos países...

... estos rayos atraían hacia ellos un gran número de almas que, por el corazón y la vía luminosa, entraban en el costado de Jesús. Se me dijo que el corazón era María. (AA.II.205)

Tuve entonces la visión de una inmensa batalla. Toda la planicie estaba cubierta de una gran humo: había bosquecillos llenos de soldados de donde surgían continuamente. Era un lugar bajo: se veían grandes ciudades en la lejanía. Vi a san Miguel descender con una numerosa tropa de ángeles y separar a los combatientes. Pero esto no llegará más que cuando todo parezca perdido. Un jefe invocará a san Miguel y entonces la victoria descenderá.

Ella ignoraba la época de esta batalla. Dijo una vez que eso ocurriría en Italia, no lejos de Roma donde muchas cosas antiguas serían destruidas y donde muchas santas cosas nuevas (es decir desconocidas hasta entonces) reaparecerían un día. (AA.III.24)

San Miguel descendió en la iglesia (demolida con excepción del coro y del altar mayor) revestido con su armadura, y detuvo, amenazándoles con su espada, a varios malos pastores que querían penetrar allí. Los expulsó a un rincón oscuro donde se sentaron, mirándose unos a otros. La parte de la Iglesia que estaba demolida fue enseguida rodeada de una ligera claridad, de manera que se pudo celebrar perfectamente el servicio divino. Después vinieron de todas partes del mundo sacerdotes y laicos, que rehicieron los muros de piedra, ya que los demoledores no habían podido quitar las fuertes piedras de los cimientos. (AA.III.118)

  
LA MUJER FUERTE

Vi a la hija del rey de reyes atacada y perseguida. Lloraba mucho por toda la sangre que se iba a verter y pasaba su vista sobre una tribu de vírgenes fuertes que debían combatir a su lado. Tuve mucho que hacer con Ella y le supliqué que pensara en mi país y en ciertos lugares que le recomendé. Pedí para los sacerdotes algo de sus tesoros, Ella me respondió: «Sí, tengo grandes tesoros, pero son pisoteados». Ella llevaba una vestimenta azul cielo. (AA.III.181)

Allí arriba, recibí de mi conductor una nueva exhortación a orar yo misma y a animar a todo el mundo, todo lo posible, a orar por los pecadores y en particular por los sacerdotes desviados. Muy malos tiempos van a venir, me dijo él. (AA.III.182)

Los no católicos seducirán a muchas personas y buscarán por todos los medios imaginables quitarle todo a la Iglesia. Seguirá de ello una gran confusión (AA.III.182)

Tuve otra visión donde vi como se preparaba la armada de la hija del rey. Una multitud de personas contribuían a ello. Y lo que ellas aportaban consistía en oraciones, en buenas obras, en victorias sobre sí mismas y en trabajos de toda especie. Todo esto iba de mano en mano hasta el cielo y all, cada cosa, tras haber pasado por un trabajo particular, llegaba a ser una pieza de la armadura de la que se revestía la Virgen. No se podía dejar de admirar hasta qué punto todo se ajustaba bien y era impresionante ver como cada cosa significaba otra. La Virgen fue armada de la cabeza a los pies. Reconocí varias de las personas que daban su ayuda y vi con sorpresa que establecimientos enteros y grandes y sabios personajes no proveían nada, mientras que las piezas importantes de la armadura provenían de gentes pobres y de pequeña condición. (AA.III.182)

Vi la batalla. Los enemigos eran infinitamente más numerosos; pero la pequeña tropa fiel abatía a filas enteras. Durante el combate la Virgen armada estaba sobre una colina: yo corrí hacia Ella y le recomendé mi patria y los lugares por los cuales yo rezaba. Su armadura tenía algo de extraño: todo tenía un significado: llevaba un casco, un escudo y una coraza. En cuanto a las gentes que combatían, se asemejaban a los soldados actuales. Era una guerra terrible: al final no quedó más que una pequeña tropa de líderes de la buena causa, los cuales tuvieron la victoria. (AA.III.182)

LA PURIFICACIÓN

La incredulidad de la época (en la que vivía Ana Catalina) está en su plenitud: habrá todavía una confusión increíble; pero después de la tormenta la fe se restablecerá. (AA.II.132)

Sin embargo, del otro lado, aquellos que restauraban se pusieron a trabajar con una increíble actividad. Vinieron hombres de mucha edad, impotentes, olvidados, después muchos jóvenes fuertes y vigorosos, mujeres, niños, eclesiásticos y seglares y el edificio fue muy pronto restaurado enteramente. (AA.II.204)

Vi entonces a un nuevo Papa venir con una procesión. Era más joven y mucho más severo que el precedente. Se le recibió con una gran pompa. Parecía listo para consagrar a la iglesia (San Pedro de Roma) pero oí una voz diciendo que una nueva consagración no era necesaria, que el Santísimo Sacramento había permanecido siempre allí. (AA.II.204)

Debían entonces celebrarse muy solemnemente una doble fiesta: un jubileo universal y la restauración de la iglesia. El Papa, antes de comenzar la fiesta, había ya dispuesto a sus gentes que echaron fuera de la asamblea de los fieles, sin encontrar ninguna oposición, una muchedumbre de miembros del alto y bajo clero. (AA.II.204)

Vi que ellos dejaron la asamblea murmurando y llenos de cólera. El Papa tomó a su servicio otras personas, eclesiásticas e incluso laicas. Entonces comenzó la gran solemnidad en la iglesia de San Pedro. (AA.II.204)

Los hombres del delantal blanco continuaban trabajando en su obra de demolición sin ruido y con cuidado, cuando los otros no les veían: eran cuidadosos y estaban al acecho. (AA.II.204-205)

En la fiesta de la Purificación, en 1822, ella contó lo que sigue:

He visto, estos días, cosas maravillosas en torno a la Iglesia. La iglesia de San Pedro estaba casi enteramente destruida por la secta: pero los trabajos de la secta fueron también destruidos y todo lo que les pertenecía, sus delantales y sus pertrechos fueron quemados por el verdugo en una plaza marcada de infamia. Era solamente cuero de caballo y la hediondez era tan grande que me puso enferma.

He visto en esta visión a la Madre de Dios trabajar de tal manera para la Iglesia que mi devoción hacia Ella todavía se incrementó más. (AA.III.115)

 
LA CASA NUPCIAL

El Esposo celebra su boda, es decir su indisoluble unión con la Iglesia, como renovándose constantemente, y para presentarla a Dios el Padre puro y sin mancha en todos sus miembros, Él vierte incesantemente torrentes de gracia. Pero cada uno de estos dones debe ser tenido en cuenta y entre aquellos que los reciben, un pequeño número solamente podría encontrarse en regla para esta rendición de cuentas, si el Esposo de la Iglesia no preparase en todas las épocas instrumentos que recojan lo que otros dejan perder, que hacen valer los talentos que otros rechazan, que paguen las deudas contraídas por otros.

Antes de haberse manifestado en carne en la plenitud de los tiempos para concluir en su Sangre el nuevo matrimonio, Él había, por el misterio de la Inmaculada Concepción, preparado a María para ser el tipo primordial y eternamente inmaculado de la Iglesia. (AA.II.247)

Hace veinte años ahora que mi novio me condujo a la casa nupcial y me puso sobre el áspero lecho de novia en el cual estoy todavía yaciendo. (AA.I.246)

Me encontraba en la Casa Nupcial y vi un ruidoso cortejo matrimonial llegar en varias carrozas. La novia, que tenía cerca de ella muchos hombres y mujeres, era una persona de gran talla, con aspecto descarado y con una apariencia de cortesana.

Tenía sobre la cabeza una corona, en el pecho muchas joyas, tres cadenas y tres broches de oropel de los que estaban suspendidos una cantidad de instrumentos, de figuras representando cangrejos de río, ranas, sapos, saltamontes, y también pequeños cuernos, anillos, silbatos, etc. Su vestimenta era escarlata. Sobre su hombro se agitaba un búho, que le hablaba a la oreja, tanto a la derecha, tanto a la izquierda: parecía ser su espíritu familiar.

Esta mujer, con toda su corte y numerosos equipajes, entró pomposamente en la casa nupcial y expulsó a todos los que allí estaban. Los viejos señores y eclesiásticos tuvieron a penas tiempo de recoger sus libros y sus papeles, todos fueron obligados a salir, unos llenos de horror, otros llenos de simpatía hacia la cortesana. Unos fueron a la iglesia, otros en diversas direcciones, marchando en grupo separados.

Ella dio la vuelta a todo lo que había en la casa, hasta la mesa y los vasos que estaban encima.

Tan solo la habitación donde estaban los hábitos de la novia y la sala que yo vi transformarse en una iglesia consagrada a la Madre de Dios permanecieron firmes e intactas.

Cosa remarcable, la cortesana, todos sus pertrechos y sus libros brillaban lustrosos, y ella tenía el olor infecto de ese escarabajo brillante que huele tan mal. Las mujeres que la rodeaban eran profetisas magnéticas: ellas profetizaban y la sostenían.

Pero esta innoble novia quería casarse y, lo que es más, con un joven sacerdote piadoso e iluminado. Creo que era uno de los doce que veo a menudo operar obras importantes bajo la influencia del Espíritu Santo. El había huido de la casa ante esta mujer. Ella le hizo volver dirigiéndole las palabras más aduladoras.

Cuando él llegó, ella le mostró todo y quería poner todo en sus manos. El se detuvo algún tiempo: pero como ella se mostraba con él presionante y sin discreción, y que ella empleaba todos los medios imaginables para llevarlo a tomarla como mujer, él tomo un aspecto muy grave y muy imponente: la maldijo así como todos sus manejos, como siendo los de una infame cortesana, y se retiró.

Entonces vi todo lo que había con ella, irse, ceder el lugar, morir y calumniar. Toda la Casa nupcial devino en un instante sombría y negra, y las cosas brillantes comenzaron a carcomerse. La mujer misma, carcomida enteramente, cayó por tierra y quedo en el suelo, conservando su forma exterior: pero todo en ella se había descompuesto.

Entonces, cuando todo se redujo a polvo y el silencio reinó por todo, el joven sacerdote volvió y con él otros dos, de los cuales uno, que era un hombre de edad, parecía enviado de Roma.

El viejo llevaba una cruz que plantó ante la Casa nupcial, que se había vuelto totalmente negra: sacó algo de esa cruz, entró en la casa, abrió las puertas y ventanas, y pareció que los demás que estaban ante la casa oraban, consagraban y hacían exorcismos.

Se levantó una tormenta impetuosa que pasó a través de la casa y salió de ella un vapor negro que se fue a lo lejos hacia una gran ciudad en la que se dividió en nubes de diverso tamaño. En cuanto a la Casa, fue de nuevo ocupada por un número elegido entre los antiguos habitantes. Se instalaron también algunos de aquellos que habían venido con la novia impura y que se habían convertido. Todo fue purificado y comenzó a prosperar. El jardín también volvió a su primitivo estado. (AA.II.398)

Vi una gran fiesta en la iglesia que, tras la victoria irradiaba como el sol

Vi un nuevo Papa muy austero y muy enérgico

Vi antes del comienzo de la fiesta, muchos obispos y pastores expulsados por él a causa de su maldad.

Vi entonces, cerca de ser cumplida, la plegaria: «Venga a nosotros tu reino». (AA.II.209)

El 27 de diciembre, fiesta de San Juan Evangelista, ella vio a la Iglesia romana brillante como un sol. Partían de ella rayos que se repartían por el mundo entero: «Se me dijo que eso se relacionaba con el Apocalipsis de san Juan, sobre el cual diversas personas en la Iglesia deben recibir luces y esa luz caerá toda ella sobre la Iglesia». (AA.II.202)

Mientras el combate tenía lugar sobre la tierra, la Iglesia y el ángel, que desapareció pronto, se habían vuelto blancos y luminosos. La cruz también se desvaneció y en su lugar se mantenía de pié sobre la Iglesia una gran mujer brillante de luz que extendía hasta lejos y por encima de ella su manto de oro irradiante.

 
LA RENOVACIÓN DE LA IGLESIA

En la Iglesia se vio operar una reconciliación acompañada de testimonios de humildad. Vi a los obispos y pastores aproximarse unos a otros y cambiar sus libros: las sectas reconocían a la Iglesia, a su maravillosa victoria y a las claridades de la revelación que ellas habían visto con sus ojos irradiar sobre ella. Estas claridades venían de los rayos del surtidor que san Juan había hecho brotar del lago de la montaña de los profetas. Cuando vi esta reunión, sentí una profunda impresión de la proximidad del reino de Dios. Sentí un esplendor y una vida superior manifestarse en toda la naturaleza y una santa emoción embargar a todos los hombres, como en los tiempos cuando el nacimiento del Señor estaba próximo y sentí de tal manera la cercanía del reino de Dios que me sentí forzada a correr a su encuentro y a dar gritos de alegría.

Tuve el sentimiento del advenimiento de María en sus primeros ancestros. Vi su estirpe ennoblecerse a medida que Ella se aproximaba al punto en el que se produciría esta flor. Vi llegar a María, ¿cómo fue? Yo no sé expresarlo; es de la misma manera que tengo el presentimiento de un acercamiento del reino de Dios. Yo lo he visto aproximarse, atraído por el ardiente deseo de muchos cristianos, llenos de humildad, de amor y de fe; era el deseo que le atraía.

Vi una gran fiesta en la Iglesia que, tras la victoria conseguida, irradiaba como el sol. Vi un nuevo Papa austero y muy enérgico. Vi, antes del comienzo de la fiesta, muchos obispos y pastores expulsados por él, a causa de su maldad. Vi a los santos apóstoles tomar una parte muy especial en la celebración de esta fiesta en la Iglesia. Vi entonces muy cerca de su realización la plegaria: «Venga a nosotros tu reino». Me parecía ver jardines celestes, brillantes de luz, descender de arriba, reunirse en la tierra, en lugares donde el fuego estaba encendido, y bañar todo lo que está por debajo en una luz primordial.

(...)

Lo mismo que en la estirpe de David, la promesa fue preservada hasta su cumplimiento en María en la plenitud de los tiempos; lo mismo que esa estirpe fue cuidada, protegida, purificada hasta el momento en el que ella produjo en la Santa Virgen la luz del mundo, de la misma manera, este santo de la montaña de los profetas purifica y conserva todos los tesoros de la creación y de la promesa, así como el significado y la esencia de toda palabra y de toda criatura hasta que los tiempos se cumplan. Él rechaza y borra todo lo que es falso y malo; entonces es una corriente tan pura como cuando sale del seno de Dios, y es así como fluye hoy en la naturaleza entera.

Yo estaba en el jardín de la Casa nupcial. La matrona estaba todavía enferma, pero sin embargo ella ponía en orden, limpiaba y quitaba los escombros por aquí y por allí en el jardín.

Vi a varios santos revestidos de antiguos hábitos sacerdotales que limpiaban diversas partes de la iglesia y quitaban las telas de araña. La puesta estaba abierta, la iglesia se volvía cada vez más luminosa. Era como si los dueños hicieran el trabajo de los criados: ya que aquellos que estaban en la casa nupcial no hacían nada y muchos estaban descontentos. (AA.II.361)

Había sin embargo por aquí un gran movimiento. Parecía que algunos dudaran de entrar aun cuando la iglesia estaba totalmente puesta en orden: pero algunos entonces debían ser apartados a un lado. (AA.II.361)

Mientras que la iglesia se volvía cada vez mas bella y más luminosa, surgió de repente en su seno una bella fuente limpia que extendió por todas partes un agua pura como el cristal, salió a través de los muros y, fluyendo en el jardín, reanimó todo. (AA.II.361)

A la efusión de esta fuente, todo se volvió luminoso y más dichoso y vi por encima de ella un altar resplandeciente como un espíritu celeste, como una manifestación y un crecimiento futuros (AA.II.361)

Parecía que todo iba creciendo en la iglesia, muros, tejados, decoraciones, cuerpo del edificio, en fin todo; y los santos continuaban trabajando y el movimiento cada vez más grande en la Casa nupcial. (AA.II.361)

Entonces tuve una nueva visión. Vi a la Santa Virgen por encima de la iglesia, y alrededor de ella a los apóstoles y obispos. Vi por encima grandes procesiones y ceremonias solemnes.

Vi grandes bendiciones repartidas desde lo alto y muchos cambios. Vi también al Papa ordenar y regular todo ello. Vi surgir hombres pobres y simples de los cuales muchos eran todavía jóvenes. Vi muchos antiguos dignatarios eclesiásticos que, habiéndose puesto al servicio de los malos obispos, habían dejado en el olvido los intereses de la Iglesia, arrastrarse en muletas, como cojos y paralíticos; fueron llevados por dos conductores y recibieron su perdón.

Vi una cantidad de malos obispos, que habían creído poder hacer algo ellos mismos y que no recibían por sus trabajos la fuerza de Cristo por la intermediación de sus santos predecesores y de la Iglesia, alejados y reemplazados por otros. (AA.II.492)

Los enemigos que habían huido en el combate no fueron perseguidos; pero se dispersaron por todos lados. (AA.II.240)

Vi al sacerdocio y a las órdenes religiosas renovarse tras una larga decadencia.

Me parecía que una masa de personas piadosas había surgido y que todo salía de ellos y se desarrollaba (AA.III.176)

Vi en la iglesia de San Pedro, en Roma, una gran fiesta con muchas luces y vi que el Santo Padre, así como muchos otros, ha sido fortalecido por el Espíritu Santo.

Vi también, en diversos lugares del mundo, la luz descender sobre los doce hombres que veo tan a menudo como doce nuevos apóstoles o profetas de la Iglesia. (AA.II.429)

 
EL PAPA FUTURO

Le vi a la vez suave y severo. Sabía atraerse a los buenos sacerdotes y rechazar lejos de él a los malos. Vi todo renovarse y una iglesia que se elevaba hasta el cielo. (AA.III.103)

Vi un nuevo Papa muy firme (AA.III.161)

Hubo en la iglesia espiritual una fiesta de acción de gracias; había allí una gloria espléndida, un trono magníficamente adornado. San Pablo, San Agustín y otros santos convertidos figuraban allí de una manera muy especial. Era una fiesta en la que la Iglesia triunfante daba gracias a Dios de una gran gracia que no debe llegar a su madurez más que en el futuro. Era algo como una consagración futura. Esto tenía relación con el cambio moral operado en un hombre de condición esbelta y bastante joven, el cual debe un día llegar a ser Papa.

He visto también en esta visión muchos cristianos entrar en la Iglesia. Entraban a través de los muros de la iglesia. (AA.III.177)

Vi que este Papa debe ser severo y que él alejará de sí a todos los obispos tibios y fríos. Pero mucho tiempo debe todavía pasar hasta que esto ocurra.(AA.III.177)

Vi a este futuro Papa en la iglesia rodeado de otros hombres piadosos: estaba relacionado con ese viejo sacerdote que vi morir en Roma, hace algunos días.

El joven estaba ya en las ordenes y parecía que recibiera hoy (27 de enero de 1822) una dignidad. No es Romano, sino Italiano, de un lugar que no está muy alejado de Roma, y pertenece, creo, a una piadosa familia principesca. (Se trataba del futuro Papa Pío IX) (AA.III.178)

 
EL LIBRO DE LOS SIETE SELLOS

Hubo una gran solemnidad en la iglesia y vi por encima de ella una nube luminosa sobre la cual descendían los apóstoles y los santos obispos que se reunían en coros por encima del altar. Vi entre ellos a san Agustín, san Ambrosio y todos aquellos que han trabajado mucho por la exaltación de la Iglesia. (AA.II.493)

Era una gran solemnidad; la misa fue celebrada, y vi en medio de la iglesia un gran libro abierto del que pendían tres sellos por el lado más ancho y dos otros sellos por cada uno de los otros lados. Vi también en lo alto al apóstol san Juan y aprendí que eran las revelaciones que él había tenido en Pathmos. El libro estaba situado sobre un pupitre en el coro. Antes de que ese libro fuera abierto, ocurrió algo que he olvidado. Es una pena que haya esta laguna en la visión. (AA.II.493)

El 27 de diciembre ella vio la Iglesia romana brillante como un sol:

Se me dijo que eso se relacionaba con el Apocalipsis de san Juan, sobre el cual diversas personas en la iglesia deben recibir luces y esta luz caerá toda ella sobre la Iglesia. (AA.II.202)

 
LA VUELTA A LA UNIDAD CRISTIANA

El Papa no estaba en la Iglesia. Estaba oculto. (AA.II.493)

Creo que aquellos que estaban en la iglesia no sabían donde estaba. No se si él rezaba o estaba muerto. Pero vi que todos los asistentes, sacerdotes y laicos, debían poner la mano sobre un cierto pasaje del libro de los Evangelios y que sobre muchos de ellos descendía, como un signo particular, una luz que era transmitida por los santos apóstoles y los santos obispos. Vi también que varios de ellos no hacían esto más que por la forma. (AA.II.493)

Vi muchos antiguos dignatarios eclesiásticos que, habiéndose puesto al servicio de los malos obispos, habían dejado en el olvido los intereses de la Iglesia, arrastrarse en muletas, como cojos y paralíticos; fueron llevados por dos conductores y recibieron su perdón. (AA.II.492)

Fuera, alrededor de la iglesia, vi llegar muchos judíos que querían entrar, pero que no lo podían hacer todavía. (AA.II.493)

Al final, aquellos que no habían entrado al comienzo llegaron, formando una multitud innumerable: pero vi entonces el libro cerrarse de golpe, como bajo el impulso de un poder sobrenatural.

Al fondo en lontananza, vi un sangriento y terrible combate y vi especialmente una inmensa batalla del lado norte y por el poniente.

Fue una gran visión muy impactante. Siento mucho haber olvidado el lugar del libro sobre el cual se debía poner el dedo. (AA.II.493)

Conocí, por una visión, que hacia el fin del mundo, una batalla será librada contra el Anticristo, en la planicie de Mageddo. (EE.I.234)

 
EL TIEMPO DE PAZ

Ese día Ana Catalina tuvo una larga conversación con dos de sus visitantes celestes, san Francisco de Sales y San Francisco de Chantal:

Ellos decían que la época actual era muy triste, pero que tras muchas tribulaciones, vendría un tiempo de paz en el que la religión retomaría su imperio y en el que habría entre los hombres mucha cordialidad y caridad, y que entonces muchos conventos reflorecerían en el verdadero sentido de la palabra. Vi también una imagen de este tiempo lejano que no puedo describir, pero vi sobre toda la tierra retirarse la noche y el amor extender una nueva vida. Tuve en esta ocasión visiones de toda especie sobre el renacimiento de las ordenes religiosas. (AA.II.440)

El tiempo del Anticristo, no está tan próximo como algunos piensan. Habrá todavía precursores. He visto en dos ciudades a doctores, de la escuela de los cuales podrían salir estos precursores. (AA.II.441)

 
EL NUEVO PENTECOSTÉS

He visto Pentecostés, en tanto que fiesta en la Iglesia, la comunicación del Espíritu Santo, a través del mundo entero, me ha sido mostrada en diversas escenas, tal y como me ha ocurrido a menudo. He visto también a los doce nuevos apóstoles y su relación con la Iglesia.. He visto todavía una iglesia espiritual formarse con muchas parroquias reunidas y estas recibir el Espíritu Santo. Era un nuevo despertar de la Iglesia católica. He visto un gran número de personas recibir el Espíritu Santo. (AA.III.144

 
LA IGLESIA ESPIRITUAL

Tuve una visión del Espíritu Santo: era como una figura alada, en una superficie triangular, con una efusión de luz de siete colores. Vi como esta luz se extendió sobre la Iglesia espiritual flotando en el aire, y sobre aquellos que se encontraban en relación con ella. (AA.III.144)

Un incendio estallará en la Iglesia, amenazándola de una ruina total. (AA.II.244)

Este incendio, cuyo aspecto era espantoso, indicaba en primer lugar un gran peligro; en segundo lugar, un nuevo esplendor en la Iglesia, tras la tempestad. (AA.II.244)

Vi sobre toda la tierra una gran cantidad de efusiones del Espíritu: algunas veces era como un relámpago que descendía sobre una iglesia; yo veía a los fieles en la iglesia, y entre ellos a aquellos que habían recibido la gracia: o bien los veían aisladamente en sus moradas o en las iglesias en las que llegaba la luz y la fuerza. Esto me causó una gran alegría y me dio confianza, de que en medio de las tribulaciones siempre crecientes, la Iglesia no sucumbirá, puesto que he visto en todos los países del mundo al Espíritu Santo suscitar instrumentos. Si, he sentido que la opresión exterior que le hacen sufrir los poderes de este mundo prepara a la Iglesia mejor a recibir una fuerza interior.

Vi en la iglesia de San Pedro, en Roma, una gran fiesta con muchas luces y vi que el Santo Padre, así como muchos otros, fue fortificado en el Espíritu Santo. (AA.II.429)

Vi también, en diversos lugares del mundo, la luz descender sobre los doce hombres que veo a menudo como doce nuevos apóstoles o profetas de la Iglesia. (AA.II.429)

 
LOS DOCE APÓSTOLES FUTUROS

Del lado oriental de esta iglesia avanzó con un esplendor infinito una figura sacerdotal: era como si fuera el Señor. Pronto se mostraron alrededor de el doce hombres luminosos y alrededor de estos muchos más todavía. Entonces salió de la boca del Señor un pequeño cuerpo luminoso que, habiendo salido, se hizo cada vez más grande y con una forma más definida, después, repitiéndose de nuevo, entró como una figura de niño resplandeciente en la boca de los doce que rodeaban al Señor, después en la de los demás. No era la escena histórica del Señor haciendo la cena con los discípulos, tal como la vi el jueves santo, sin embargo lo que vi me la recordó. Aquí todos eran luminosos e irradiantes, era un oficio divino, era como una solemnidad eclesiástica.

Vi la fiesta eclesiástica llegar a su fin y eso fue par mi como si hubiera visto allí a esos hombres que iban a despertar y animar de un fervor nuevo el sentimiento adormecido del admirable misterio de la presencia de Dios multiplicándose sobre la tierra. (AA.II.425)

Los sacerdotes estaban sumidos en un profundo sueño y lo que hacían me parecía semejante a telas de araña. Por varios lados la malicia, la astucia y la violencia tomaban tal crecimiento que se traicionaban a si mismas. Vi a algunas personas perder sus lugares que eran tomados por otros, y todo un encadenamiento de infamias descendiendo de arriba hacia abajo hacia el mundo.

Entonces vi a un grupo de hombres que avanzaban por una gran pradera que veía a cierta distancia. Uno de ellos se elevaba por encima de todos los demás. Eran una centena al menos. Me preguntaba si sería el lugar donde el Señor dio de comer a siete mil hombres.

El Señor vino a mi encuentro con todos sus discípulos y eligió doce de entre ellos. Vi como ponía los ojos en uno y en otro. Los reconocí a todos: los viejos llenos de simplicidad y los jóvenes robustos con tez curtida. Vi también como Él les enviaba a lo lejos en todas direcciones, y los seguía con la mirada en sus caminatas lejanas entre las naciones. Y como yo me decía: «¡ay! ¿qué puede hacer un tan pequeño número de hombres entre las multitudes innumerables?» el Señor me dijo aproximadamente: «Su voz se hace oír a lo lejos por todos los lados. Así, ahora todavía, varios son enviados; cualesquiera que sean, hombres y mujeres, pueden lo mismo. Mira la salvación que esos doce han aportado; los que envío a tu época la aportan también, aunque permanezcan oscuros y despreciados. (AA.II.128)

Ella vio a los doce apóstoles futuros, cada uno en su lugar. (AA.II.422)

Vi la Iglesia de San Pedro que un hombre pequeño llevaba sobre sus hombros; tenía algo de judío en los trazos del rostro. El asunto parecía muy peligroso. María estaba de pié sobre la iglesia en el lado norte y extendía su manto para protegerla. (AA.III.124)

Ese hombrecito parecía sucumbir. Parecía ser todavía laico y yo lo conocía.

Los doce hombres que veo siempre como nuevos apóstoles debían ayudarle a llevar su carga: pero ellos venían demasiado lentamente. Parecía que él caería bajo el peso de la carga, entonces, finalmente, llegaron todos ellos, se pusieron debajo y numerosos ángeles vinieron en su ayuda. Eran solamente los cimientos y la parte posterior de la iglesia (el coro y el altar), todo el resto había sido demolido por la secta y por los servidores de la iglesia mismos. (AA.III.124)

Vi muchas abominaciones con gran detalle; reconocí a Roma y vi a la Iglesia oprimida y su decadencia en el interior y en el exterior.

Durante ese tiempo, vi todavía en medio de los desastres a los doce hombres de lo que ya he hablado, dispersos en diversos lugares sin saber nada los unos de los otros, recibir rayos del agua viva. Vi que todos hacían el mismo trabajo de diversos lados; que ellos no sabían de donde se les encomendaba ese trabajo y que cuando una cosa se había hecho, otra se les daba para hacer. Siempre eran doce de los cuales ninguno tenía más de cuarenta años.

No había nada de particular en su vestimenta, pero cada uno estaba vestido a la manera de su país y siguiendo la moda actual: vi que todos recibían de Dios lo que se había perdido y que ellos operaban el bien por todos los lados; eran todos católicos. (AA.III.159)

Vi también en los tenebrosos destructores a falsos profetas y a personas que trabajaban contra los escritos de los doce nuevos apóstoles. Vi también una centena de mujeres sentadas con en estado de maravillamiento y cerca de ellas hombres que las magnetizaban; las vi profetizar. (AA.III.160)

 
LOS QUE REHUSAN EL ADVENIMIENTO

¡El tiempo del martirio de los santo Inocentes está próximo! (AA.III.227)

Un día en la Casa nupcial, Ana Catalina vio un belén... «con imágenes de santos Inocentes y la escena del castigo infligido a Herodes por haber querido suprimir el advenimiento del Salvador. Conocí que esta imágenes se aplicaban al tiempo presente, sobre todo como se relacionaban con aquellos que quieren quitar del mundo y destruir la gracia renovada de este advenimiento. (AA.III.476)

Vi, próxima a ser realizada la plegaria «VENGA A NOSOTROS TU REINO». (AA.II.209)

 

VISIÓN DE LA ISLA DE LAS PROFECÍAS

Algunas semanas antes de la Navidad de 1819, Ana Catharina fue conducida por el ángel, su guía, como cada año, sobre el alto-lugar que ella llamaba «La Montaña de los Profetas» situada, según nos dice ella, encima de la cima más elevada y completamente inaccesible de una montaña del Tíbet.

Aquí está el relato casi entero de las impresiones que contó de su extraordinario viaje. Fue anotado por Brentano los días 9 y 10 de Diciembre de 1819. No fue más que algunos días más tarde, parece ser, cuando Ana Catharina comprendió todo el asunto. Ella lo describe aquí sin comentarios según su costumbre:

Esta noche he recorrido en diversas direcciones la Tierra prometida, tal como era en tiempos de Nuestro Señor... Vi varias escenas y fui rápidamente de lugar en lugar. Partiendo de Jerusalén, avancé muy lejos hacia Oriente. Pasé varias veces cerca de grandes cantidades de agua y por encima de las montañas que habían franqueado los magos de oriente para venir a Belén. Atravesé también países muy poblados, pero no tocaba los lugares habitados: la mayor parte del tiempo pasaba por desiertos. Llegue a continuación a una región en la que hacía mucho frío y fui conducida cada vez más alto hasta un punto extremadamente elevado; a lo largo de las montañas, desde el poniente al levante, se dirigía una gran ruta sobre la cual vi pasar grupos de hombres. Había una raza de pequeña talla, pero muy viva en sus movimientos, llevaban con ellos pequeños estandartes, los de la otra raza eran de una talla alta, no eran cristianos. Esta ruta iba descendiendo; mi camino me conducía hacia arriba a una región de una belleza increíble. Allí hacía calor y todo era verde y fértil, había flores maravillosamente bellas, bellos bosquecillos y bellos bosques; una cantidad de animales jugueteaban por alrededor, no parecían peligrosos.

Esta tierra no estaba habitada por ninguna criatura humana y nunca ningún hombre venía por aquí; porque de la gran ruta no se veían más que nubes.

Vi grupos de animales semejantes a pequeños corzos con las patas muy finas; no tenían cuernos, su piel era de un marrón claro con manchas negras. Vi también un animal rechoncho de color negro semejante a un cerdo, y después animales como machos cabríos de gran tamaño, pero más parecidos a corzos; eran muy familiares, muy ligeros a la carrera: tenían unos bellos ojos muy brillantes: vi a otros semejantes a corderos; eran muy gruesos, tenían como una peluca de lana y colas muy gruesas: otros parecían pequeños asnos, pero moteados; grandes aves con largas patas que corrían muy rápido, otros semejantes a pollos agradablemente adornados y finalmente una cantidad de bonitos pájaros muy pequeños y de colores variados. Todos estos animales jugaban libremente, como si ignoraran la existencia de los hombres.

De este lugar paradisíaco, subí más arriba y era como si fuera conducida a través de las nubes. Llegué así a la cumbre de esa alta región de montañas donde vi muchas cosas maravillosas. En lo alto de la montaña había una gran planicie y en esta planicie un lago; en el lago una isla verdeante. Esta isla estaba rodeada de grandes arboles semejantes a cedros. Fui elevada a la cumbre de uno de esos árboles y agarrándome fuertemente a las ramas, vi desde lo alto toda la isla.

(...)

Cuando desde lo alto de mi árbol, pasaba la mirada sobre la isla, podía ver en su otro extremo el agua del lago, pero no la montaña. Esta agua estaba viva y de una limpidez extraordinaria: el agua atravesaba la isla por diferentes afluentes y se derramaba bajo tierra a través de varios arroyos más o menos grandes.

Frente a la estrecha lengua de tierra, en la verde planicie, se elevaba una gran tienda extendiéndose a lo ancho, que parecía estar hecha de tejido gris; estaba decorada en el interior, en la parte de atrás, con largos paneles de tejidos de diversos colores y cubierta con toda especie de figuras pintadas o bordadas. Alrededor de la mesa que se encontraba en medio, había asientos de piedra sin respaldos y con forma de cojines: estaban recubiertos de un verdor siempre fresco.

En el asiento de honor situado en medio, tras la mesa de piedra que era baja y de forma oval, un hombre rodeado de una aureola como la de los santos estaba sentado con las piernas cruzadas, a la manera oriental y escribía con una pluma de caña sobre un gran libro. La pluma era como una pequeña rama. A la derecha y a la izquierda se veían varios grandes libros y pergaminos enrollados en varas de madera con bolas en sus extremos; y cerca de la tienda había en la tierra un agujero que parecía estar revestido de ladrillos y donde ardía un fuego cuya llama no sobrepasaba el borde. Todo el lugar alrededor era como una bella isla verde rodeada de nubes. El cielo por encima de mi cabeza era de una serenidad inexpresable. No vi del sol más que un semicírculo de rayos brillando tras las nubes. Este semicírculo pertenecía a un disco que parecía mucho más grande que en nuestro mundo.

El aspecto general tenía algo de inexpresablemente santo.

Era una soledad, pero llena de encanto. Cuando tenía ese espectáculo bajo mis ojos, me pareció saber y comprender lo que era y lo que significaba todo ello, pero sentí que no podía llevar conmigo y conservar este conocimiento. Mi conductor había estado a mi lado hasta ese momento pero, cerca de la tienda, se hizo invisible para mí.

Como yo consideraba todo esto, me dije: «¿Qué tengo que hacer yo aquí, y por que es necesario que una pobre criatura como yo vea todas estas cosas?». Entonces la figura me dijo desde dentro de la tienda: «Es porque tu tienes una parte de todo esto». Esto redoblo entonces mi asombro y descendí o volé hacia esa figura, en la tienda, donde estaba sentada, vestida como lo están los espíritus que veo: la figura tenía en su exterior y en su apariencia algo que recordaba a San Juan Bautista o a Elías.

Los libros y los volúmenes numerosos que estaban por el suelo alrededor de esa figura, eran muy antiguos y muy preciosos. En algunos de estos libros había ornamentos y figuras de metal en relieve, por ejemplo un hombre sosteniendo un libro en la mano. La figura me dijo, o me hizo conocer de otra manera, que estos libros contenían todo lo que había de más santo de lo que venía de los hombres; ella examinaba, comparaba todo y desechaba lo que era falso en el fuego encendido cerca de la tienda. El me dijo que estaba allí para que nadie pudiera llegar a ello: estaba encargado de vigilar sobre todo eso y guardarlo hasta que el tiempo llegara de hacer uso de ello. Este tiempo había podido llegar en ciertas ocasiones; pero había siempre grandes obstáculos. Yo le pedí si él no tenía el sentimiento de la espera tan larga que se le había impuesto. Me respondió: «En Dios no hay tiempo».

Me dijo también que debería ver todo, me condujo fuera de la tienda y me mostró el país que la rodeaba.

La tienda tenía aproximadamente la altura de dos hombres: era larga como de aquí a la iglesia de la ciudad: su anchura era de aproximadamente la mitad de su altura. Tenía en la cumbre una especia de nudo por el cual la tienda estaba como suspendida a un hilo que subía y se perdía en el aire, de manera que yo no podía comprender donde estaba atado. En los cuatro ángulos habían columnas que no se podían abarcar con las dos manos. La tienda estaba abierta por delante y en los lados. En medio de la mesa estaba depositado un libro de una dimensión extraordinaria que se podía abrir y cerrar: parecía que estaba sujeto sobre la mesa. El hombre miraba en ese libro para verificar la exactitud. Me pareció que había una puerta bajo la mesa y que un gran santo tesoro, una cosa santa estaba conservada allí.

(...)

El me mostró entonces los alrededores y entonces hice, a lo largo del río exterior, la vuelta al lago cuya superficie estaba perfectamente nivelada con la isla. Esta agua que yo sentía correr bajo mis pies se diversificaba bajo la montaña por muchos canales y salía a la luz muy por debajo, bajo forma de fuentes grandes y pequeñas. Me parecía que toda esta parte del mundo recibía de ahí, salud y bendición: en lo alto, no se desbordaba por ningún lugar. Descendiendo por el levante y por el mediodía, todo era verde y cubierto de bellas flores; en el poniente y al norte, había también verdor, pero no flores.

Llegando al extremo del lago, atravesé el agua sin puente y pasé a la isla que recorrí circulando en medio de torres. Todo el suelo parecía ser una cama de espuma muy espesa y fuerte; se diría que todo era hueco por debajo: las torres salían de la espuma como un crecimiento natural...

Tuve el sentimiento de que en las torres se conservaban los más grandes tesoros de la humanidad: me parecía que allí reposaban cuerpos santos. Entre algunas de esas torres vi un carro muy extraño con cuatro ruedas bajas: cuatro personas podían sentarse bien; había dos bancos y mas adelante un pequeño asiento. Este carro, como todo el resto aquí, estaba totalmente revestido de una vegetación verde o bien de una herrumbre verde. No tenía timón y estaba adornado de figuras esculpidas, si bien que a primera vista creí que había en el personas sentadas. Las ruedas eran gruesas como las de los carros romanos. Este me pareció bastante ligero para poder ser tirado por hombres. Yo miraba todo muy atentamente, porque el hombre me había dicho: «Tu tienes aquí tu parte y puedes enseguida tomar posesión de él». Yo no podía de ninguna manera comprender que especia de parte podía tener ahí. ¿Qué tengo que hacer –me preguntaba– con este singular carro, estas torres y estos libros? Pero tenía una viva impresión de la santidad del lugar. Era para mi como si, con esta agua, la salvación de varias épocas hubiera descendido a los valles y como si los hombres mismos hubieran venido a estas montañas de donde ellos habían descendido para hundirse cada vez más profundamente. Yo tenía también el sentimiento de que celestiales presentes eran ahí conservados, guardados, purificados, preparados de antemano para los hombres Tuve de todo ello una percepción muy clara: pero me parecía que no podía llevar conmigo esta claridad: conservaba solamente la impresión general.

Cuando entré en la tienda, el hombre me dijo todavía una vez lo mismo: «Tú tienes una parte en todo esto y tú puedes enseguida tomar posesión de ello». Y como yo le mostraba mi ineptitud, él me dijo con una tranquilidad llena de confianza: «Volverás pronto hacia mí». El no salió de la tienda mientras yo estuve allí, pero daba vueltas continuamente alrededor de la mesa y de los libros.

En la tienda, tuve la impresión de que un cuerpo santo estaba allí enterrado: me parecía que había allí debajo un subterráneo y que un olor suave exhalaba de una tumba sagrada. Tuve la sensación de que el hombre no estaba siempre en la tienda cerca de los libros. El me había acogido y me había hablado como si me hubiera conocido de toda la vida y supiera que yo iba a llegar a ese lugar: me dijo con la misma seguridad que yo volvería y me mostró un camino descendente; yo iba en dirección del mediodía, pasaba de nuevo por la parte escarpada de la montaña, después a través de las nubes y descendí a la risueña tierra donde había tantos animales. Vi muchas pequeñas fuentes surgir de la montaña, precipitarse en cascadas y correr hacia abajo: vi también pájaros, más grandes que una oca, aproximadamente del color de la perdiz, con tres uñas delante y una detrás, con una cola un poco baja y un largo cuello, después otros pájaros de plumaje azulado, semejantes al avestruz pero más pequeño: vi finalmente todos los demás animales.

En este viaje, vi de nuevo muchas cosas y más seres humanos que en los primeros viajes. Atravesé una vez un pequeño río que, como lo he sabido interiormente, surgía del lago de arriba: mas tarde, seguí sus orillas y después lo perdí de vista. Llegue entonces a un lugar donde pobres gentes de colores diversos vivían en chabolas. Me pareció que eran cristianos cautivos. Vi venir hacia ellos a otros hombres de tez morena con telas blancas alrededor de la cabeza. Les llevaban alimentos en cestas trenzadas: hacían esto extendiendo el brazo hacia delante como si tuvieran miedo, después se iban, con aspecto asustado, como si hubieran sido expuestos a algún peligro. Estas personas vivían en una ciudad en ruinas y habitaban cabañas de construcción ligera. Vi también agua donde crecían rosales de una densidad y una fuerza completamente extraordinarios.

Volví a continuación cerca del río: en este lugar, el río era muy ancho, lleno de escollos, de islotes de arena y de bellos macizos de verdor entre los cuales zigzagueaba. Era el mismo curso de agua que venía de la alta montaña y que yo había atravesado más arriba, cuando era todavía pequeño: una gran cantidad de personas con tez morena, hombres, mujeres y niños, vestidos de diferentes maneras, estaban ocupados en las rocas y los islotes, en beber y lavarse. Tenían el aspecto de haber venido de lejos. Había en su manera de ser algo que me recordó lo que yo había visto en los bordes del Jordán en la Tierra santa. Se encontraba allí también un hombre de gran talla que parecía ser su sacerdote. Llenaban con agua las vasijas que llevaban. Vi además muchas otras cosas: no estaba lejos del país donde estuvo san Francisco Javier: yo atravesaba el mar pasando por encima de islas innumerables.

El 22 de diciembre, Ana Catalina dijo al Peregrino:

Ya se porque fui a la montaña: mi libro se encuentra entre los escritos que están sobre la mesa, se me dará para que lea las cinco ultimas hojas. El hombre sentado ante la mesa volverá en su tiempo. Su carro permanece allí como recuerdo eterno. Es sobre este carro que el subió a esta altura y los hombres, con gran extrañeza, le verán descender sobre este carro.

Es ahí, en esta montaña, la más elevada del mundo y donde nadie puede llegar, que se ha puesto a buen recaudo, cuando la corrupción se acrecienta entre los hombres, los tesoros y los misterios sagrados. El lago, la isla, las torres no existen más que para que estos tesoros sean conservados y garantizados de todo ataque. Es por la virtud del agua que hay en esta cumbre que todas las cosas son refrescadas y renovadas. El río que desciende de allí y cuya agua es objeto de una tan gran veneración para los hombres que he visto, tiene realmente una virtud y los fortifica: es por eso que ellos la estiman más que sus vinos. Todos los hombres, todos los bienes han descendido de esta altura y todo lo que debía ser garantizado de la devastación ha sido allí preservado.

El hombre que está sobre la montaña me ha conocido: porque yo tengo allí mi parte. Nosotros nos conocemos todos, nos sostenemos todos los unos a los otros. No puedo expresarlo bien; pero somos como una simiente repartida en el mundo entero.

El paraíso no está lejos de aquí. He visto ya anteriormente como Elías vive siempre en un jardín ante el paraíso.

El 26 de diciembre:

He visto de nuevo la montaña de los profetas. El hombre que está en la tienda presentaba a una figura que venía del cielo y planeaba por encima de él, hojas y libros y recibía otros en su lugar. Este espíritu tenía un exterior diferente del primero. Este que flotaba en el aire me recordó vivamente a San Juan. Era más ágil, más rápido, más amable, más delicado que el hombre de la tienda, el cual tenía algo de más enérgico, de más severo, de más estricto, de más inflexible. El segundo se relacionaba a él como el Nuevo Testamento al Antiguo, es por eso que yo le llamaría gustosamente Juan y llamaría al otro Elías. Era como si Elías presentase a Juan revelaciones que ya se habían cumplido y recibiera otras nuevas.

Allí encima vi de repente, saliendo de la nube blanca, una fuente semejante a un surtidor de agua elevarse perpendicularmente bajo la forma de un rayo de apariencia cristalina que, en su extremidad superior, se dividía en rayos y en gotas innumerables; las cuales volvían a caer, formando inmensas cascadas, hasta los lugares más alejados de la tierra: y vi hombres iluminados por esos rayos en las casas, en las cabañas, en las ciudades de diversas partes del mundo.

El 27 de diciembre, fiesta de San Juan Evangelista, vio a la Iglesia de Roma brillante como un sol. Habló de los rayos que se repartían sobre el mundo entero:

Se me dijo que eso se relacionaba con el Apocalipsis de San Juan, sobre el cual diversas personas en la Iglesia deben recibir luces y esta luz caerá toda entera sobre la Iglesia. He visto una visión muy distinta en torno a este tema, pero no puedo reproducirla bien.

Vi la Iglesia de Pedro y una enorme cantidad de hombres que trabajaban para destruirla, pero vi allí también a otros que hacían reparaciones (...) Vi de nuevo a la Iglesia de Pedro con su alta cúpula. San Miguel estaba en la cumbre brillante de luz, llevando una vestimenta roja de sangre y manteniendo en la mano un estandarte de guerra. En la tierra, había un gran combate.

¡Lo que vi era inconmensurable, indescriptible... vi también de repente como si la montaña de los profetas fuera empujada hacia la cruz y acercada a ella; sin embargo, la montaña tenía sus raíces sobre la tierra y permanecía unida a ella. Tenía el mismo aspecto que cuando la primera visión, y más arriba, tras de ella, vi maravillosos jardines completamente luminosos en los cuales percibí animales y plantas brillantes; tuve el sentimiento de que era el Paraíso...

Mientras el combate tenía lugar sobre la tierra, la Iglesia y el ángel, que desapareció pronto, se habían vuelto blancos y luminosos. La cruz también se desvaneció y en su lugar se mantenía de pié sobre la Iglesia una gran mujer brillante de luz que extendía hasta lejos y por encima de ella su manto de oro irradiante. En la Iglesia se vio operar una reconciliación acompañada de testimonios de humildad. Vi a los obispos y pastores aproximarse unos a otros y cambiar sus libros: las sextas reconocían a la Iglesia, a su maravillosa victoria y a las claridades de la revelación que ellas habían visto con sus ojos irradiar sobre ella. Estas claridades venían de los rayos del surtidor que san Juan había hecho brotar del lago de la montaña de los profetas. Cuando vi esta reunión, sentí una profunda impresión de la proximidad del reino de Dios. Sentí un esplendor y una vida superior manifestarse en toda la naturaleza y una santa emoción embargar a todos los hombres, como en los tiempos cuando el nacimiento del Señor estaba próximo y sentí de tal manera la cercanía del reino de Dios que me sentí forzada a correr a su encuentro y a dar gritos de alegría.

Tuve el sentimiento del advenimiento de María en sus primeros ancestros. Vi su estirpe ennoblecerse a medida de que ella se aproximaba al punto en el que se produciría esta flor. Vi llegar a María, ¿cómo fue? Yo no se expresarlo; es de la misma manera que tengo el presentimiento de un acercamiento del reino de Dios. Yo lo he visto aproximarse, atraído por el ardiente deseo de muchos cristianos, llenos de humildad, de amor y de fe; era el deseo que le atraía.

Vi una gran fiesta en la Iglesia que, tras la victoria conseguida, irradiaba como el sol. Vi un nuevo papa austero y muy enérgico. Vi, antes del comienzo de la fiesta, muchos obispos y pastores expulsados por él, a causa de su maldad. Vi a los santos apóstoles tomar una parte muy especial en la celebración de esta fiesta en la Iglesia. Vi entonces muy cerca de su realización la plegaria: «Venga a nosotros tu reino». Me parecía ver jardines celestes, brillantes de luz, descender de arriba, reunirse en la tierra, en lugares donde el fuego estaba encendido, y bañar todo lo que está por debajo en una luz primordial.

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1 Mayo 2012

PROFESIAS DE LA BEATA ANA CATALINA EMMERICH. PARTE II

LA GRAN TRIBULACIÓN

 
LA ESCISIÓN DE LA IGLESIA

12 de abril de 1820 - Tuve todavía una visión sobre la gran tribulación, bien en nuestra tierra, bien en países alejados. Me pareció ver que se exigía del clero una concesión que no podía hacer. Vi muchos ancianos sacerdotes y algunos viejos franciscanos, que ya no portaban el hábito de su orden y sobre todo un eclesiástico muy anciano, llorar muy amargamente. Vi también algunos jóvenes llorar con ellos. (AA.III.161)

Vi a otros, entre los cuales todos tibios, se prestaban gustosos a lo que se les demandaba.

Vi a los viejos, que habían permanecido fieles, someterse a la defensa con una gran aflicción y cerrar sus iglesias. Vi a muchos otros, gentes piadosas, paisanos y burgueses, acercarse a ellos: era como si se dividieran en dos partes, una buena y una mala. (AA.III.162)

 
EL ROSARIO, ARMA DEL COMBATE ESCATOLÓGICO

Como los propagadores de las luces tenían un odio muy especial a la devoción del rosario, la importancia de esta devoción me fue mostrada en una visión de sentido muy profundo. (AA.III.162)

Después de esto (de la visión de los propagadores de las luces, enemigos del rosario), Ana Catalina hizo la descripción del rosario; pero fue imposible al Peregrino (el transcriptor de sus visiones) reproducir sus palabras, ella misma, en el estado de vigilia no podía expresar bien lo que había visto... Los diversos Ave María eran estrellas formadas por cientos de piedras preciosas sobre las cuales los patriarcas y los ancestros de María estaban figurados en escenas que se relacionaban con la preparación de la Encarnación y con la Redención. Así, este rosario abrazaba al cielo y la tierra, Dios, la naturaleza, la historia, la restauración de todas las cosas y del hombre por el Redentor que ha nacido de María; y cada figura, cada materia, cada color, según su significado esencial, era empleado para la realización de esta obra de arte divino. (AA.III.162)

 
LA TRASLACIÓN DE LA IGLESIA 

Llegué a la casa de San Pedro y San Pablo (Roma) y vi un mundo tenebroso lleno de angustia, de confusión y de corrupción. (AA.II.413)

Vi al santo Padre en una gran tribulación y una gran angustia respecto a la Iglesia. (AA.II.414)

Vi la Iglesia de San Pedro que un hombre pequeño llevaba sobre sus hombros; tenía algo de judío en los trazos del rostro. El asunto parecía muy peligroso. María estaba de pié sobre la iglesia en el lado norte y extendía su manto para protegerla. (AA.III.124)

Ese hombrecito parecía sucumbir. Parecía ser todavía laico y yo lo conocía.

Los doce hombres que veo siempre como nuevos apóstoles debían ayudarle a llevar su carga: pero ellos venían demasiado lentamente. Parecía que él caería bajo el peso de la carga, entonces, finalmente, llegaron todos ellos, se pusieron debajo y numerosos ángeles vinieron en su ayuda. Eran solamente los cimientos y la parte posterior de la iglesia (el coro y el altar), todo el resto había sido demolido por la secta y por los servidores de la iglesia mismos. (AA.III.124)

Ellos llevan la Iglesia a otro lugar y me parece que varios palacios caían ante ellos como campos de trigo que se cosechan. (AA.III.124)

Cuando incluso no quedara más que un solo cristiano católico, la Iglesia podría triunfar de nuevo. (AA.III.124)

Cuando vi la iglesia de San Pedro en su estado de ruina y como tantos eclesiásticos trabajaban, estos también, a la obra de destrucción, sin que ninguno de ellos lo hiciera abiertamente ante los demás, sentí una tal aflicción que grité hacia Jesús con todas mis fuerzas, implorando su misericordia. Entonces vi ante mi a mi esposo celeste bajo la forma de un hombre joven y me habló durante largo tiempo. Él dijo, entre otras cosas, que esta translación de la iglesia de un lugar a otro significaba que ella estaba en completa decadencia, pero que reposaba sobre esos porteadores y se revelaría con su ayuda. Incluso cuando sólo quedara un solo cristiano católico, la Iglesia podría triunfar de nuevo, ya que ella no tiene su fundamento en la inteligencia y los consejos de los hombres.

Él me mostró entonces como nunca habían faltado personas orando y sufriendo por la Iglesia. Me hizo ver todo lo que Él mismo había sufrido por ella, qué virtud había dado a los méritos y a los trabajos de los mártires y como Él padecería de nuevo todos los sufrimientos inimaginables si le fuera posible sufrir de nuevo. Me mostró también en escenas innumerables la deplorable conducta de los cristianos y de los eclesiásticos, en esferas cada vez más vastas, extendiéndose a través del mundo entero, incluído mi país, después me exhortó a perseverar en la oración y el sufrimiento. Era una escena inmensa e indeciblemente triste que es imposible describir. Se me mostró también que ya no hay apenas cristianos en el antiguo sentido del término, por lo mismo que todos los judíos que existen todavía hoy son puros fariseos, solamente más endurecidos que los antiguos: no hay más que le pueblo de Judith en Africa que es semejante a los judíos de antaño. Esta visión me llenó de tristeza. (AA.III.125)

 
LA TORMENTA

Vi una gran tormenta venir del Norte. Avanzaba en semicírculo hacia la ciudad de alta torre (Viena) y se extendía también hacia el poniente. Vi a lo lejos combates y surcos de sangre en el cielo por encima de varios lugares, y vi acercarse infinitas desgracias y miserias para la Iglesia. (AA.II.244)

He visto en esta villa (Roma) terribles amenazas viniendo del Norte. (AA.II.414)

Vi el sacrificio de Isaac en el monte Calvario. La parte de atrás del altar estaba vuelta hacia el Norte: los patriarcas colocaban siempre así el altar porque el mal venía del Norte. (AA.II.484)

¡Oh ciudad, oh ciudad (Roma)! ¿de qué estás amenazada? La tormenta está próxima. ¡Manténte en guardia! Pero espero que permanezcas inquebrantable. (AA.III.127)

Vi a Roma en un estado tan deplorable que la menor chispa podía prender fuego por todas partes. Vi a Sicilia en sombras, espantosa y abandonada por todos aquellos que pudieran huir. (AA.III.127)

Un día, estando en éxtasis, ella exclamó en voz alta y gimió: «Veo la Iglesia completamente aislada y como completamente abandonada. Parece que todo el mundo huye de ella. Todo está en lucha a su alrededor. Por todas partes veo grandes miserias, el odio, la traición y el resentimiento, el conflicto, el abandono y una ceguera completa. (AA.III.127)

Veo desde un punto central y tenebroso (y situado, parece ser, en Roma misma) partir mensajeros para llevar algo a varios lugares: esto sale de su boca como un vapor negro que cae sobre el pecho de los oyentes y enciende en ellos el odio y la rabia. (AA.III.127)

Oro ardientemente por los oprimidos. Sobre los lugares donde oran algunas personas, veo descender la luz, en otros veo descender espesas tinieblas. La situación es terrible. ¡Cuánto he rezado! (AA.III.127)

 
VIENA

Tuve la visión de una gran iglesia con una torre muy alta y muy artísticamente trabajada, situada en una gran ciudad, cerca de un largo río. El patrón de la iglesia era san Esteban y vi cerca de él otro santo que fue martirizado tras él. (AA.II.243)

Cerca de esta iglesia, vi a muchas personas distinguidas, entre las cuales varios extranjeros, con delantales y paletas de albañil. Parecían enviados ahí para demoler esta iglesia que estaba cubierta de pizarra. Todo tipo de personas del país se unían a ellos: había incluso sacerdotes y religiosos.

Vi a continuación a cinco hombres entrar en esta iglesia (la catedral de Viena), tres que parecían sacerdotes se habían revestido de ornamentos sacerdotales pesados y antiguos; los otros dos eran eclesiásticos muy jóvenes que parecían llamados a las santas órdenes. Me pareció también que estos recurrían a la santa comunión y que estaban destinados a despertar la vida de las almas.

De golpe, una llama partió la torre, se extendió sobre el tejado y parecía que todo se iba a consumir. Pensaba yo entonces en el ancho río que pasaba por uno de los lados de la ciudad, preguntándome si no se podría con su agua apagar el fuego. Pero las llamas hirieron muchos de los que habían puesto su mano en el trabajo de demolición: las llamas los cazaron y la iglesia continuó de pié. Sin embargo vi que no se salvaría más que tras la gran tormenta que se aproximaba.

Este incendio, cuyo aspecto era espantoso, indicaba en primer lugar un gran peligro, en segundo lugar un nuevo esplendor de la Iglesia tras la tempestad. En este país ellos han comenzado ya a arruinar a la Iglesia por medio de escuelas que entregan a la incredulidad.

Vi una gran tormenta venir del norte. Avanzaba en semicírculo hacia la ciudad de la alta torre y se extendía hacia el poniente. Vi a lo lejos combates y surcos de sangre en el cielo por encima de varios lugares, y vi acercarse desdichas y miserias infinitas para la Iglesia. (AA.III.245)

Los protestantes se ponen por todas partes a atacar a la Iglesia. (AA.III.245)

 
PARIS

En un lugar, me parecía que se minaba por debajo una gran ciudad en la que el mal estaba a sus anchas. Había varios diablos ocupados en este trabajo. Estaban ya muy avanzados y yo creía que con tantos y tan pesados edificios la ciudad se derrumbaría pronto. He tenido siempre a propósito de París la impresión de que debía de ser así engullido: veo tantas cavernas por debajo, pero que no se parecen a las grutas subterráneas de Roma con las esculturas que las decoran. (AA.II.157)

 
LA CRISIS UNIVERSAL

Cuando llego a un país, veo lo mas a menudo en su capital, como en un punto central, el estado general de este país bajo forma de noche, de bruma, de frío; veo también de muy cerca las sedes principales de la perdición, yo comprendo todo y veo en escenas donde están los mayores peligros. De estos focos de corrupción, veo derrames y cenagales extenderse a través del país como canales envenenados y veo en medio de todo esto a gentes piadosas en oración, las iglesias donde reposa el Santo Sacramento, los cuerpos innumerables de santos y bienaventurados, todas las obras de virtud, de humildad, de fe, ejercer una acción que sofoca, que apacigua, que detiene el mal, que ayuda donde hace falta. A continuación tengo visiones donde los malvados como los buenos pasan ante mis ojos. (AA.II.408)

Veo planear sobre ciertos lugares y ciertas ciudades, apariciones espantosas que les amenazan con grandes peligros o incluso con una destrucción total. Veo tal lugar derrumbarse de alguna manera en la noche: en otro, veo la sangre correr a ríos en las batallas libradas en el aire, en las nubes. (AA.II.408)

Y esto peligros, estos castigos, no los veo como cosas aisladas, sino que los veo como consecuencias de lo que pasa en otros lugares donde el pecado estalla en violencias y en combates encarnizados, y veo el pecado devenir la vara que golpea a los culpables. (AA.II.409)

Atravesaba la viña (la diócesis) de Saint Ludger (Munich) donde encontré todo en sufrimiento como anteriormente y pase por la viña de saint Liboire (Paderborn) donde trabajé en último lugar y que encontré en vias de mejora. Pasé por el lugar (Praga) donde reposan san Juan Nepomuceno, san Wenceslao, Santa Ludmila y otros santos. Habían muchos santos, pero entre los vivos pocos sacerdotes piadosos y me parecía que las personas buenas y piadosas se mantenían escondidas ordinariamente. Iba siempre hacia el mediodía (tras esa subida hacia el nordeste) y pasaba delante de la gran ciudad (Viena) que domina una alta torre y alrededor de la cual hay muchas avenidas y barrios. Dejaba esta ciudad a la izquierda y atravesé una región de altas montañas (los Alpes austríacos) donde todavía había, por aquí y por allá, mucha gente piadosa, especialmente entre aquellos que vivían dispersos: después, yendo siempre hacia el mediodía, llegue a la villa marítima (Venecia) donde vi recientemente a San Ignacio y sus compañeros. Vi ahí también una gran corrupción: vi a San Marcos y otros santos. Iba por la viña de san Ambrosio (la diócesis de Milán). Me acuerdo de muchas visiones y de gracias obtenidas por la intercesión de san Ambrosio, sobre todo la acción ejercida por él sobre san Agustín. He aprendido muchas cosas sobre él y, entre otras, que había conocido a una persona que tenía, en un cierto grado, el don de reconocer las reliquias. Tuve visiones a propósito de ese asunto y creo que él ha hablado de ello en uno de sus escritos...

Llegué a la casa de san Pedro y san Pablo (Roma) y vi un mundo tenebroso lleno de angustia, de confusión y de corrupción... vi en esta ciudad terribles amenazas viniendo del norte.

ESPAÑA

Partiendo de ahí, atravesé el agua (el Mediterráneo), tocando a las islas donde hay una mezcla de bien y de mal y encontré que los más aislados eran los más felices y los más luminosos: después fui a la patria de Francisco Javier (España), por que yo viajaba en la dirección del poniente. Vi allí numerosos santos y vi el país ocupado por soldados rojos. (AA.II.411)

Su jefe (el de España) estaba hacia el mediodía más allá del mar. Vi a este país (donde se encontraba el jefe) pasablemente tranquilo en comparación de la patria de san Ignacio en donde yo entré a continuación y vi en un estado espantoso. (AA.II.414)

Vi a las tinieblas extendidas por toda esta región, sobre la cual reposaba un tesoro de méritos y de gracias provenientes de san Ignacio. Yo me encontraba en el punto central del país (Madrid). Reconocí el lugar donde, mucho tiempo antes, yo había visto en una visión a inocentes arrojados en una hoguera. (AA.II.414)

Vi finalmente a los enemigos del interior avanzando por todos los lados y aquellos que atizaban el fuego arrojados ellos mismos a la hoguera. (AA.II.415)

Vi enormes abominaciones extenderse sobre el país. Mi guía me dijo: «Hoy Babel está aquí». Y vi por todo el país una larga cadena de sociedades secretas, con un trabajo como en Babel, y vi el encadenamiento de estas cosas, hasta la construcción de la torre, en un tejido, fino como una tela de araña, extendiéndose a través de todos los lugares y toda la historia: el producto supremo de esta floración era Semiramis, la mujer diabólica. (AA.II.415)

Vi destruir todo lo que era sagrado y la impiedad y la herejía hacer irrupción. (AA.II.415)

Había una amenaza de guerra civil próxima y de una crisis interior que iba a destruirlo todo. (AA.II.415)

IRLANDA

Desde este desgraciado país (España) fui conducida por encima del mar, aproximadamente hacia el norte, en una isla donde estuvo san Patricio (Irlanda). No había más que católicos pero estaban muy oprimidos: tenían sin embargo relaciones con el Papa, pero en secreto. Había todavía mucho de bueno en este país porque las personas estaban unidas entre ellas. (AA.II.416)

De la isla de san Patricio llegue por encima de un brazo de mar (mar de Irlanda) a una gran isla. Estaba sombría, brumosa y fría.

Vi por aquí y por allá algunos grupos de piadosos sectarios (...) el resto estaba todo en una gran fermentación.

Casi todo el pueblo estaba dividido en dos partidos, y ellos estaban ocupados en intrigas tenebrosas y desagradables.

El partido más numeroso era el mas malo: el menos numeroso tenía los soldados a sus órdenes; no valía tampoco gran cosa, pero sin embargo valía más. Vi una gran confusión y una lucha que se aproximaba y vi el partido menos numeroso tomar el poder.

Había en todo esto abominables maniobras: había traiciones mutuas, todos se vigilaban los unos a los otros y cada uno parecía ser el espía de su vecino.

Encima de este país vi una gran cantidad de amigos de Dios pertenecientes a los tiempos pasados: ¡cuantos santos reyes, obispos, propagadores del cristianismo que habían venido de allí hacia Alemania a trabajar en nuestro beneficio! Vi a santa Walburge, el rey Eduardo, Edgar y también santa Ursula.

Vi mucha miseria en el país frío y brumoso: vi la opulencia, vicios y numerosos navíos.

De allí, fui al levante, más allá del mar, a un territorio frío donde vi a santa Brigida (de Suecia), san Canut (rey de Dinamarca y patrón de ese país) y a san Eric (rey de Suecia). Este país estaba más tranquilo y más pobre que el precedente, pero era también frío, brumoso y sombrío. No sé ya más que es lo que he visto y hecho allí. Todo el mundo era protestante. (AA.II.417)

Desde ese lugar fui a un inmenso territorio (Rusia) completamente tenebroso y lleno de maldad, de allí surgían grandes tormentas. Los habitantes eran de un orgullo inusitado. (AA.II.418)

Construían grandes iglesias y creían tener la razón de su parte. Vi que se armaban y que se trabajaba por todos los lados: todo era sombrío y amenazante. Vi ahí a san Basilio y a otros. Vi sobre el castillo de tejados deslumbrantes el Maligno que se mantenía en las agujas. (AA.II.418)

Mientras que todo esto surge como un desarrollo de los cuadros tenebrosos que veo en al tierra en estos países, veo los buenos gérmenes luminosos que hay en ellos, dar nacimiento a escenas situadas en una región más elevada. Veo por encima de cada país un mundo de luz que representa todo lo que se ha hecho por él por los santos, hijos de ese país, los tesoros de gracia de la Iglesia que ellos han hecho descender sobre él por los méritos de Jesucristo. Vi por encima de iglesias devastadas planear iglesias en la luz, vi a los obispos y los doctores, los mártires, los confesores, los videntes y todos los privilegiados de la gracia que han vivido allí: entro en las escenas donde figuran sus milagros y las gracias que ellos han recibido, y veo las visiones, las revelaciones, las apariciones más importantes que ellos han recibido: veo todas sus vidas y sus relaciones, la acción que han ejercido de cerca o de lejos, el encadenamiento de sus trabajos y los efectos producidos por ellos hasta las distancias más alejadas. Veo todo lo que ha sido hecho, como ha sido todo ello aniquilado; y como, con todo, la bendición permanece siempre sobre las vías que ellos han recorrido, como ellos permanecen siempre en unión con su patria y su rebaño por la intermediación de gentes piadosas que guardan su memoria y particularmente como sus osamentas, allí donde reposan, son, por medio de una relación intima que las religa a ellos, fuentes de su caridad y de su intercesión.

Sin el socorro de Dios, no se podrían contemplar tantas miseria y abominaciones hacia esta caridad y esta misericordia, sin morir por ello de dolor. (AA.II.409)
  

LA NATURALEZA HERIDA DE MUERTE

Vi la tierra como una superficie redonda que estaba cubierta de oscuridad y de tinieblas. (AA.II.158)

Todo se desecaba y parecía perecer. Vi esto con detalles innumerables en criaturas de toda especie, tales como los árboles, los arbustos, las plantas, las flores y los campos. Era como si el agua hubiera sido quitada de los arroyos, las fuentes, los ríos y los mares, o como si ella volviera a su origen, a las aguas que están por encima del firmamento y alrededor del paraíso. Atravesé la tierra desolada y vi los ríos como líneas delgadas, los mares como negros abismos donde no se veía más que algunos charcos de agua en el centro. Todo el resto era un fango espeso y turbio en el cual veía animales y peces enormes atrapados luchando contra la muerte. Iba lo suficientemente lejos par poder reconocer la orilla del mar donde yo había visto antes ahogar a san Clemente. Vi también lugares y hombres en el más triste estado de confusión y de perdición y vi, a medida que la tierra se volvía más desolada y más árida, las obras tenebrosas de hombres que las cruzaban. Vi muchas abominaciones con un gran detalle; reconocí Roma y vi a la Iglesia oprimida y su decadencia en el interior y en el exterior. (AA.III.158)
 

CINCUENTA O SESENTA AÑOS ANTES DEL AÑO 2000

En medio del infierno había un abismo espantoso; Lucifer fue precipitado allí cargado de cadenas, una espesa humareda lo rodeaba por todas partes. Su destino era regulado por una ley que Dios mismo había dictado; vi que, cincuenta o sesenta años, si no me equivoco entes del año 2000, Lucifer debía salir durante algún tiempo del abismo.

Vi muchos otros datos que he olvidado, otros demonios debían también ser puestos en libertad en una época más o menos alejada, con el fin de tentar a los hombre y de servir de instrumentos a la justicia divina. Muchos de estos demonios deben salir del abismo en esta época y otros de aquí a poco tiempo. (DD.452)

Vi que los apóstoles fueron enviados a la mayor parte de la tierra para abatir por todas partes el poder de Satán y para aportar bendiciones, y que las regiones donde operan eran las que habían sido más fuertemente envenenadas por el enemigo.

Si estos países no han perseverado en la fe cristiana y están ahora dejados al abandono, eso ha sido, como lo he visto, por una sabia disposición de la Providencia. Ellos debían ser solamente bendecidos para el porvenir y ellos permanecen baldíos con el fin de que sembrados de nuevo, lleven frutos abundantes cuando los demás se hayan quedado sin cultura. (AA.II.340)

Cuando Jesús descendió sobre la tierra y fue la tierra regada con su Sangre, la potencia infernal disminuyó considerablemente , y sus manifestaciones se hicieron más tímidas. (BV.56)
    

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20 Abril 2012

PROFESIAS DE LA BEATA ANA CATALINA EMMERICH

Profecías de la Beata Ana Catalina Emmerich

“Cuando los ángeles echaron las puertas abajo, fue como un mar de imprecaciones, de injurias, de aullidos y de lamentos. Todos tuvieron que conocer y adorar a Jesús. Y éste fue el mayor de sus suplicios. En el medio del infierno había un abismo de tinieblas. Lucifer fue precipitado en él y encadenado, y negros vapores se extendían sobre él. Es sabido que debe ser desencadenado por algún tiempo, cincuenta o sesenta años antes del año 2000 de Cristo. Otros muchos números que no me acuerdo fueron marcados. Algunos demonios deben ser sueltos antes ya para castigar y tentar al mundo.

LOS DEMOLEDORES 

EL MISTERIO DE INIQUIDAD

«Vi diferentes partes de la tierra: mi guía me nombró Europa y, mostrándome un rincón arenoso, me dijo estas importantes palabras: – He aquí la Prusia enemiga. El me enseño a continuación un punto más al norte diciendo: – He aquí la Moscovia trayendo con ella muchos males.» (AA.III.133)

«Los habitantes eran de un orgullo inusitado. Vi que se armaban y que se trabajaba por todos los lados. Todo era sombrío y amenazante»

«Vi ahí a San Basilio y a otros. Vi sobre el castillo de tejados relucientes, al maligno que se sostenía en las agujas»

«Vi que de entre los demonios encadenados por Cristo, cuando su descenso a los infiernos, algunos estaban sueltos, desde no hace mucho y habían suscitado esta secta. Vi que otros serán soltados de dos generaciones en dos generaciones. (19 octubre 1823).

«Ella vio (habla Brentano; el transcriptor) con sus terribles consecuencias, las medidas que los propagadores de las luces tomaban por todas partes por donde llegaban al poder y a la influencia, para abolir el culto divino así como todas las prácticas y los ejercicios de piedad, o para hacer de estos algo tan vano como lo eran las grandes palabras de luz, de caridad de espíritu, bajo las cuales ellos se ocultaban a si mismos y a los demás el vacío desolador de sus asuntos en los que Dios no estaba para nada. (AA.III.161)

«Mi guía me condujo alrededor de toda la tierra: me hizo recorrer sin cesar inmensas cavernas hechas de tinieblas y en las cuales vi una inmensa cantidad de personas errando por todas partes y ocupadas en obras tenebrosas. Parecía que yo recorriera todos los puntos habitados del globo, no viendo más que el mundo del vicio»

«A menudo veía nuevas tropas de hombres caer como desde lo alto en esta ceguera del vicio. No vi que nada mejorase... Me hizo entrar en las tinieblas y considerar de nuevo la malicia, la ceguera, la perversidad, los engaños, las pasiones vindicativas, el orgullo, el engaño, la envidia, la avaricia, la discordia, el asesinato, la lujuria y la horrible impiedad de los hombres, todo tipo de cosas que sin embargo no les eran de ningún beneficio, sino que les hacía cada vez más ciegos y miserables y les hundían en las tinieblas cada vez más profundas. A menudo tuve la impresión de que ciudades enteras se encontraban situadas sobre una corteza de tierra muy fina y corrían el riesgo de hundirse muy pronto en el abismo.»

«Vi a esos hombres cavar ellos mismos para otros fosas ligeramente recubiertas: pero no vi personas de bien en esas tinieblas, ni a nadie por consiguiente, caer en las fosas. Vi todos a estos malvados como grandes espacios tenebrosos que se extendían de un lado hasta otro; los veía en barullo como en la confusión tumultuosa de una gran feria, formando diversos grupos que se ejercían en el mal y masas que se mezclaban unas con otras: ellos cometían todo tipo de actos culpables y cada pecado traía como consecuencia otro. A menudo me parecía que me sumergía más profundamente todavía en la noche. El camino descendía una pendiente escarpada: era algo horriblemente espantoso y que se extendía alrededor de la tierra entera. Vi pueblos de todos los colores, llevando los ropajes más diversos y todos sumergidos en las abominaciones: (AA.II.151)

«A menudo me despertaba lleno de angustia y de terror: veía la luna brillar apaciblemente a través de la ventana, y oraba a Dios suplicándole que no me hiciera ver esas imágenes espantosas. Pero enseguida El me hacía descender de nuevo en esos terribles espacios tenebrosos y ver las abominaciones que se cometían. Me encontraba una vez en una esfera de pecado tan horrible que creí estar en el infierno y me puse a gritar y a gemir. Entonces mi guía me dijo: «Yo no estoy cerca de ti, y el infierno no puede estar ahí donde yo estoy».

«Me pareció ver un lugar muy amplio que recibía más la claridad del día. Era como la imagen de una ciudad perteneciente a la parte del mundo que nosotros habitamos. Un horrible espectáculo me fue mostrado. Vi crucificar a Nuestro Señor Jesucristo. Yo temblaba hasta los huesos: porque no había ahí más que hombres de nuestra época. Era un martirio del Señor mucho más espantoso y mucho más cruel que el que debió sufrir de los Judíos. (AA.II.157)

«Terminando el relato de esta horrible visión cuyo recuerdo le provocaban palpitaciones convulsivas, y que nada pudo convencerla para contarlo todo entero, ella dijo: –mi conductor me habló así: «Tu has visto las abominaciones a las cuales los hombres ciegos se libran en las tinieblas»

«Vi ahí con horror un gran número de personas conocidas mías, incluso sacerdotes. Muchas líneas y ramificaciones partiendo de las personas que erraban en las tinieblas desembocaban en este lugar (El lugar de la nueva Crucifixión) (AA.II.157)

«Vi una muchedumbre innumerable de desgraciados oprimidos, atormentados y perseguidos de nuestros días en varios lugares, y vi siempre que se maltrataba por ello a Jesucristo en persona. Estamos en una época deplorable en la que no hay ya más, refugio contra el mal: una densa nube de pecado pesa sobre el mundo entero, y veo a los hombres hacer las cosas más abominables con una tranquilidad y una indiferencia completas.(...)Vi todo esto en varias visiones mientras que mi alma era conducida a través de diversos países sobre toda la tierra» (CC.89)

«Vi nuevos mártires, no del tiempo presente (1820, año de la visión) sino del tiempo que vendrá.(...) Sin embargo veo que se les oprime ya» (AA.III.112)
  

LA DEMOLICIÓN DE LA IGLESIA

«He visto personas de la secta secreta minar sin descanso a la gran Iglesia... (AA.III.113)»

«... y he visto cerca de ellos una horrible bestia que había surgido del mar. Tenía una cola como la de un pez, garras como las de un león, y varias cabezas que rodeaban como una corona una cabeza más grande. Sus boca era ancha y roja. Estaba manchada como un tigre y se mostraba muy familiar con los demoledores. Se acostaba a menudo en medio de ellos durante su trabajo: a menudo también, ellos iban a encontrarla en la caverna donde se escondía a veces.»

«Durante ese tiempo, vi por un lado y por otro, en el mundo entero, muchas personas buenas y piadosas, sobretodo eclesiásticos, vejados, prisioneros y oprimidos, y tuve el sentimiento de que ellos llegarían a ser mártires un día» (AA.III.113)

«Como la Iglesia estaba ya en gran parte demolida, no quedando en pié mas que el coro con el altar, vi a estos demoledores penetrar en la iglesia con la bestia»

« (Los demoledores encontraron en el templo)... una mujer llena de majestad. Me parecía que ella estaba embarazada, ya que caminaba lentamente: los enemigos fueron presa del pánico al verla y la bestia no pudo ya dar ni un paso adelante. La bestia alargaba el cuello hacia la mujer con el aspecto más furioso, como si quisiera devorarla. Pero la mujer se volvió y se posternó con el rostro contra la tierra. Vi entonces a la bestia huir de nuevo hacia el mar y los enemigos correr en el mayor desorden) (AA.III.113)

«Vi la iglesia de San Pedro y una enorme cantidad de hombres que trabajaban en invertirla, pero vi ahí también a otros que hacían reparaciones. Cadenas de trabajo ocupadas de este doble trabajo se extendían a través de todo el mundo y me quedé asombrada de la coordinación con la que todo ello se hacía. Los demoledores extraían grandes fragmentos; eran particularmente sectarios en gran número y con ellos los apóstatas. Estas personas, haciendo su trabajo de destrucción, parecían seguir ciertas prescripciones y una cierta regla: llevaban delantales blancos rodeados de una cinta azul y proveídos de bolsillos, con paletas de albañil en la cintura. Ellos tenían además vestidos de todo tipo: había entre ellos hombre distinguidos, altos y gruesos, con uniformes y cruces, los cuales sin embargo no trabajaban directamente en la labor, sino que marcaban en los muros con la paleta los lugares donde había que demoler. Vi con horror que había también entre ellos sacerdotes católicos» (AA.II.202)

«Ya toda la parte anterior de la Iglesia estaba destruida: no quedaba en pié más que el santuario con el Santísimo Sacramento» (AA.II.203)

«He visto la Iglesia de San Pedro: estaba demolida con excepción del coro y del altar mayor (10 septiembre 1820). (AA.III.118)

«Vi también como, al final, María extendió su manto por encima de la Iglesia y como los enemigos de Dios fueron ahuyentados» (AA.II.414)

«Mayo de 1823. Tuve de nuevo la visión de la secta secreta socavando por todas partes la iglesia de San Pedro. Ellos trabajaban con instrumentos de toda especie y corrían por aquí y por allá, llevado piedras que habían arrancado. Fueron obligados a dejar el altar, no pudieron quitarlo. Vi profanar y quitar una imagen de María. (AA.III.556)

«Yo me lamentaba al Papa y le preguntaba como él podía tolerar que hubiera tantos sacerdotes entre los demoledores. (...) Vi en esta ocasión porque la Iglesia ha sido fundada en Roma; es porque ahí está el centro del mundo y que todos los pueblos si vinculan con ella por diferentes relaciones. Vi también que Roma permanecerá en pié como una isla, como una roca en medio del mar, cuando todo, alrededor de ella, caerá en ruinas.»

«Cuando vi a los demoledores, me quedé maravillada de su gran habilidad. Tenían todo tipo de máquinas: todo se hacía siguiendo un plan: nada se producía por si mismo. Ellos no hacían ruido; ponían atención a todo; recurrían a artimañas de todo tipo, y las piedras parecían a menudo desaparecer de sus manos. Algunos de entre ellos reconstruían: destruían lo que era santo y grande y lo que edificaban no era más que vacío, hueco, superfluo. Llevaban las piedras del altar y hacían con ellas una escalinata en la entrada. (AA.III.556)

 
EL OSCURECIMIENTO DE LA IGLESIA

«Vi la Iglesia terrestre, es decir la sociedad de los fieles sobre la tierra, el ejercito de Cristo en su estado de paso sobre la tierra, completamente oscurecida y desolada» (AA.II.352)

«¡Vosotros sacerdotes, que no os movéis! ¡Estáis dormidos y el redil arde por todos lados! ¡No hacéis nada! ¡Como llorareis por eso un día! ¡Si tan solo hubierais dicho un Pater! (...) ¡Veo tantos traidores! No soportan que se diga : «esto va mal». Todo está bien a sus ojos con tal de que puedan glorificarse con el mundo! (AA.III.184)

«Vi las carencias y la decadencia del sacerdocio, así como sus causas. Vi los castigos que se preparan» (AA.II.334)

«¡Los servidores de la Iglesia son tan laxos! Ya no hacen uso de la fuerza que poseen en el sacerdocio»(AA.II.245)

«¡Si algún día las almas reclaman lo que el clero les debe al ocasionarles tantas perdidas por su incuria y su indiferencia, sería algo terrible!» (AA.II.342)

«Ellos tendrán que dar cuenta de todo el amor, todas las consolaciones, todas las exortaciones, todas las instrucciones referentes a los deberes de la religión, que ellos no nos dan; de todas las bendiciones que no distribuyen, a pesar de que la fuerza de la mano de Jesús esté sobre ellos, por todo lo que omiten de hacer a semejanza de Jesús (AA.II.358)

«... (por) las caricias hechas al espíritu de la época por parte de los servidores de la Iglesia» (AA.II.377)

«Vi reliquias dejadas a la aventura y otras cosas del mismo género»(AA.II.347)

«... para una infinidad de personas que tenían buena voluntad, el acceso a las fuentes de la gracia del corazón de Jesús se encontraba impedido y cerrado por la supresión de los ejercicios de devoción, por el cierre y la profanación de las iglesias» (AA.III.167)

«Tuve una visión concerniente a las faltas de incontables pastores y la omisión de todos sus deberes hacia su rebaño» (AA.II.347)

«Vi muchos buenos y piadosos obispos, pero estaban mudos y débiles y el mal partido tomaba a menudo la fuerza» (AA.II.414)

«Todo esto me hizo conocer que la recitación de la genealogía de Nuestro Señor ante el Santísimo Sacramento, en la fiesta del Corpus Christi encierra un grande y profundo misterio; he conocido por ello que lo mismo, que entre los ancestros de Jesucristo, según la carne, muchos no fueron santos y fueron incluso pecadores si dejar de ser grados de la escala de Jacob, por los cuales Dios descendió hasta la humanidad, por lo mismo también los obispos indignos permanecen capaces de consagrar el Santísimo Sacramento y de conferir el sacerdocio con todos los poderes que le están ligados» (CC.175)

«Vi en una ciudad, una reunión de eclesiásticos, de laicos y de mujeres, los cuales estaban sentados juntos, comiendo y haciendo bromas frívolas, y por encima de ellos una nube oscura que desembocaba en una planicie sumergida en las tinieblas. En medio de esta niebla, vi a Satán sentado bajo una forma horrible y, alrededor de él, tantos acompañantes como personas había en la reunión que ocurría debajo. Todos estos malos espíritus estaban continuamente en movimiento y ocupados en empujar al mal a esta reunión de personas. Ellos les hablaban a la oreja y actuaban sobre ellos de todas las maneras posibles. Estas personas estaban en un estado de excitación sensual muy peligroso y ocupados en conversaciones ociosas y provocantes. Los eclesiásticos eran de esos que tienen como principio: «Hay que vivir y dejar vivir. En nuestra época no hay que estar aparte ni ser un misántropo: hay que alegrarse con los que se alegran». (AA.II.488)

«Como él (Satán) hablaba de su derecho y como quiera que ese lenguaje me sorprendía mucho, fui instruida que él realmente adquiría un derecho positivo cuando una persona bautizada que había recibido por Jesucristo el poder de vencerle se libraba por el contrario a él por el pecado libremente y voluntariamente». (AA.II.489)

«Veo una cantidad de eclesiásticos castigados de excomunión, que no parecen inquietarse ni incluso saberlo. Y sin embargo son excomulgados cuando toman parte en esas empresas, cuando entran en asociaciones y se adhieren a opiniones sobre las que pesa el anatema. Veo estos hombres rodeados de una nube como de un muro de separación. Se ve por esto cuanto Dios tiene en cuenta de los decretos, de las ordenes y de las defensas del jefe de la Iglesia y los mantiene en vigor cuando incluso los hombres no se inquietan de ello, reniegan de eso o se ríen. (AA.III.148)

«Se me mostró como los paganos de antaño adoraban humildemente a otros dioses diferentes de ellos mismos (...) El culto (de esos paganos) valía menos que el culto de aquellos que se adoraban a si mismos en mil ídolos y no dejaban ningún lugar al Señor entre estos ídolos». (AA.III.102)

«Vi cuan funestas serían las consecuencias de esta falsificación de la Iglesia. Yo la vi crecer, vi a los heréticos de todas las condiciones venir e la ciudad (Roma)»

«Vi acrecentarse la tibieza del clero local, vi hacerse una gran oscuridad»

«Entonces la visión se agrandó por todos los lados. Vi por todo comunidades católicas oprimidas, vejadas, encarceladas y privadas de libertad. Vi muchas iglesias cerradas. Vi grandes miserias producirse por todas partes. Vi guerras y sangre vertida. Vi el pueblo salvaje e ignorante, intervenir con violencia.» (AA.III.103)

«... eso no durará mucho tiempo...»

«De nuevo vi la visión en la que la iglesia de San Pedro era minada, siguiendo un plan hecho por la secta secreta, al mismo tiempo que era deteriorada por las tormentas» (AA.III.103)

«Vi la ayuda llegar en el momento de mayor angustia» (AA.III.104)

  
LA IGLESIA DE LOS APÓSTATAS

«Vi la iglesia de los apóstatas crecer grandemente. Vi las tinieblas que partían de ella, repartirse alrededor y vi muchas personas abandonar a la Iglesia legítima y dirigirse hacia la otra diciendo: «Ahí todo es mas bonito, más natural y más ordenado» (AA.II.414)

«Vi cosas deplorables: se jugaba, se bebía, se parloteaba, se seducía a las mujeres en la iglesia, en una palabra se cometían allí todo tipo de abominaciones» (AA.III.120)

«Los sacerdotes dejaban que se hiciera cualquier cosa y decían la misa con mucha irreverencia. Vi pocos que tuvieran todavía piedad y juzgasen sanamente las cosas. Todo eso me afligió mucho. Entonces mi Esposo celeste me cogió por medio del cuerpo, como él mismo había sido atado a la columna y me dijo: «Es así como la Iglesia será todavía encadenada, es así como será estrechamente atada antes de que pueda revelarse» (AA.III.120)

«El (mi esposo celeste) me mostró también en cuadros innumerables la deplorable conducta de los cristianos y de los eclesiásticos, en las esferas cada vez más vastas extendiéndose a través del mundo entero estando mi país incluido. Era un cuadro inmenso e indeciblemente triste que es imposible describir. Me fue así mostrado que no hay casi ya más cristianos en el antiguo significado de la palabra. Esta visión me llenó de tristeza. (AA.III.125)

«Vi en el futuro la religión caída muy bajo y conservándose únicamente en algunos lugares, en algunos hogares y en algunas familias que Dios ha protegido también de los desastres de la guerra» (AA.III.557)

« (12 de septiembre de 1820). Vi construir una iglesia extraña y al revés de todas las reglas. El coro estaba dividido en tres partes, de las que cada una era unos grados más alta que la otra. Por debajo había una sombría bodega llena de humo. (AA.III.104)

« ... en la primera parte vi arrastrar un trono ... en la segunda un barreño lleno de agua. El agua sola parecía tener algo de santificado... en la más elevada una mesa ...»

« No vi ningún ángel asistir a la construcción: pero diversos espíritus planetarios (que se encargan de engañar a los hombres) de los más violentos arrastraban todo tipo de objetos al sótano, donde personajes en pequeños mantos eclesiales los tomaban para llevarlos con ellos. Nada venía de lo alto en esta iglesia: todo venía de la tierra (...) y de la región tenebrosa (...) todo en esa iglesia, era oscuro, a contra sentido y sin vida: no había mas que burla y ruina»

«Vi cerca otra iglesia donde reinaba la claridad y que estaba provista de toda especie de gracias de lo alto. Vi a los ángeles subir y descender, vi vida y crecimiento... (y también) tibieza y disipación»

«Sin embargo, la Iglesia tradicional (todo lo imperfecta u oscurecida que esté para no saber la luz que le espera) era como un árbol lleno de sabia en comparación de la otra que parecía un baúl lleno de objetos inanimados. Esta era como un pájaro que planea, esta como un dragón de papel, con una cola cargada de cintas y de letreros, que se arrastra en un rastrojo en vez de volar. Vi que muchos de los instrumentos que estaban en la nueva iglesia, como por ejemplo las flechas y dardos, no estaban reunidos más que para ser empleados contra la iglesia viva» (AA.III.104)

«Ellos amasaban pan en la bodega de abajo; pero de ello no resultaba nada y se trabajaba en balde» (AA.III.105)

«Vi también a los hombres con pequeños mantos llevar madera ante las graderías donde se encontraba la sede del predicador, encender fuego, soplar con todas sus fuerzas y producirse un dolor extremo, pero todo esto no producía más que un humo y un vapor abominables» (AA.III.105)

«Entonces hicieron un agujero en lo alto con una vara, pero el humo no quería subir y todo permanecía sumergido en una oscuridad asfixiante.

«Todo permanecía en la tierra e iba a la tierra, y todo estaba muerto, artificial y hecho por la mano del hombre: es propiamente una iglesia de fábrica humana siguiendo la última moda, tan bien como la nueva iglesia heterodoxa de Roma, que es de la misma especie» (AA.III105)

«Me encontraba en una gran sala. A los dos lados había delante de los pupitres, jóvenes en hábito largo que parecían ser seminaristas. En medio un hombre grueso iba y venía. De repente en el lugar de los hombres, ya no vi más que caballos, a los dos lados, y en medio un gran buey rumiando que iba y venía, mientras que detrás de él los caballos mostraban los dientes y hacían todo tipo de muecas. Esperaba que el buey les mostraría los cuernos y que les obligaría a estar tranquilos, pero la única cosa que hizo, fue, llegando a un lado de la sala, golpear la pared con sus cuernos. Ya había un agujero y yo me decía que todo iba a derrumbarse sobre ellos» (AA.III.176)

 
LA FALSA IGLESIA

«12 de noviembre de 1820. – Viajaba a través de una comarca sombría y fría y llegue a la gran ciudad (Roma). Vi allí de nuevo la gran y singular iglesia que se estaba construyendo; no había nada de santo en ella; vi aquello de la misma manera que veo una obra católica, eclesiástica, en la cual trabajan en común los ángeles, los santos y los cristianos; pero aquí la colaboración se hacía de otras maneras más mecánicas. (AA. III. 105)

Vi arriba dibujar líneas y trazar figuras, y vi como, en seguida, en la tierra, un hombre había levantado un plano, un dibujo. Vi la acción de los orgullosos espíritus planetarios en sus relaciones con esta construcción hacerse sentir hasta en las regiones más alejadas. Vi llegar hasta distancias inmensas el impulso dado para la preparación de todo lo que podía ser necesario y útil para la construcción y para la existencia de esta iglesia; vi allí concurrir a todo tipo de personas y de cosas, de doctrinas y de opiniones. Había en todo esto, algo de orgulloso, de presuntuoso, de violento y todo parecía tener éxito y me era mostrado en una multitud de escenas.

Vi subir y bajar a los espíritus planetarios, los vi enviar rayos sobre las personas que construían el edificio. Todo se hacía según la razón humana. (AA.III.105)

No vi ni un solo ángel, ni un solo santo cooperar en esta obra. Pero vi mucho más lejos, en el fondo, el trono de un pueblo salvaje armado de espadas, y una figura que reía y que decía: «Constrúyela todo lo sólida que quieras, nosotros la derrumbaremos» (AA.III.105)

(Vi) que se mina y se asfixia la religión tan hábilmente que no queda a penas más que un pequeño número de sacerdotes que no estén seducidos. No puedo decir como se ha hecho esto, pero veo la niebla y las tinieblas extenderse cada vez más. Sin embargo hay tres iglesias en las que no pueden pertrecharse: son las de San Pedro, la de Santa María Mayor y la de San Miguel. Ellos trabajan continuamente para demolerlas pero no lo consiguen. Todos trabajan para la demolición, incluso los eclesiásticos. Una gran devastación está próxima. (AA.III.122)

Vi muchas abominaciones con gran detalle; reconocí a Roma y vi a la Iglesia oprimida y su decadencia en el interior y en el exterior. (AA.III.159)

Vi sobre una verde pradera muchas personas, entre los cuales había sabios, reunirse aparte... (AA.III.156)

... y apareció una nueva iglesia en la cual ellos estaban reunidos. Esta iglesia era redonda con una cúpula gris y tantas personas afluían que yo no comprendía como ese edificio podía contenerlas a todas. Era como un pueblo entero.

Sin embargo esta nueva iglesia se volvía cada vez más sombría y negra (al comienzo solo era gris) y todo lo que se hacía en ella era como un vapor negro. Estas tinieblas se extendieron fuera y todo el verdor se marchitó; varias parroquias de los alrededores fueron invadidas por la oscuridad y la sequedad, y el prado, a una gran distancia, se volvió como una sombría ciénaga.

Vi entonces varios grupos de gentes bien intencionadas corres hacia un lado de la pradera donde había todavía verdor y luz.

No puedo encontrar palabras para describir la acción terrible, siniestra, mortífera, de esta iglesia. Todo verdor se marchitaba, los árboles morían, los jardines perdían su aderezo. Vi, como se puede ver en una visión, las tinieblas producir su efecto a una gran distancia; por todo donde ellas llegaban, se extendía como una cuerda negra. No se lo que pasó con todas las personas que estaban dentro de esa iglesia. Era como si devorara a los hombres: se volvía cada vez más negra, semejaba totalmente al carbón de forja y se descamaba de manera horrible.

Tras esto (tras la horrible visión de la iglesia negra) fui, guiada por tres ángeles, a un lugar verdeante rodeado de muros, grande aproximadamente como el cementerio que está aquí ante la puerta;

Fui colocada allí como en una banqueta elevada. No sabía si estaba viva o muerta, pero tenía un gran vestido blanco. (AA.III.157)

El mayor de los tres me dijo: «¡Alabado sea Dios! Aquí todavía queda luz y verdor» entonces cayó del cielo, entre la iglesia negra y yo, como una lluvia de perlas brillantes y de piedras preciosas deslumbrantes...

Y uno de mis compañeros (uno de los tres ángeles) me ordeno recibirlas.

Después se fueron. No se si partieron todos; me acuerdo solamente que, en la gran ansiedad que me causaba la iglesia negra, no tuve el coraje de recibir las piedras preciosas. Pero cuando el Ángel volvió a mi, me preguntó si las había recogido y le respondí que no; entonces me ordeno hacerlo en seguida.

Entonces me incliné hacia delante y encontré todavía tres pequeñas piedras con las caras talladas como cristales. Estaban situadas por orden: la primera era azul, la segunda de un rojo claro, la tercera de un blanco brillante y transparente. Yo las llevaba a mis dos otros acompañantes que eran más pequeños que el primero, y, siempre marchando de aquí para allá, ellos las frotaban unas contra otras e hicieron surgir de ellas los más bellos colores y los más bellos rayos de luz que se extendieron por todo.

Allí a donde llegaban, el verdor renacía, la luz y la vida se propagaban. Vi también a un lado a la iglesia tenebrosa que se degradaba.

Después, de golpe, una gran multitud se extendió por el prado verdeante e iluminado, dirigiéndose hacia una villa luminosa.

Por el otro lado de la iglesia negra todo permanecía todavía en una noche sombría. (AA.III.156)

Quieren ellos ser un solo cuerpo en algo diferente que el Señor.

Se formó un cuerpo, una comunidad fuera del cuerpo de Jesús que es la Iglesia: una falsa Iglesia sin Redentor, en la que el misterio es no tener misterio. (AA.II.89)

Es cuando la ciencia se ha separado de la fe cuando nade esta Iglesia sin Salvador, las pretendidas buenas obras sin la fe, la comunión de los incrédulos teniendo la apariencia de virtud, en una palabra la anti-Iglesia cuyo centro está ocupado por la malicia, el error, la mentira, la hipocresía, la laxitud, los artificios de todos los demonios de la época. (AA.II.89)

 
LA COMUNIÓN DE LOS PROFANOS

Todo es (en esta «falsa iglesia») fundamentalmente malo; es la comunión de los profanos.

No se decir hasta donde todo lo que ellos hacen es abominable, pernicioso y vano. (AA.II.89)

¡Quieren ser uno solo cuerpo en algo diferente que el Señor! (AA.II.89)

Tuve una visión en la que vi a los otros en la falsa iglesia, edificio cuadrado, sin campanario, negro y sucio, con una cúpula elevada. Ellos estaban en gran intimidad con el espíritu que reinaba ahí. Esta iglesia está llena de inmundicias, de vanidades, de necedad y de oscuridad. Casi nadie de ellos conocía las tinieblas en medio de las cuales trabajaba. Todo es puro en apariencia: pero no es más que vacío. (AA.II.88)

(La falsa iglesia) está llena de orgullo y de presunción, y con eso destruye y conduce al mal con toda clase de buenas apariencias. Su peligro está en su inocencia aparente (AA.II.89)

Ellos hacen y quieren cosas diferentes: en ciertos lugares su acción es inofensiva: además trabajan para corromper a un pequeño número de sabios, y así todos juntos desembocan en un centro, en una cosa mala por su origen, en un trabajo y en una acción fuera de Jesucristo por el cual únicamente toda vida es santificada y fuera del cual todo pensamiento y toda acción permanecen como el imperio de la muerte y del demonio. (AA.II.89)

Me encontraba en un navío agujereado y estaba tumbada en el fondo, en el único lugar que estaba intacto: las personas estaban sentadas en los dos bordes del navío. Yo oraba continuamente para que no fueran precipitados a las olas: sin embargo ellos me maltrataban y me daban patadas. Veía a cada instante el navío a punto de hundirse y estaba muerta de miedo. (AAA.III.147)

Finalmente ellos fueron obligados a conducirme a tierra donde mis amigos me esperaban para llevarme a otro lugar.

Yo rezaba siempre para que estos desdichados desembarcasen también...

... pero a penas estaba sobre la orilla que el navío se hundió y ninguno de los que allí estaban pudo salvarse, lo cual me llenó de tristeza. En el lugar donde fui había una gran abundancia de frutos. (AA.III.147)

Cuando miraba debajo de mi, vi muy distintamente, a través de un velo de color sombrío, los errores, extravíos y los pecados innumerables de los hombres, y con que necedad y que maldad ellos actuaban contra toda verdad y toda razón. Vi escenas de toda especie: volví a ver el navío en peligro, llevando a estos hombres convencidos de su inmenso mérito y admirados también por muchos otros, pasar cerca de mí sobre un mar peligroso y yo esperaba que en cualquier momento perecerían. Vi entre ellos a sacerdotes y sufrí profundamente para ayudarles a volver al arrepentimiento. (AA.III.149)

¡Vi tantos traidores! Ellos no soportan que se les diga: «esto va mal». Todo está bien ante sus ojos con tal de que puedan glorificarse con el mundo. (AA.III.184)

  
EL PAPA TRAICIONADO

Vi al Papa en oración; estaba rodeado de falsos amigos que a menudo hacían lo contrario de lo que decía. (AA.II.203)

Vi al santo Padre en una gran tribulación y una gran angustia que afectaba a la Iglesia. Le vi muy rodeado de traiciones. (AA.II.414)

¡Ellos quieren quitar al pastor el prado que le es propio! ¡Quieren imponer otro que deja todo en manos de los enemigos! Entonces, tomada por la cólera, ella elevaba el puño cerrado diciendo: ¡Alemanes Bribones! ¡Escuchad! ¡no lo conseguiréis! ¡El pastor está en una rocalla! ¡Ustedes, sacerdotes, no se mueven! ¡Dormís y la granja arde por todos los lados! ¡no hacéis nada! ¡como lloraréis por eso un día! (AA.III.184)

Vi que, en ciertos casos de extrema desdicha, el Papa tiene visiones y apariciones (AA.II.414)
  

EL FALSO ECUMENISMO

Vi, bajo una imagen de varios jardines formando un círculo alrededor mío, la relaciones del Papa con los obispos. Vi al Papa mismo sobre su trono, colocado como en un jardín. Vi en diversos jardines, los derechos y los poderes de estos obispos, bajo forma de plantas, flores y frutos, y vi relaciones, corrientes, influencias, como hilos o rayos yendo de la sede de Roma a los jardines. Vi sobre la tierra, en estos jardines, la autoridad espiritual del momento: vi en el aire, encima de ellos, la cercanía de nuevos obispos. Así, por ejemplo, vi en el aire (en el futuro), encima del jardín donde se encontraba el severo superior (el obispo de entonces, severo porque era firme en la fe), un nuevo obispo mitrado, la mitra y todo lo demás. Vi alrededor de él protestantes que querían hacerle descender en el jardín, pero no con las condiciones que el Papa había exigido. (AA.III.128)

Ellos buscaban infiltrarse por toda clase de medios: desordenaban ciertas partes del jardín donde plantaban malas semillas. Les vi tanto en un lugar, tanto en otro, cultivar, o dejar en baldío, demoler y no quitar los escombros, etc. todo estaba lleno de trampas y de ruinas. Les vi interceptar y desviar las vías que iban al Papa. (AAA.III.128)

Vi a continuación que cuando ellos introducían el obispo de la manera que se habían propuesto, él era intruso, introducido contra la voluntad del Papa y que no poseía legítimamente la autoridad espiritual. (AA.III.128)

Vi, por lo que creo, casi todos los obispos del mundo, pero un pequeño número solamente perfectamente sano. (AA.III.136)

Vi todo lo que respecta al protestantismo tomar cada vez más poder, y la religión caer en decadencia completa. (AA.III.137)

Había en Roma, incluso entre los prelados, muchas personas de sentimientos poco católicos que trabajaban para el éxito de este asunto (la fusión de las iglesias).

Vi también en Alemania a eclesiásticos mundanos y protestantes iluminados manifestar deseos y formar un plan para la fusión de las confesiones religiosas y para la supresión de la autoridad papal. (AA.III.179)

¡... y este plan tenía, en Roma misma, a sus promotores entre los prelados! (AA.III.179)

Ellos construían una gran iglesia, extraña y extravagante; todo el mundo tenía que entrar en ella para unirse y poseer allí los mismos derechos; evangélicos, católicos, sectas de todo tipo: lo que debía ser una verdadera comunión de los profanos donde no habría más que un pastor y un rebaño. Tenía que haber también un Papa pero que no poseyera nada y fuera asalariado. Todo estaba preparado de antemano y muchas cosas estaban ya hechas: pero en el lugar del altar, no había más que desolación y abominación. (AA.III.188)

  
PROFANACIÓN DE LA EUCARISTÍA

Vi muy a menudo a Jesús mismo cruelmente inmolado sobre el altar por la celebración indigna y criminal de los santos misterios. Vi ante los sacerdotes sacrílegos la santa Hostia reposar sobre un altar como un Niño Jesús vivo que ellos cortaban en trozos con la patena y que martirizaban horriblemente. Su misa, aunque realizando realmente el santo sacrificio, me parecía como un horrible asesinato. (CC.89)

... la devoción al Santísimo Sacramento caería completamente en decadencia y el sacramento mismo en el olvido. Ella decía esto aplicándolo particularmente a esa parte de la Iglesia en la que vio todas las cosas desecarse y morir ante el progreso de las luces y bajo el régimen de la libertad, de la caridad y de la tolerancia. (AA.III.164)

Veo los enemigos del Santísimo Sacramento que cierran las Iglesias e impiden que se le adore, acercarse a un terrible castigo. Yo los veo enfermos y en el lecho de muerte sin sacerdote y sin sacramento (AA.III.167)

La fiesta del Santísimo Sacramento se había vuelto una necesidad porque en esa época (la de su institución) la adoración que le era debida estaba muy descuidada y la Iglesia debía proclamar su fe por una adoración pública. No hay fiesta y devoción establecidas por la Iglesia, artículo de fe promulgado por ella que no sean indispensables, necesarios y exigidos para el mantenimiento de la verdadera doctrina en una época dada. (AA.II.286)

  
LA BENDICIÓN DESCUIDADA

Es muy triste que los sacerdotes, en nuestro tiempo,  sean tan indiferentes en lo que toca al poder de bendecir. Se diría a menudo que ya no saben lo que es la bendición sacerdotal; muchos a penas creen en ella y se avergüenzan de la bendición como de una ceremonia anticuada y supersticiosa.

Muchos, finalmente, no reflexionan nada en esa virtud y en esa gracia que se les ha dado por Jesucristo y tratan la cosa muy ligeramente. Como el Señor ha instituido el sacerdocio y le ha transmitido el poder de bendecir, me es necesario languidecer y consumirme en el deseo de recibir la bendición. Todo en la Iglesia no hace más que un solo cuerpo: el rechazo de una parte hace que la otra quede afectada. (AA.I.523)

LA ANARQUÍA EN LA IGLESIA

No hay más que una Iglesia, la Iglesia católica romana. Y cuando no quedare sobre la tierra más que un católico, este constituiría la Iglesia una, universal, es decir católica, la Iglesia de Jesucristo, contra la cual las puertas del infierno no prevalecerán.

El conocimiento de la grandeza y de la magnificencia de esta Iglesia, en la cual los sacramentos son conservados con toda su virtud y su santidad inviolable, es desgraciadamente una cosa rara en nuestros días, incluso entre los sacerdotes. Y es porque tantos sacerdotes no saben ya más lo que ellos son y no comprenden más el sentido de esta palabra, «pertenecer a la Iglesia».

Es algo muy grande, pero también algo imposible sin la verdadera luz, sin la simplicidad y la pureza, el vivir según la fe de esta santa Iglesia. (AA.I.528)

Veo en todos ellos, incluso en los mejores de entre ellos, un orgullo espantoso, pero en ninguno veo humildad, simplicidad, obediencia. Son terriblemente vanos de la separación en la que viven. Hablan a veces de fe, de luz, de cristianismo vivo; pero menosprecian y ultrajan la santa Iglesia en la cual únicamente hay que buscar la luz y la vida. (AA.I.535)

Se sitúan por encima de todo poder y de toda jerarquía eclesiástica y no conocen ni la sumisión ni el respeto hacia la autoridad espiritual. En su presunción, pretenden comprenderlo todo mejor que los jefes de la Iglesia e incluso que los santos doctores. Rechazan las buenas obras y quieren sin embargo poseer toda perfección, ellos que, con su pretendida luz, no juzgan necesarias la obediencia, ni las reglas de disciplina, ni mortificaciones, ni penitencia. Yo los veo siempre alejarse cada vez más de la Iglesia, y veo un mal porvenir para ellos. (AA.I.536)

Ninguna desviación lleva a consecuencias tan desastrosas y es tan difícil de curar como este orgullo del espíritu por consecuencia del cual el hombre pecador pretende llegar a la suprema unión con Dios sin pasar por el camino laborioso de la penitencia, sin practicar incluso las primeras y las más necesarias de las virtudes cristianas y sin otra guía que el sentimiento íntimo y la luz que da al alma la certeza infalible que Cristo opera en ella. (AA.I.536)

Estos «iluminados», los veo siempre en una cierta relación con la venida del Anticristo, ya que ellos también, por sus manejos, cooperan en el cumplimiento del misterio de iniquidad. (AA.I.536)

  
¡JESÚS! ¡JESÚS! ¡JESÚS!

¡Cristo para nosotros! ¡Cristo en nosotros! (AA.I.536)

Ellos habían rechazado todo juicio de la autoridad legítima de la Iglesia, que únicamente ella ha recibido su poder de Dios, que únicamente ella tiene misión para poder decidir sobre la verdad o falsedad de estos tipos de manifestaciones interiores; ellos se habían puesto por encima de las reglas de la fe y de los mandamientos divinos y habían por ello quitado toda barrera que hubiera podido preservar a estos infortunados de este mal cuya influencia desastrosa hacían crecer como una simiente de maldición por todo lugar por donde pasaban. (AA.I.537)

Jesús les habló de diferentes sectas religiosas que existían entonces, y que Él las describió como sepulcros blanqueados y llenos de la corrupción más espantosa. (BB.II.180)

El tiempo del Anticristo no está tan próximo como algunos creen. Habrá todavía algunos precursores. He visto en dos ciudades doctores, de cuya escuela podrían salir estos precursores. (AA.II.441)

... ella vio el cese del sacrificio en la época del Anticristo (AA.II.492)

27 de junio de 1822 – He tenido un penoso trabajo que hacer en una iglesia en la que se había, por temor a una profanación, cerrado y tapiado el Santísimo Sacramento en un pilar y donde se decía la misa en secreto en una bodega debajo de la sacristía. No puedo decir donde ocurría esto: la iglesia era muy vieja y tenía yo un terror mortal de que el sacramento estuviera expuesto a algún peligro. Entonces mi conductor me exhortó de nuevo a orar y a pedir con todo mi conocimiento oraciones para la conversión de los pecadores y sobre todo para que los sacerdotes tengan una fe firme: ya que los tiempos muy difíciles se acercan: los no católicos quieren por todos los medios posibles disputar y quitar a la Iglesia todo lo que es de su dominio. La confusión será cada vez mayor. (AA.II.475)

 
EL HEDONISMO Y LA CRUZ

... se guardaba silencio sobre la cruz, sobre el sacrificio y la satisfacción, sobre el mérito y el pecado, donde los hechos, los milagros y los misterios de la historia de nuestra redención debían dejar paso a «profundas teorías de la revelación», donde el hombre-Dios, para ser soportado, sólo debía ser presentado como «el amigo de los hombres, de los niños, de los pescadores», donde su vida no tenía valor más que como «enseñanza», su Pasión como «ejemplo de virtud», su muerte como «caridad» sin objeto; donde se le quitaba al pueblo creyente el antiguo catecismo que se reemplazaba por «historias bíblicas» donde la falta total de doctrina debía de ser velada bajo «un lenguaje ingenuo al alcanza de todas las inteligencias»; donde los fieles estaban forzados a «cambiar todos sus libros de piedad», sus viejas formulas de plegaria y sus antiguos cánticos por producciones de fábrica moderna «tan malas y tan impías» como aquellas por las que se intentaba reemplazar el misal, el breviario y el ritual. (AA.II.415)

No es solamente para los incrédulos y los enemigos de Dios que combatían a la santa Iglesia con todas las armas de la violencia y de la astucia, que la cruz era una locura y un escándalo, sino que, al margen de los hombres que no querían renegar de la fe en Jesucristo, uno se asustaba del número de aquellos que comprendían todavía el testimonio del príncipe de los Apóstoles: «Sabed que no habéis sido buscados por el oro y la plata, cosas perecederas, sino por la sangre preciosa de Cristo, como por la de un cordero sin mancha.»

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17 Abril 2012

HELLO KITTY

NO TODO LO QUE BRILLA ES ORO.
AQUI UN EJEMPLO CLARO DE LOS ENGAÑOS DEL ENEMIGO PARA ATAR A LA GENTE, EN ESPECIAL A LOS NIÑOS.

HELLO KITTY
QUIEN ES?
 Kitty es un personaje ficticio producido por la compañía japonesa Sanrio y ha sido por mucho tiempo la más popular de esta compañía.
El personaje es una gata blanca con forma antropomorfa y muy geométrica, con un distintivo lazo u otra decoración en su oreja izquierda. Desde 1976 obtuvo derechos de autor y es ahora una marca conocida globalmente.
Hello Kitty fue creada originalmente por la diseñadora Ikaka Shimizu en 1974. Shimizu abandonó la compañía un año después. El segundo diseñador, Yuko Yamaguchi, está al cargo hasta la actualidad.

Hello Kity fue diseñada hace 33 años por una persona Japonesa, junto con la compañía Sanrio, resulta que esta “tierna y simpática” muñeca ha dado mucho que hablar a raíz de su historia verdadera la persona “X” Japonesa tenía una hija que tuvo problemas en la boca una niña de 14 años de edad.... ella estaba en la fase terminal de cáncer de boca. los médicos ya habían arrancado todas las esperanzas de la familia en relación a la cura de la niña, la madre de la niña, desesperada, tomo una decisión fuerte
La madre de la niña recurrió a los sacerdotes, Pastores e iglesias pero según ella no le dieron resultado ni sanaron el cáncer de la niña por ese motivo ella no tuvo otro camino que recurrir a el Ocultismo y al Satanismo, allí ella encontró a alguien que si la podía ayudar se le presento un demonio pero ¿¿Que es un demonio?? Es un ángel caído. Cuando el ángel Lucifer conocido ahora como Satán se rebelo contra Dios, un grupo de Ángeles los siguio esos son los demonios.
Así como los Ángeles sirven a Dios, los demonios llevan a cabo mucho el trabajo sucio de Satán. En el Nuevo Testamento siempre aparecen como hostiles a los seres humanos. Son capaces de causar enfermedades (Mateo 4.24; 12.22; Lucas 4.35) y trastornos mentales (Marcos 5.2-20; Lucas 8.27-39).
Y el demonio tuvo una conversación con ella entonces le dijo que por favor sane a su hija y él le dijo que la sanaba, pero eso si ella tenía que hacer un pacto y ella acepto lo que le propuso, le hizo una promesa de fabricar una marca que fuese famosa en todo el mundo. en este caso sería *hello* *kitty*, posteriormente el diablo curo a la niña, la madre cumplió su promesa... creo a hello kitty.....

A simple vista notamos que hello kitty no tiene boca debido al caso de cáncer en la boca.... hello kitty: es un símbolo de la nueva era, una secta que va en contra de todos los principios de dios. Ella busca crear símbolos bonitos para agradar a todos...
Entonces así fue como ella creo a hello kitty sin boca tan tierna ya que el diablo es engañador y ahora todos la siguen el sano a su hija del cáncer que la agobiaba pero quedo sin el habla así que hello kitty no tiene boca pero así dicen que lo que a ella le encanta es la tarta de manzana pero por donde come?. También se cuenta que las ganancias son el tributo que le ofrece al diablo por sanar a su hija y que cada vez que alguien compra un artículo de esta marca está rindiendo tributo.
La Biografía de la vida de la Diseñadora no existe porque ella no va hablar de todo esto ya que hello kitty es tan famosa y ella tiene q cumplir su pacto.

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2 Abril 2012

SOBRE EL TERCER SECRETO DE FATIMA PARTE 1

El Tercer Secreto, 

 
El Cardenal Oddi declara que el Tercer Secreto de Fátima «nos advierte contra la apostasía que tendrá lugar en el seno de la propia Iglesia.» El Cardenal Ciappi afirma que en el Tercer Secreto «se predice, entre otras cosas, que la gran apostasía en la Iglesia comenzará por lo alto.» En resumen: La apostasía se irradiará, a partir del Vaticano, hasta los más longincuos puntos de la Iglesia.
El Papa Juan Pablo II decia que el Mensaje de Fátima es una advertencia sobre el inminente atentado a la Fe Católica, iniciado en el seno de la propia Iglesia, lo cual nos recomienda precaución acerca del peligro que representan las «estrellas del Cielo» que se volvieron apóstatas (Apoc. 12:4) en nuestro tiempo.
El Obispo D. João Venancio, segundo Obispo de Leiria [diócesis a que pertenece Fátima], es un testigo ocular de que el texto del Tercer Secreto está escrito en una hoja de papel, con márgenes de 7,5 mm de ambos lados de la página y con unas 25 líneas de texto. 
Todos los testigos coinciden en sus declaraciones

     La declaración de cada uno de los testigos que se manifestaron sobre este punto conduce a una misma conclusión: la parte que falta del Tercer Secreto de Fátima predice una desastrosa pérdida de Fe y de disciplina entre los miembros de la Iglesia, es decir: prevé una gran apostasía. Recordemos los testimonios que, sobre está cuestión, hemos mencionado en el Capítulo 4.

El Papa Pío XII
      Me preocupan los mensajes de la Santísima Virgen a Lucía de Fátima. Esa persistencia de María sobre los peligros que amenazan a la Iglesia es un aviso del Cielo contra el suicidio que significa alterar la Fe en Su liturgia, en Su teología y en Su espíritu. (…)
El Padre Joseph Schweigl
     No puedo revelar nada de lo que me he enterado en Fátima acerca del Tercer Secreto; lo que puedo decir es que tiene dos partes: una se refiere al Papa; la otra, lógicamente (aunque no deba decir nada sobre ella), tendría que ser la continuación de las palabras: «En Portugal, se conservará siempre el dogma de la Fe».
El Padre Fuentes
     Con relación al Tercer Secreto, en 1958, con Imprimatur y con la aprobación del Obispo de Leiria (diócesis a que pertenecía Fátima), el P. Fuentes publicó las siguientes revelaciones de la Hermana Lucía:

     Padre, la Santísima Virgen está muy triste, porque nadie hace caso a su Mensaje, ni los buenos ni los malos. Los buenos, porque prosiguen su camino de bondad; pero sin hacer caso a este mensaje. Los malos, porque no viendo el castigo de Dios actualmente sobre ellos, a causa de sus pecados, prosiguen también su camino de maldad, sin hacer caso a este Mensaje. Pero, créame, Padre, Dios va a castigar al mundo, y lo va a castigar de una manera tremenda. El castigo del cielo es inminente.
     ¿Qué falta, Padre, para 1960; y qué sucederá entonces? Será una cosa muy triste para todos; y no una cosa alegre si antes el mundo no hace oración y penitencia. No puedo detallar más, ya que es aún secreto que, por voluntad de la Santísima Virgen, solamente pudieran saberlo tanto el Santo Padre como el señor Obispo de Fátima; pero que ambos no han querido saberlo para no influenciarse.
      Es la tercera parte del Mensaje de Nuestra Señora, que aún permanece secreto hasta esa fecha de 1960.
     Dígales, Padre, que la Santísima Virgen, repetidas veces, tanto a mis primos Francisco y Jacinta, como a mí, nos dijo; Que muchas naciones de la tierra desaparecerán sobre la faz de la misma, que Rusia sería el instrumento del castigo del Cielo para todo el mundo, si antes no alcanzábamos la conversión de esa pobrecita Nación (...)”.
     Padre, el demonio está librando una batalla decisiva con la Virgen; y como sabe qué es lo que más ofende a Dios y lo que, en menos tiempo, le hará ganar mayor número de almas,está tratando de ganar a las almas consagradas a Dios, ya que de esta manera también deja el campo de las almas desamparado, y más fácilmente se apodera de ellas.
      Lo que más les aflige al Corazón Inmaculado de María y al Sagrado Corazón de Jesús esla pérdida de las almas de los Religiosos y de los Sacerdotes. El Demonio sabe que los Religiosos y los Sacerdotes que fracasan en su sublime vocación arrastran consigo al infierno numerosas almas (...) El Demonio quiere apoderarse de las almas consagradas.Intenta corromperlas a fin de adormecer las almas de los laicos y de ese modo llevarlas a la impenitencia final.
El Padre Alonso
     Poco antes de fallecer en 1981, el P. Joaquín Alonso, archivero oficial de Fátima durante dieciséis años, declaró lo siguiente:

      Sería, pues, del todo probable que en ese período «intermedio» a que nos estamos refiriendo el texto haga referencias concretas a la crisis de fe de la Iglesia y a la negligencia de los mismos Pastores (...) se trata de luchas intestinas en el seno de la misma Iglesia y de graves negligencias pastorales de altos Jerarcas.
     En el período, pues, que precede al gran triunfo del Corazón de María suceden algunas cosas tremendas que son objeto de la tercera parte del secreto. ¿Cuáles? Si en Portugal se conservarán siempre los dogmas de fe..., se deduce con toda claridad que en otras partes de la Iglesia esos dogmas, o se van a oscurecer, o hasta se van a perder.
     ¿Habla de circunstancias concretas el texto inédito? Es muy posible que no hable únicamente de una verdadera «crisis de fe» en la Iglesia de este período intermedio, sino que como, por ejemplo lo hace el secreto de La Salette, haya referencias más concretas a las luchas intestinas de los católicos; a las deficiencias de sacerdotes y religiosos; tal vez se insinúen las deficiencias mismas de la alta Jerarquía de la Iglesia.

     Según el juicio de algunos altos jerarcas [el Secreto] no añade nada [literalmente: ‘nada diferente’] a lo que un Cristiano debe saber acerca de la Revelación: es un llamamiento radical a la conversión; la importancia absoluta de la historia, los peligros amenazando la fe y la vida del Cristiano, y por tanto la del mundo. Y entonces la importancia de los ‘novissimi’ [los últimos acontecimientos al final del tiempo]. Si no se ha hecho público – por lo menos al presente – es  para evitar que la profecía religiosa sea tomado equivocadamente por una búsqueda de lo sensacional [literalmente: ‘por el sensacionalismo’]. Pero las cosas contenidas en este ‘Tercer Secreto’ corresponden a lo que ha anunciado la Santa Escritura y tantas veces lo que ha dicho muchas otras apariciones marianas, en primer lugar la de Fátima en la parte ya conocida de su contenido. La conversión y la penitencia son las condiciones esenciales para la ‘salvación’. (11 de noviembre de 1984)
D. Alberto Cosme do Amaral
     El contenido [del Tercer Secreto] se refiere únicamente a nuestra Fe. (...) Asociar el [Tercer] Secreto a previsiones catastróficas o a un holocausto nuclear es deformar el sentido del Mensaje. La pérdida de la Fe en un continente es peor que la desaparición de una nación; y la verdad es que la Fe viene disminuyendo continuamente en Europa.
     Es importante observar que, dentro de la febril tentativa de ocultar y suprimir la verdad sobre Fátima, D. Alberto Cosme do Amaral fue constreñido a retractarse de sus comentarios, poco después de haberlos hecho. Sin embargo, diez años después y protegido por la jubilación, el Obispo, durante una entrevista pública en 1995, ratificó informalmente su testimonio, añadiendo a las evidencias un detalle esencial: «Antes de afirmar en Viena (en 1984) que el Tercer Secreto se refiere únicamente a nuestra Fe y a la pérdida de la Fe, yo había consultado con la Hermana Lucía y obtuve previamente su aprobación.»Por consiguiente, fue la misma Hermana Lucía quien, una vez más y de modo indirecto, confirmó que la versión completa del verdadero Tercer Secreto de Fátima  predice una apostasía en la Iglesia.

El Cardenal Oddi
     [El Tercer Secreto] no tiene nada que ver con Gorbachov. La Santísima Virgen nos está alertando sobre la apostasía en la Iglesia.
El Cardenal Ciappi
     A estos testimonios debemos añadir otros dos. El primer testigo es el Cardenal Mario Luigi Ciappi, que era precisamente el Teólogo papal personal del Papa Juan Pablo II. En un comunicado particular a un cierto Profesor Baumgartner, en Salzburgo, el Cardenal Ciappi le reveló que:

     En el Tercer Secreto se predice, entre otras cosas, que la gran apostasía en la Iglesia comenzará por lo alto.
El Padre Valinho
     El segundo testigo es el P. José dos Santos Valinho, sobrino de la Hermana Lucía. En el libro de Renzo y Roberto Allegri que lleva por título Reportage su Fatima [Milán, 2000], providencialmente publicado poco antes de la divulgación de la visión del Tercer Secreto y de la publicación de EMF por Ratzinger/Bertone, el P. Valinho declaró que, al parecer, el Tercer Secreto predecía la apostasía en la Iglesia.

     En resumen: Cada uno de los testigos sobre este asunto (incluso el Cardenal Ratzinger, en 1984), hizo sus declaraciones en un mismo sentido: que el contenido del Tercer Secreto de Fátima se refiere a una crisis de Fe en la Iglesia Católica, a una apostasía, con funestas consecuencias para el Mundo entero; no hubo ni un solo testigo que hubiese negado que es precisamente eso lo que predice el Tercer Secreto; y que la Hermana Lucía nunca rectificó ninguno de estos testimonios, aun cuando, durante toda su vida, no vaciló en corregir quienes distorsionan el contenido del Mensaje de Fátima.

Por dos veces el Papa Juan Pablo II
ha revelado la esencia del Secreto
     Como si no bastase todo esto, el Papa Juan Pablo II, en dos ocasiones, en sus sermones en Fátima, ratificó lo más esencial del Tercer Secreto. Todo lleva a creer que el Santo Padre divulgó los elementos esenciales del Tercer Secreto en el sermón del 13 de mayo de 1982, en Fátima, y los volvió a ratificar el 13 de mayo de 2000, en Fátima, en el sermón proferido durante la beatificación de los videntes Jacinta y Francisco Marto.

     En la primera ocasión, el Papa preguntó en su sermón: «Con toda la fuerza de Su Amor, que se nutre en el Espíritu Santo y que desea la salvación de todos, ¿podría la Madre permanecer en silencio acerca de aquello que socava los propios fundamentos de la salvación de Sus hijos?» Y Él mismo respondió: «¡No, no puede!» En este caso, el propio Papa nos dice que el Mensaje de Fátima hace alusión a una advertencia de Nuestra Señora, de que los propios fundamentos de nuestra salvación están siendo socavados. Obsérvese el sorprendente paralelo entre ese testimonio y el del Papa Pío XII, que nos habló del suicidio que significaba alterar la Fe en la liturgia de la Iglesia, en Su teología y en Su espíritu.

     Posteriormente, el 13 de mayo de 2000, en su sermón durante la ceremonia de la beatificación, el Papa advirtió a los fieles con estas palabras:

      «Y se vio otra señal en el Cielo: He aquí un gran Dragón.» (Apoc. 12:3) Estas palabras de la primera lectura de la Misa nos hacen pensar en el ingente combate entre el Bien y el Mal, y nos muestran que, cuando el hombre se aleja de Dios, no consigue alcanzar la felicidad, sino que acaba destruyéndose a sí propio (...)
      El Mensaje de Fátima es un llamamiento a la conversión, y alerta a la Humanidad a que no haga el juego del “dragón”, cuya “cola arrastraba la tercera parte de las estrellas del Cielo y las lanzó a la Tierra” (Apoc. 12:4) (…)
     La finalidad última del hombre es el Cielo, su verdadera casa, donde el Padre celestial espera a todos, con Su amor misericordioso. Dios no desea que nadie se pierda, y por eso, hace dos mil años, envió a Su Hijo a la Tierra, para “buscar y salvar lo que estaba perdido” (Luc. 19:10) (…)
      Con Su maternal desvelo, la Santísima Virgen vino aquí, a Fátima, a pedirle a los hombres que “no ofendan más a Dios Nuestro Señor, que ya está muy ofendido.” La aflicción de madre le estimula a decir que el destino de Sus hijos corre peligro. Y por eso le pide a los pastorcitos: “Rezad, rezad mucho, y haced sacrificios por los pecadores, pues van muchas almas al Infierno, por no tener quien se sacrifique y pida por ellas.»
     Ya hemos señalado que Su Santidad citó el Capítulo 12, versículos 3 y 4, del Apocalipsis, y que la referencia a esos versículos se interpreta generalmente como significando que una tercera parte del Clero católico será arrastrada desde su sublime posición, debido a la pérdida de la Fe o a la corrupción moral — que es lo que vemos claramente entre el Clero en la actualidad. Repárese en la total coincidencia entre la homilía del Papa y la advertencia transmitida por la Hermana Lucía al P. Fuentes sobre cómo «sabe el Demonio que los Religiosos y los Sacerdotes que pierden su sublime vocación arrastran consigo numerosas almas al Infierno».

     Por consiguiente, parece muy claro que Juan Pablo II quiso decirnos que el Tercer Secreto se refiere a la gran Apostasía prevista en las Sagradas Escrituras. ¿Qué motivo habría tenido Su Santidad para no expresar todo esto de un modo directo, explícito, y, por el contrario, lo dijo de un modo un tanto misterioso, usando un lenguaje que sólo los más cultos podrían entender?¿Pretendería el Papa enviar una señal a los fieles de espíritu más perspicaz, sobre aquello que imaginaba que muy pronto sería revelado: la versión total del Tercer Secreto? Como sabemos, las cosas no salieron así, y sólo se nos ofreció la visión del Papa y el denominado “Comentario” en EMF. Al reconocer que afrontaba una fuerte oposición por parte de Cardenales  y de sus colaboradores, es posible que el Papa esperase poder divulgar, a través de su sermón, al menos la esencia del Secreto, con la esperanza de que, tarde o temprano, la verdad entera vendría a la luz. Es posible, además, que el Papa sintiese que no podía hablar abiertamente, por el simple motivo de haberse dejado rodear de Clérigos, Religiosos, Obispos y Cardenales que (ahora se daba cuenta), no merecían su confianza, pero que se sentía incapaz de sustituirlos. Continúan en los mismos cargos, son ellos quienes promueven la demolición de la Fe, y son ellos quienes se hallan en aquella tercera parte de las almas consagradas, arrancadas de sus cargos por el Demonio. Es posible que el Papa ni siquiera sepa quiénes son; o si lo sabe, es posible que se dé perfecta cuenta de que no puede denunciarlos públicamente, ya que se expondría a que le hiciesen daño y se hiciera un escandalo en la Igledia (Recordemos la repentina muerte del Papa Juan Pablo I.) Cualquiera que haya sido el motivo, lo cierto es que el Papa no se manifiesto con claridad meridiana, si bien se pueda, aun así, descubrir el sentido real de lo que dice. Como dijo Jesús cierta vez a Sus discípulos: «El que tiene oídos para oír, ¡que oiga!»

     Por lo tanto, además de la unanimidad de las declaraciones de todos los otros testigos,  desde el futuro Pío XII, en los años treinta, hasta el propio sobrino de la Hermana Lucía, en 2000, viene ahora el actual Pontífice a unir a la de aquéllos su propia voz: El Tercer Secreto predice una generalizada pérdida de la Fe y una caída de la Gracia entre los miembros del Clero, de niveles jerárquicos diversos.

     Pues bien. Las dos primeras partes del Secreto no mencionan absolutamente nada que se refiera a una apostasía en la Iglesia; ni tampoco la menciona aquella parte del Tercer Secreto en que se describe la visión del «Obispo vestido de Blanco». Así pues, considerando que todos los testigos afirman que el Tercer Secreto habla de una apostasía que irá a ocurrir en la Iglesia (aun cuando las partes del Mensaje de Fátima reveladas hasta el presente, incluso la visión del «Obispo vestido de Blanco», no la mencionen), la conclusión inevitable es que tiene que haber otra parte del Tercer Secreto, todavía no revelada. ¿Y que dirá, en realidad, esa parte?

     Lo más lógico es que comience con aquella frase indicativa, «En Portugal, se conservará siempre el dogma de la Fe, etc.», que el aparato estatal del Vaticano se esforzó en rebajar y ocultar, como si se tratara de una simple nota al pie de la página en el Mensaje de Fátima. Esa frase es la única referencia explícita, acerca de una futura apostasía, que aparece en las partes del Mensaje ya publicadas. (No obstante, añadimos rápidamente que, aunque no constase esa frase, aun así, por todas las demás evidencias, sería muy clara la evidencia de que el Tercer Secreto se refiere a una apostasía en el seno de la Iglesia.) De la parte divulgada del Mensaje de Fátima entero, es aquí, y sólo aquí, donde se menciona el tema de los dogmas de la Fe y de cómo se conservarán en Portugal.

     ¿Qué otro motivo podría haber tenido Nuestra Señora al mencionar la conservación del dogmaen Portugal, sino el de alertarnos que ese dogma no se conservaría en otras partes de la Iglesia? Como ya hemos sugerido más arriba, indudablemente ese “en otras partes” viene descrito en el texto que la Hermana Lucía resumió con aquel “etc.”

     Considerando que, en la visión publicada en 26 de junio de 2000, las únicas palabras de Nuestra Señora son las que ya se han mencionado, forzoso es deducir que las demás palabras que Ella pronunció, y que permanecen ocultas, se hallan, por decirlo así, en la “banda sonora” del Tercer Secreto, en que Nuestra Señora explicaría la visión. Aparentemente, esta visión mostraría el resultado final de la desastrosa pérdida de la Fe: el Papa y los miembros de la Jerarquía que restaron están siendo objeto de una “cazada humana” y, por fin, son asesinados en las afueras de una ciudad semidestruida, Roma, quizá después de un holocausto nuclear (y esto no es más que una mera especulación, puesto que nos faltan las palabras de Nuestra Señora).

     En efecto, esto encaja a la perfección en aquello que había admitido el Cardenal Ratzinger en 1984: que el Tercer Secreto se refiere a «los peligros amenazando la fe y la vida del Cristiano, y por tanto la del mundo». En sentido figurado, los cadáveres que rodean al Papa, quien con extrema dificultad se dirige a la colina donde los soldados lo asesinan, representarían las víctimas de la apostasía; y la ciudad semidestruida, el estado de la Iglesia en esa época de apostasía.

La peor de todas las amenazas:
el desaparecimiento del Dogma Católico
     Cuando, el 16 de mayo de 2001, la Madre Angélica declaró en la televisión norteamericana que «no hemos recibido la cosa completa» [es decir, la versión completa del Tercer Secreto] porque «yo creo que es aterrador», indudablemente tenía razón. No hay nada más asustador que el desaparecimiento generalizado de la Fe en la Iglesia, especialmente cuando el peligro proviene de «lo alto», según dijo el Cardenal Ciappi, teólogo personal del Papa, con relación al Tercer Secreto. La consecuencia de este peligro, si no se consigue evitar, será la condenación eterna de millones de almas. Y ¿quién sabe cuántas ya no se habrán perdido, por la falta de las saludables advertencias y consejos del Tercer Secreto?

     Sin embargo, la visión divulgada el 26 de junio de 2000 no indica nada que pueda ser entendido como asustador: en realidad, no hay nada tan asustador en la visión que justificase la decisión del Vaticano, de mantenerla debajo de siete llaves, durante cuarenta años. Y ciertamente por eso el Cardenal Ratzinger nos quería hacer creer que el Tercer Secreto, representado exclusivamente por la visión, no contiene «ninguna gran sorpresa», porque la «sorpresa» se encuentra en la conclusión todavía no divulgada de la frase «En Portugal, se conservará siempre el dogma de la fe, etc.» — aquella misma frase que el “Comentario” del Cardenal excluyó del texto integral de las palabras de Nuestra Señora, según la Cuarta Memoria de la Hermana Lucía.

     Pues bien: Cuando S.S. Juan Pablo II, en su sermón de 1982 en Fátima, se refirió a «aquello que socava los propios fundamentos de nuestra salvación», no hay duda que quiso dar a entender lo que lleva a la demolición de la Fe católica. Esto lo sabemos por lo que incesantemente nos enseña la Iglesia. Por ejemplo, dice el Credo de Atanasio: «El que desee salvarse, antes de nada tendrá que abrazar la Fe católica. Debe conservarla íntegra e inquebrantable; pues, de lo contrario, es seguro que perecerá por toda la eternidad.» El fundamento de nuestra salvación es pertenecer a la Iglesia Católica y conservar íntegra e inquebrantable nuestra Fe. Por consiguiente, el objetivo del Tercer Secreto sólo puede ser el desaparecimiento de dicho fundamento. Todos los testigos así lo afirman, y así lo afirmò también el Papa Juan Pablo II y la frase indicativa «En Portugal, se conservará siempre el dogma de la Fe, etc.»

     Como nos advirtió Nuestro Señor, «(...) ¿de qué le servirá a un hombre el ganar el mundo entero, si pierde su alma?» Si, debido a la nueva orientación de la Iglesia, al Nuevo Orden Mundial, a la Única Religión Universal, o a la promesa de paz y prosperidad en el Mundo, el hombre pierde su alma, de nada le servirá, pues arderá en el Infierno por los siglos de los siglos. Aunque sólo fuera por esto, el Tercer Secreto tiene, para nosotros, una importancia trascendental. Y no podría haber nada más trascendental que esto, ya que se refiere a la salvación de nuestras almas. Se refiere también a la salvación de las almas del Papa, de los Cardenales, Obispos, Sacerdotes; en resumen: de todos los seres humanos. Por consiguiente, el Tercer Secreto se refiere a cada hombre, a cada mujer y a cada niño sobre la faz de la Tierra, particularmente a los católicos.

     Recordamos aquí que, en 1984, el Cardenal Ratzinger admitió que el motivo para no divulgar, «por lo menos al presente», el Tercer Secreto, fue para «evitar el confundir la profecía religiosa con el sensacionalismo», una afirmación muy distante de la actual; o sea, de que según “La Línea del Partido”, del Cardenal Sodano el Tercer Secreto había culminado en 1981 con la frustrada tentativa de asesinato del Papa. Además, el Tercer Secreto es una profecía que empezó a cumplirse en 1960, año en que se haría “más clara”, según dijo la Herman Lucía. Y, como señala Fr. Michel, una profecía que se empieza a cumplir, se hace, por eso mismo, más clara. Por lo tanto, habiendo empezado a cumplirse alrededor del año 1960, es, naturalmente, una profecía que nos dice algo sobre nuestra época. Es, además, una amorosa advertencia de Nuestra Señora, y también un consejo sobre cómo afrontar este claro peligro dentro de la Iglesia en la actualidad.

     Vamos a examinar con más detalle en qué consiste esencialmente el Tercer Secreto. Según lo reconoció el Cardenal Ratzinger en 1984 (antes de que el Cardenal Sodano hubiese lanzado “La Línea del Partido” sobre Fátima), el Tercer Secreto se refería, antes de nada, a los peligros que amenazan la Fe. San Juan nos dice qué es lo que nos hace alcanzar victoria sobre el Mundo, es nuestra fe. Por lo tanto, para que el Mundo pudiese derrotar a la Iglesia, tendría primero que derrotar nuestra Fe de católicos.

     Así, pues, la esencia del Tercer Secreto dice respecto a las tentativas del Mundo, de derrotar nuestra Fe católica. 

     Observando con más detalle, el Secreto se refiere al dogma de la Fe. Nuestra Señora de Fátima afirmó que el dogma de la Fe, y no sólo “la Fe”, se conservaría para siempre en Portugal. ¿Por qué Nuestra Señora habrá hecho hincapié en ese dogma? Indudablemente, Nuestra Señora así lo hizo porque el Secreto es una profecía en que se anuncia, específicamente, que ese dogma de la Fe sería el blanco de todos los ataques contra la Iglesia, tanto los provenientes de dentro de ella, como los de afuera. Conforme nos advirtió Nuestro Señor en las Sagradas Escrituras, «Porque surgirán falsos Cristos y falsos profetas, y harán señales y prodigios para engañar, si fuera posible, a los mismos elegidos.» (Mc. 13:22) El Arrianismo también demostró que entre los falsos profetas se encuentran hasta sacerdotes y obispos. Podemos citar aquí la famosa descripción del Cardenal Newman, sobre aquel período de la Historia Eclesiástica: «Aquellos pocos que permanecieron fieles fueron desacreditados y relegados al exilio; los demás, o eran engañadores, o eran engañados.” En esos períodos de crisis, los católicos se deben orientar por los dogmas de la Fe.

     ¿Qué es un dogma? Un dogma es aquello que, de un modo infalible, ha sido definido por la Iglesia, y en lo que deben creer los católicos, para ser considerados como tales. Los dogmas de la Fe son aquellos incluidos en las solemnes e infalibles definiciones del Magisterio, es decir, el Papa, solo, cuando se manifiesta de tal modo que, sin ambigüedades, obliga a todos los miembros de la Iglesia a que crean en lo que proclama el Pontífice; o cuando preside un Concilio Ecuménico de todos los Obispos y proclama ciertas normas o definiciones que obligan a los fieles a aceptarlas; o cuando el Magisterio Universal y Ordinario de la Iglesia transmite alguna enseñanza.

     ¿Qué significa una definición dogmática,infalible? La palabra “infalible” significa «que no puede fallar». Por tanto, las definiciones de la Fe, solemnemente definidas por la Iglesia no pueden fallar. Nuestro conocimiento de lo que es la Fe y lo que son los dogmas se basa en dichas definiciones infalibles. Si creemos y aceptamos estas definiciones infalibles, no podemos estar engañados en temas definidos del modo como se describió aquí.

     ¿Cómo podemos saber que un tema fue definido infaliblemente como artículo de Fe católica? Por la forma como se presenta la enseñanza.
Cuatro fuentes de enseñanza infalible
     Son cuatro los principales medios para transmitir la enseñanza infalible de la Iglesia:
     Primero, mediante la promulgación, por los Papas y Concilios Ecuménicos, de Credos que enumeran todo lo que un católico tiene que creer para ser católico.

     Segundo, por medio de definiciones solemnes, que comienzan por «Nos declaramos, pronunciamos y definimos (…)» o por alguna otra fórmula semejante, que indica cabalmente la doctrina que el Papa (a solas o en conjunto con un Concilio Ecuménico) pretende que la Iglesia se comprometa a creer.

     Tercero, las definiciones del Magisterio Ordinario y Universal, o sea, la enseñanza constante de la Iglesia de un modo “ordinario”, desde siempre en toda parte, aunque tal enseñanza no se haya proclamado solemnemente con las palabras «Nos declaramos, pronunciamos y definimos (…)» (Un ejemplo de esto es la enseñaza constante de la Iglesia, a través de su Historia, de que las prácticas anticoncepcionales y abortivas son gravemente inmorales.)  

     Cuarto, los juicios del Papa, generalmente proposiciones condenatorias, y en las que ningúncatólico puede creer. Cuando un Papa (a solas, o en conjunto con un Concilio) condena solemnemente una proposición, sabemos, de modo infalible, que es contraria a la Fe católica.

     Un ejemplo de un Credo es la Profesión de Fe, promulgada por el Concilio de Trento, y que presentamos aquí bajo la forma de puntos, sin alterar las expresiones originales:

Yo, N. N., con fe firme, creo y profeso todas y cada una de las cosas que se contienen en el Símbolo de la fe usado por la santa Iglesia romana, a saber:

Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso, creador de cielo y tierra, de todo lo visible y lo invisible. Y en

un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, y nacido del Padre antes de todos los siglos; Dios de Dios, luz de luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, consustancial al Padre, por quien todo fue hecho;

por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre;

por nuestra causa fue también crucificado bajo Poncio Pilato, padeció y fue sepultado, y

resucitó al tercer día según las Escrituras, y subió al cielo; y

está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a los vivos y a los muertos, y su reino no tendrá fin.

Y en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas.

Y en la Iglesia, una, santa, católica y apostólica.

Reconozco un solo bautismo para el perdón de los pecados. Y espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro. Amén.

Admito y abrazo firmísimamente las tradiciones de los Apóstoles y de la Iglesia y las restantes observancias y constituciones de la misma Iglesia.

Admito igualmente la Sagrada Escritura conforme al sentido que sostuvo y sostiene la santa madre Iglesia, a quien compete juzgar del verdadero sentido e interpretación de las sagradas Escrituras, ni jamás la tomaré e interpretaré sino conforme al sentir unánime de los padres.

Profeso también que hay siete verdaderos y propios sacramentos de la Nueva Ley, instituidos por Jesucristo Señor Nuestro y necesarios, aunque no todos para cada uno, para la salvación del género humano,

a saber: bautismo, confirmación, Eucaristía, penitencia, extremaunción, orden y matrimonio; que confieren gracia y que de ellos, el bautismo, confirmación y orden no pueden sin sacrilegio reiterarse.

Recibo y admito también los ritos de la Iglesia católica recibidos y aprobados en la administración solemne de todos los sobredichos sacramentos.

Abrazo y recibo todas y cada una de las cosas que han sido definidas y declaradas en el sacrosanto Concilio de Trento acerca del pecado original y de la justificación.

Profeso igualmente que en la misa se ofrece a Dios un sacrificio verdadero, propio y propiciatorio por los vivos y por los difuntos, y que en el santísimo sacramento de la Eucaristía está verdadera, real y sustancialmente el cuerpo y la sangre, juntamente con el alma y la divinidad, de nuestro Señor Jesucristo, y que se realiza la conversión de toda la sustancia del pan en su cuerpo, y de toda la sustancia del vino en su sangre; conversión que la Iglesia católica llama transubstanciación

Confieso también que bajo una sola de las especies se recibe a Cristo, todo e íntegro, y un verdadero sacramento.

Sostengo constantemente que existe el purgatorio y que las almas allí detenidas son ayudadas por los sufragios de los fieles.

Igualmente, que los santos que reinan con Cristo deben ser venerados e invocados, y que ellos ofrecen sus oraciones a Dios por nosotros, y que sus reliquias deben ser veneradas.

Firmemente afirmo que las imágenes de Cristo y de la siempre Virgen María de Dios, así como las de los otros santos, deben tenerse y conservarse y tributárseles el debido honor y veneración.

Afirmo que la potestad de las indulgencias fue dejada por Cristo en la Iglesia, y que el uso de ellas es sobremanera saludable al pueblo cristiano.

Reconozco a la santa, católica y apostólica Iglesia romana como madre y maestra de todas las Iglesias, y

prometo y juro verdadera obediencia al Romano Pontífice, sucesor del bienaventurado Pedro, príncipe de los apóstoles y vicario de Jesucristo.

Igualmente recibo y profeso indubitablemente todas las demás cosas que han sido enseñadas, definidas y declaradas por los sagrados cánones y Concilios ecuménicos, principalmente por el sacrosanto Concilio de Trento [y por el Concilio ecuménico Vaticano, señaladamente acerca del primado e infalibilidad del Romano Pontífice] y al mismo tiempo:

Todas los cosas contrarias y cualesquiera herejías condenadas, rechazadas y anatematizadas por la Iglesia, yo las condeno, rechazo y anatematizo igualmente.

Esta verdadera fe católica, fuera de la cual nadie puede salvarse, y que al presente espontáneamente profeso y verazmente mantengo, y el mismo N. N. prometo, voto y juro que igualmente la he de conservar y confesar íntegra e inmaculada con la ayuda de Dios hasta el último suspiro de vida, con la mayor constancia, y que cuidaré, en cuanto de mí dependa, que por mis subordinados o por aquéllos cuyo cuidado por mi cargo me incumbiere, sea mantenida, enseñada y predicada: Así Dios me ayude y estos santos Evangelios.
     En lo que respecta a las solemnes e infalibles definiciones del Dogma católico, tenemos un ejemplo reciente en la Carta Apostólica del Beato Papa Pío IX, Ineffabilis Deus (1854), en que se proclama de modo infalible, el Dogma de la Concepción Inmaculada de María:

      Declaramos, proclamamos y definimos que la doctrina que sostiene que la beatísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de la culpa original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Cristo Jesús Salvador del género humano, está revelada por Dios y debe ser por tanto firme y constantemente creída por todos los fieles.
      Por lo cual, si alguno, lo que Dios no permita, pretendiere en su corazón sentir de modo distinto a como por Nos ha sido definido, sepa y tenga por cierto que está condenado por su propio juicio, que ha sufrido naufragio en la fe y se ha apartado de la unidad de la Iglesia, y que además, por el mismo hecho, se somete a sí mismo a las penas establecidas por el derecho, si, lo que en su corazón siente, se atreviere a manifestarlo de palabra o por escrito o de cualquier otro modo externo. (Cursiva, nuestra)

     Pues bien: En la mayor parte de los casos, el ataque a los dogmas ha sido más bien indirecto. Normalmente, la definición infalible no se niega de forma contundente, sino que se la van corroyendo por medio de la crítica o de la “revisión”. Los innovadores de la Iglesia no son tan estúpidos hasta el punto de afirmar, pura y simplemente, que una doctrina infalible de la Iglesia constituya un error. Puede incluso darse el caso de que, en su alegada “ilustración”, estos innovadores lleguen a pensar que están “profundizando” o “desarrollando” la enseñanza católica, para el bien de la Iglesia. Obsérvese que no estamos juzgando sus motivaciones subjetivas. Sin embargo, el efecto de aquello que practican es muy claro: el desmoronamiento de las doctrinas definidas de modo infalible por el Magisterio.

     Otro ejemplo de este insidioso desmoronamiento es el ataque que emprenden contra el dogma que declara que, “fuera de la Iglesia Católica, no hay salvación”. El Credo Tridentino, citado integralmente más arriba, afirma: «Esta verdadera fe católica, fuera de la cual nadie puede salvarse, y que al presente espontáneamente profeso y verazmente mantengo (…)» En el Capítulo 6 hemos mostrado cómo tantas y tantas veces el Magisterio declaró solemnemente este dogma: que fuera de la Iglesia Católica no hay salvación. Pues, a pesar de todo, este dogma es negado en la actualidad, y es constantemente socavado por un “ecumenismo” que afirma que ni los heréticos protestantes, ni los cismáticos ortodoxos tienen necesidad de retornar a la Iglesia Católica, puesto que esa exigencia no es más que una “eclesiología anticuada.” Y si en muchos lugares se niega sin rodeos ese dogma, en otros, no lo niegan directamente, pero en la práctica lo van destruyendo poco a poco, a través de ataques indirectos, reiterados e insidiosos, cuya consecuencia es que en estos lugares ya no creen ni aceptan ese dogma.

     Es innegable que, desde el Concilio Vaticano II, se han introducido en la Iglesia un montón de nociones extrañas, como si fueran “una evolución” de la Doctrina Católica, aun cuando esas innovaciones, al menos implícitamente, pero a veces de forma explícita, estuviesen en oposición y destruyesen las definiciones infalibles. Por ejemplo, la idea de que el documento conciliar Gaudium et Spes es un “Anti-Syllabus”, que se opone a las solemnes condenaciones del Beato Pío IX, ocasiona el completo desmoronamiento del infalible Magisterio. Esa afirmación constituye un ataque a la propia credibilidad de la misión docente de la Iglesia: y, por lo tanto, es un atentado contra el propio Dogma católico.

No puede haber “un nuevo entendimento”
del Dogma católico
     Este atentado posconciliar contra el Dogma, ya sea corrompiéndolo, ya sea oponiéndose a él mediante alguna contradicción implícita, no se puede justificar como si fuera “un  desarrollo”, ni como una “nueva lectura” del Dogma. De acuerdo con lo que enseñó solemnemente el Concilio Vaticano I: «Pues no fue prometido a los sucesores de Pedro el Espíritu Santo para que por revelación suya manifestaran una nueva doctrina, sino para que, con su asistencia, santamente custodiaran y fielmente expusieran la revelación transmitida por los Apóstoles o depósito de la fe.»

     Además, según enseñó el Concilio Vaticano I, no es posible ninguna otra “interpretación” de aquello que la Iglesia ya ha definido de un modo infalible:

      De ahí que también hay que mantener perpetuamente aquel sentido de los sagrados dogmas que una vez declaró la santa madre Iglesia y jamás hay que apartarse de ese sentido so pretexto y nombre de una más alta inteligencia.
     Por consiguiente, es un principio de la Fe católica, en que creemos, que Dios no ha revelado ninguna nueva doctrina desde la muerte del último Apóstol, San Juan, y que no ha surgido ninguna otra interpretación de la doctrina ni derivada del Vaticano II, ni de cualquier otro origen.

     Así, esta “nueva” doctrina, o “contradoctrina”, de que tanto se viene hablando desde el Concilio Vaticano II no es otra cosa sino una seudodoctrina, que se viene enseñado de una manera muy hábil: cuando esta seudodoctrina entra en contradicción con las doctrinas definidas de modo infalible, en ese caso los católicos deben permanecer fieles a dichas doctrinas infalibles, y rechazar las “nuevas”.

     El dogma de la Fe no puede engañar, pero las innovaciones sí pueden inducirnos a engaño. Las personas se pueden engañar; los Fieles se pueden engañar; los Sacerdotes se pueden engañar; los Obispos se pueden engañar; los Cardenales se pueden engañar, y hasta el Papa se puede engañar en asuntos que no incluyan Su carisma de infalibilidad, como sucedió con más de un Papa, que, según nos enseña la Historia, nos enseñó o quiso enseñarnos alguna innovación.

     Por ejemplo: En el año 680, el Tercer Concilio de Constantinopla condenó post mortem al Papa Honorio, por su coparticipación en una herejía;  dicha condenación recibió la aprobación del Papa León II y de otros Pontífices. — En el Siglo XIV (1333), el Papa Juan XXII profirió sermones (pero no definiciones solemnes) en que insistía que las bienaventuradas almas de los difuntos no disfrutarían de la Visión Beatífica hasta el Día del Juicio Final. Por ese motivo, fue denunciado y refutado por teólogos, y, finalmente, ya en su lecho mortuorio, se retractó de la doctrina herética.

     En este segundo ejemplo, los católicos cultos (y los teólogos lo eran) sabían que Juan XXII estaba engañado en su doctrina sobre el Juicio Particular. Sabían que había algún equívoco en aquella enseñanza, pues negaba aquello en que la Iglesia siempre había creído, aun cuando, hasta aquel momento, no se hubiese definido infaliblemente. Por eso, aquellos católicos del Siglo XIV que tenían conciencia de su Fe, no se limitaron a decir simplemente: «Bueno. Si el Papa dice esto en un sermón, tendremos que alterar nuestra Fe.» Lo que sí hicieron fue estudiar la enseñanza constante de la Iglesia, o sea, que los fieles difuntos disfrutan de la Visión Beatífica desde el mismo momento en que termina su permanencia en el Purgatorio, y llegaron a la conclusión de que Juan XXII estaba equivocado, y se lo hicieron saber.

     Después de ese suceso, el carácter inmediato de la Visión Beatífica fue solemne e infaliblemente definido en 1336 por el Sucesor de Juan XXII, lo cual normalizó aquel asunto y lo dejó al margen de cualquier debate ulterior — y precisamente por eso se hace necesaria una definición infalible. Eso se aplica también a todos los demás temas infaliblemente definidos por la Iglesia. Podemos y debemos confiar plenamente en estas definiciones infalibles, y rechazar todas las opiniones en contrario, aunque sean de un Cardenal, o hasta de un Papa.

     Hay otros ejemplos de Pontífices que estaban engañados. Incluso San Pedro, el primer Papa, se engañó (conforme se lee en la Sagrada Escritura), no por lo que hubiese hecho, sino por el ejemplo que dio: alrededor del año 50, en Antioquía, San Pedro rehusó sentarse a la mesa donde se hallaban gentiles convertidos. Por haberse apartado de aquellos convertidos, dio la falsa impresión de que el Primer Concilio de Jerusalén se engañaba en su enseñanza infalible, al afirmar que la ley ceremonial mosaica no se aplicaba a la Iglesia Católica. (Esa ley mosaica prohibía que los judíos se sentasen a comer con los “inmundos” gentiles.) Fue por causa de ese incidente por lo que San Pablo reprendió a San Pedro en su misma cara y en presencia de todos. (Gal. 2:11)

     Otro ejemplo más es el del Papa Liberio, quien, alrededor del año 357, cometió un engaño, al aprobar un Credo propuesto por los arrianos, en el que se omitía toda referencia de que el Hijo es consustancial al Padre. Cumple aclarar que el Papa Liberio sólo consintió en aprobar aquel Credo después de haber pasado dos años en el exilio, y bajo amenaza de muerte. Erró una vez más (bajo compulsión y en el exilio) cuando condenó y excomulgó equivocadamente (en realidad, solo dando la aparencia de excomulgación) a San Atanasio, que defendía la Fe contra la herejía arriana. Liberio, el primer Papa no canonizado por la Iglesia, cometió un error, porque Atanasio enseñaba la Doctrina Católica, la verdadera e infalible Doctrina, proclamada por el Concilio de Nicea en el año 325. Era la definición infaliblemente proclamada por el Concilio, y no la doctrina errónea del Papa Liberio, la que se debería haber aceptado en ese caso.

     La lección que aprendemos con estos ejemplos retirados de la Historia de la Iglesia es que todo aquello que se nos proponga como siendo artículo de Fe tiene que juzgarse a la luz de aquellas definiciones proclamadas de modo infalible. Por tanto, si un Cardenal, un Obispo, un Sacerdote, un Seglar o hasta el mismo Papa nos enseña alguna innovación contraria a cualquier definición de Fe, proclamada de aquel modo, podemos estar seguros de que dicha enseñanza es errónea y debe ser rechazada por el bien de nuestras almas inmortales. Sí, es verdad, hasta el propio Papa se puede engañar, y realmente se engaña cuando expresa una opinión contraria a cualquier definición solemne e infalible de la Iglesia Católica. Cuando eso ocurre, no significa que Ella se haya engañado: es el Papa quien se engaña, y no se puede imputar dicho engaño a toda la Iglesia. Por supuesto, si hasta el Sumo Pontífice se puede engañar enseñando alguna inovación, eso también le puede suceder a cualquier Cardenal, Obispo o Sacerdote cuando transmite su propia enseñanza o expresa sus propias opiniones.

     De todo esto resulta que, cuando Nuestra Señora se manifiesta sobre “el dogma de la Fe”, nos está advirtiendo del peligro que amenazará la Fe — y «la vida del Cristiano, y por tanto la del mundo», en las palabras de Su Santidad el Papa Benedictos XVI  — siempre que se contradigan o corrompan las definiciones dogmáticas y solemnes de la Fe católica; y que son esas definiciones las que constituyen el propio fundamento de la Fe católica, y, por ende, el fundamento de nuestra salvación. Esto tambien lo dijo S.S el Papa Juan Pablo II en 1982.

Por eso la Iglesia tiene definiciones de carácter infalible. Al confrontar toda y cualquier enseñanza con las definiciones solemnes e infalibles de la Iglesia, es posible saber si dichas enseñanzas son verdaderas o falsas, y no en razón del cargo o función eclesial de aquel que las haya transmitido. Conforme nos enseña San Pablo, «pero aun cuando nosotros o un ángel de Cielo os anunciase un Evangelio distinto del que os hemos anunciado, sea anatema.» (Gal. 1:8)  Obsérvese que los fieles deben considerar anatema — es decir, maldito, apartado de la convivencia de la Iglesia, réprobo del Infierno, y merecedor del fuego eterno — todo aquel que niegue o se oponga a la Doctrina infalible de la Iglesia, aun cuando se trate de un Apóstol. Por ese motivo, aquellos teólogos [del Siglo XIV] fueron capaces de rechazar las doctrinas erróneas que el Papa Juan XXII transmitía desde el púlpito y hasta corregirlo. Y por ese mismo motivo, los católicos de la actualidad tienen plenas condiciones de distinguir la doctrina correcta de la errónea, aun sabiendo que, jerárquicamente, se sitúan en un nivel inferior al del prelado que está cometiendo el error.

     Un excelente ejemplo de esto es el de un abogado llamado Eusebio, el cual denunció que Nestorio (ilustre Arzobispo de Constantinopla y el más importante prelado en la Jerarquía, inmediatamente abajo del Papa) cometiera un error al negar que la Santísima Virgen María fuese la Madre de Dios. Durante la celebración de la Misa de Navidad, se subió a un banco de la iglesia y denunció a Nestorio por predicar una herejía. Hasta aquel momento, ninguno de los sacerdotes y obispos, con más categoría, se había manifestado para denunciar la herejía de Nestorio. Así pues, un simple seglar estaba cierto, al paso que todos los demás estaban equivocados. El Concilio de Éfeso fue convocado para informarse de este asunto, de que resultó la solemne e infalible definición de que la Virgen María es la Madre de Dios. Como Nestorio se negó a abjurar, fue destituido, declarado hereje ¡y excomulgado!

     En síntesis: la verdad no es cosa que dependa de un número mayor o menor de defensores, ni tampoco depende del nivel jerárquico de quien la proclama: la verdad es aquello que Dios Padre y Jesucristo han revelado por medio de las Sagradas Escrituras y de la Tradición, aquello que solemnemente ha definido la Iglesia Católica, aquello que siempre ha enseñado: lo que ha enseñadosiempre.

Las desastrosas consecuencias
de adulterar las definiciones infalibles
     Una vez más, la Historia nos ofrece un excelente ejemplo de lo que le puede ocurrir a la Iglesia cuando se cuestiona en larga escala aunque sólo sea un único dogma. Desde el año 356 al 381, la herejía del Arrianismo provocó una tremenda confusión en el seno de la Iglesia. El Arrianismo fue condenado en el año 325; sin embargo, resurgió en 336. De este año en adelante, la herejía llegó a alcanzar el 90% de los Obispos, hasta ser finalmente derrotada cerca de 50 años después. En medio de la confusión y el abandono de la Fe que resultaron de esa situación, hasta el notable San Atanasio llegó a ser “excomulgado” por el Papa en 357. Alrededor del año 381 el Arrianismo fue derrotado por el Concilio de Constantinopla I. No obstante, todavía se mantuvo floreciente durante algún tiempo entre 360 y 380. Para la Iglesia, las consecuencias fueron extremamente devastadoras.

     La crisis provocada por el Arrianismo sirve, además, para enseñarnos otras cosas acerca del probable contenido del texto no divulgado del Tercer Secreto. Un motivo del éxito de los arrianos durante algún tiempo fue el contundente ataque a un dogma definido solemne e infaliblemente en el Concilio de Nicea en el año 325: que Cristo es Dios de Dios, Luz de Luz, Dios Verdadero de Dios Verdadero; concebido, no creado, consustancial al Padre. Esta definición solemne e infalible está en Credo del Concilio de Nicea, que rezamos a todos los domingos en la Misa.

     Los arrianos modificaron dicha definición al conseguir que un gran número de “fieles” reivindicasen su sustitución por una errónea, no infalible. En 336, sustituyeron la palabra griega Homoousion por otra, Homoiousion. La primera, Homoousion, significa básicamente “consustancial” al Padre. Ahora bien: Para que Dios-Hijo sea consubstancial al Padre, el Hijo tiene que ser no solamente Dios, sino que, además, tiene que ser el mismo Dios en unidad con el Padre, de tal modo que la Sustancia del Padre sea la Sustancia del Hijo, aun cuando la Persona del Padre no sea la misma que la de Hijo. Por lo tanto, son tres Personas distintas en un solo Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo, pero esas tres Personas distintas constituyen un solo Dios, con una mismaSustancia. Es éste el Misterio de la Santísima Trinidad. Sin embargo, la palabra incorporada al Credo arriano, Homoiousion, significa “de Sustancia parecida a la del Padre”. Por lo cual, la frase crucial de este Dogma, “consustancial al Padre”, fue sustituida en la versión arriana por “de Sustancia parecida a la del Padre”, o “como el Padre”.

     Fue así como los Arrianos provocaron una confusión generalizada en la Iglesia, al añadir una sola letra a la palabra, Homoousion, creando con eso una nueva palabra con un significado diferente: Homoiousion. Atacaron una definición solemne, afirmando que la suya era mejor que aquélla, lo cual era imposible: la definición de los arrianos jamás podría ser más correcta que la definición solemne, por el simple motivo de que la definición solemne fue definida infalible por el Concilio de Nicea.

     Al añadir una única letra a una única palabra, los arrianos eliminaron una definición infalible. Fue lo suficiente para que arrianos y semiarrianos se enzarzasen en un verdadero estado de guerra. Por causa de esta única modificación en un único dogma infalible, muchas personas padecieron el martirio, la persecución, el confinamiento en el desierto, el destierro. Por decisión del Sínodo de Egipto, San Atanasio fue condenado cinco veces al destierro (habiendo pasado 17 años en esa condición). Y, a pesar de todo, la razón estaba de su lado, y no del de los Obispos de aquel Sínodo, todos ellos equivocados.

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2 Abril 2012

SOBRE EL TERCER SECRETO DE FATIMA. PARTE 2

Las definiciones infalibles prevalecen
sobre todo y cualquier estudio o 
nivel jerárquico de la Iglesia
     ¿Qué base tenía San Atanasio para saber que tenía razón? Fue por haberse aferrado a una definición infalible, sin llevar en cuenta lo que otros pudiesen decir. Ni los estudios realizados en todo el mundo, ni las más elevadas funciones o cargos, consiguen prevalecer sobre la verdad de una enseñanza católica, cuando definida de modo infalible. Aun el más humilde de los fieles, si se aferra a una definición infalible, mostrará más sabiduría que el teólogo más erudito que la niegue o pretenda socavarla. El propósito más amplio de la enseñanza eclesiástica, definida de modo infalible, es: tornarnos independientes de meras opiniones de otros hombres, por mucho estudio que hayan tenido y por muy elevado que sea su cargo o función.

     Pues bien. La definición solemne del Concilio de Nicea en el año 325 fue infalible, pero muchos en aquella época no se concienciaban de que las definiciones solemnes sobre asuntos atinentes a la Fe son infalibles. Y eso porque, hasta aquel período de la Historia Eclesiástica, la Iglesia aún no había promulgado la definición solemne que estableciese que definiciones solemnes sobre asuntos de Fe son infalibles. Eso sólo vino a ocurrir en 1870, cuando el Concilio Vaticano I definió solemne e infaliblemente la infalibilidad de las definiciones solemnes de la Iglesia. Actualmente, sabemos de modo infalible, que las definiciones solemnes son infalibles. Y por eso reafirmamos: no pueden ser erróneas, ¡nunca!

Actualmente, las definiciones infalibles
son blanco de ataque
     Por lo que acabamos de comentar, no hay actualmente ninguna disculpa para dejarse seducir por una herejía, ni para omitirse en la defensa de las definiciones solemnes. No obstante, tal como sucedió en el tiempo de Arrio, es eso lo que constatamos en la actualidad. Hay eclesiásticos que juzgan las cosas a la luz del Concilio Vaticano II, en vez de juzgar el Concilio Vaticano II a la luz de las definiciones infalibles. Se han olvidado de que son las definiciones infalibles, y no el Vaticano II, las normas inmutables por medio de las cuales se evalúan todas las enseñanzas, así como el metro estándar sirve para contrastar los instrumentos que tienen marcada la longitud de 1 metro. No se puede decidir repentinamente que el nuevo estándar del metro sea una barra con 95 cm. Análogamente, la Iglesia no puede decidir, sin más ni más, que el Concilio Vaticano II pase a ser la nueva medida-estándar de la Fe. El Concilio Vaticano II es muy importante, pero no es la esencia de toda la vida de la Iglesia, es parte de ella., pero las definiciones dogmáticas de todos los Concilios son esenciales y no se pueden jamas deshechar. 

     Y así, después de un examen más minucioso, volvemos al punto crítico del Tercer Secreto. Poreste motivo el Tercer Secreto inicia con la referencia al dogma de la Fe, y también por eso afirmó la Hermana Lucía que el Tercer Secreto se haría “más claro” de 1960 en adelante. Cumple señalar aquí que, innegablemente, ya nos encontramos en medio del período de calamidades previsto por el Tercer Secreto. ¿Y cómo lo sabemos? Pues por habernos dicho la Virgen que el Tercer Secreto se haría “más claro” de 1960 en adelante y, además, por habernos dicho que, por fin, Su Corazón Inmaculado triunfará. Considerando que todavía no ha ocurrido el mencionado Triunfo, debemos de hallarnos en el período entre 1960 y el momento en que, por fin, tendrá lugar aquel Triunfo final, es decir, el período a que se refiere la profecía del Tercer Secreto.

     Lo que hemos observado desde el Concilio Vaticano II, repetimos, es un ataque indirecto, insidioso, a las definiciones solemnes de la Iglesia. Fue un concilio supuestamente pastoral, que rehusó manifestarse por medio de definiciones solemnes, y, en la opinión de algunos, se opuso a varias de ellas. Pero, como ya hemos visto, el Concilio pretendía ser “pastoral” para evitar definiciones solemnes, y para evitar condenaciones del error, como declaró el Papa Juan XXIII, en el discurso de apertura.

     Bien. ¿Qué mal hay en eso? El mal está en que, mediante el artificioso error de rehusar hacer definiciones solemnes, se abre la puerta para que el Concilio Vaticano pueda utilizar un lenguaje que acabaría por socavar las definiciones infalibles ya existentes — el mismo artificio que utilizaron los arrianos en el Siglo IV para provocar la confusión en la Iglesia. Y faltó muy poco para derrotarla por completo.

     Pues fue ese mismo procedimiento el que se puso en práctica desde la apertura del Concilio Vaticano II. Pero los fieles tienen una solución para evitar ese problema: El Concilio no esautoritario, en el sentido de no haber ejercido el Magisterio supremo, ni su facultad de definir una doctrina, ni de anatematizar el error. Una vez que no ejerció esta autoridad suprema, todo lo que enseñó el Vaticano II, y que no había sido enseñado de modo infalible antes de su apertura, tiene que ser examinado a la luz de las definiciones dogmáticas y ensenanzas infalibles de la Iglesia Católica.

     Sin embargo, no es eso lo que sucede hoy: Hoy se está redefiniendo “la Fe” a la luz del Vaticano II. Con toda certeza, es a este proceso al que, yendo directamente al corazón del asunto, se refiere Nuestra Señora de Fátima cuando — al afirmar que «En Portugal, se conservará siempreel dogma de la fe», y que, obviamente, se perderá en muchos otros lugares — recomienda a la Hermana Lucía que Su advertencia debe darse a conocer alrededor del año 1960, cuando ya se había anunciado el Concilio Vaticano II.

     Confirman esta conclusión los sermones del Papa en Fátima, en 1982 y en 2000: En 1982, el Santo Padre dijo que se estaban socavando las bases de nuestra salvación; y en 2000, en el sermón durante la beatificación de los Videntes Jacinta y Francisco, Juan Pablo II nos advirtió de los peligros que hoy amenazan nuestra salvación, cuando dijo que «el Mensaje de Fátima es un llamamiento a la conversión, y alerta a la Humanidad a que no haga el juego del “dragón”, cuya “cola arrastraba la tercera parte de las estrellas del Cielo y las lanzó a la Tierra” (Apoc. 12:4) Una vez más, preguntamos: En los textos revelados del Mensaje de Fátima ¿dónde se encuentra esto? En ninguna parte. Por lo tanto, tiene que estar en el Tercer Secreto. El Papa nos dice que el Tercer Secreto se refiere a los peligros que amenazan a la Fe, y que una tercera parte del Clero católico está implicada en eso.

El ataque tiene su origen en el interior de la Iglesia
     Vamos a examinar ahora un dato específico de la esencia del Tercer Secreto: El Papa también señaló que el ataque contra la Fe católica tenía su origen en el interior [de la Iglesia]. Dijo en 1982: «Con toda la fuerza de Su Amor, que se nutre en el Espíritu Santo y que desea la salvación de todos, ¿podría la Madre permanecer en silencio acerca de aquello que socava los propios fundamentos de la salvación de Sus hijos?» El verbo socavar significa enflaquecer internamentelos cimientos de nuestra salvación. El enemigo externo de la Iglesia la ataca desde fuera; un infiltrado lo hace desde dentro. En este último caso, el ataque es inesperado y nadie se preocupa en defender: el atacante es visto como “un amigo”.

     Por consiguiente, es el propio Papa quien nos advierte que la Fe Católica está siendo socavada desde dentro de la Iglesia: el 13 de mayo de 1982, «de aquello que está socavando los propios fundamentos de la salvación de sus Hijos»; y quien lo está haciendo es el Clero: el 13 de mayo de 2000, «una tercera parte de las estrellas del Cielo».

     Finalizamos este punto señalando que hay otra fuente de la que podemos inferir este aspecto del Tercer Secreto. En 1963, la publicación alemana Neues Europa reveló lo que parecía ser una parte del Tercer Secreto: El Cardenal se opondría al Cardenal; el Obispo, al Obispo. Si sabemos esto es porque, cuando le preguntaron si se debía publicar el relato de la Neues Europa, el Cardenal Ottaviani (que también había leído el Tercer Secreto y era muy circunspecto, sin mostrar mayor entusiasmo por las apariciones) respondió de manera muy expresiva: «¡Publiquen 10.000, 20.000, 30.000 ejemplares!»

     Tenemos, además, la declaración del P. Malachi Martín, ya fallecido, de que el mensaje de Garabandal contiene una parte o la totalidad del Tercer Secreto. El P. Martín — que conocía el Tercer Secreto por haberlo leído, y también había leído el mensaje de Garabandal — afirmó que Nuestra Señora se había aparecido en Garabandal en 1961, para divulgar el Tercer Secreto, por no haberlo hecho el Vaticano en 1960. ¿Y qué es lo que contiene el mensaje de Garabandal? Entre otras cosas, dice que «muchos Cardenales, Obispos y Sacerdotes están a camino del Infierno, “arrastrando” consigo muchísimas almas. Obsérvese que, una vez más, se hace referencia al concepto de arrastrar las almas al Infierno. Son los mismos términos que aparecen en el comentario de la Hermana Lucía al P. Fuentes: «El Demonio sabe que los Religiosos y los Sacerdotes que han decaído de su sublime vocación arrastran consigo numerosas almas al Infierno», y en el sermón del Papa en 13 de mayo de 2000, cuando hace alusión a la escena del Apocalipsis, en la que la cola del dragón arrastraba la tercera parte de las estrellas del Cielo, o sea, de las almas consagradas.

     Aun antes de ser oficialmente aprobadas las apariciones de Garabandal, el Obispo de Santander (diócesis a que pertenece ese poblado) afirmó que el mensaje no contrariaba en nada los principios de la Fe católica.

El ataque reúne la práctica 
incorrecta y la doctrina errónea
     Antes de nada, cumple señalar aquí que la calificación de un miembro del Clero o de un seglar como “bueno” o “malo” no depende exclusivamente de que defienda verbalmente la Fe, o que no la defienda. Además de comparar su doctrina, o sea, las palabras de un Sacerdote, de un Obispo, de un Cardenal y del propio Pontífice con la doctrina infalible del Magisterio, es necesario saber si mantiene las prácticas ortodoxas de la Iglesia Católica, por sus palabras (habladas o escritas), por sus actos y por la conducta cristiana de su vida. Es necesario saber si la persona (el Sacerdote, el Obispo, el Cardenal o el Papa) participa de la heteropraxis (prácticas contrarias a la Fe), como la irreverencia para con el Santísimo Sacramento.

     La Fe puede ser víctima de ataques mediante actos practicados pública o disimuladamente. Y nuestros actos tienen que ser coherentes con nuestras palabras. De este modo, defendemos la Fe si nos mantenemos fieles a la Doctrina en pensamientos, palabras y escritos, y si realizamos las prácticas piadosas indicadas por la Iglesia, que confirman nuestro acatamiento a la Fe. Pero si en nuestra parroquia (o diócesis, o provincia eclesiástica, o aun en toda la Iglesia — una posibilidad prevista por algunos doctores católicos) introducimos prácticas heterodoxas, que insinúan la falta de credibilidad de la Fe definida, con esa heteropraxis escandalizaremos a los pequeñitos y hasta a algunos espíritus eruditos.

     Por ejemplo: Por las proclamaciones solemnes del Concilio de Trento, sabemos que Dios nos da certeza de que la Hostia Consagrada es verdaderamente la Presencia Real — es decir, el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad — de Nuestro Señor Jesucristo. Sin embargo, los protestantes rebeldes quisieron negar este artículo de Fe, y, además, procuraron inducir a los demás a que hicieran lo mismo. Por eso, volvieron a adoptar la práctica de dar la Comunión en la mano. Esa práctica había sido adoptada inicialmente, de modo muy difundido, por los herejes arrianos del Siglo IV, como forma de negar que Nuestro Señor Jesucristo fuese Dios. Por esta acción simbólica, todos entenderían su negación.

     En nuestros días, los enemigos de la Iglesia vienen usando la heteropraxis como forma de escandalizar a muchos católicos y de hacerles perder la fe en la Presencia Real de Jesucristo en la Eucaristía. Por ese motivo, las normas eclesiásticas han prohibido en carácter general durante muchos siglos, y continúan prohibiendo hasta hoy, el abuso de dar la Comunión en la mano. El reciente indulto [es decir, la autorización] para contrariar la letra de la ley sólo se concede si esa práctica no va a acarrear una disminución de la Fe en la Presencia Real, ni va a significar tratarla de un modo menos reverente. Pues, a pesar de todo, el resultado siempre es ése, como lo podemos observar en nuestra experiencia cotidiana con relación a esa forma de heteropraxis.

     Por otro lado, las prácticas que confirman la doctrina ortodoxa de la Iglesia reciben el nombre deorthopraxis (es decir, prácticas católicas correctas), e incluyen: la genuflexión ante la Presencia del Santísimo Sacramento, dar/recibir la Comunión en la boca, conservar el Sagrario con el Santísimo Sacramento como el principal foco de atención (y de adoración), en el centro del santuario un comportamiento solemne por parte del Clero en el recinto sagrado, demostrando la debida reverencia a la Presencia de Dios en el Santísimo Sacramento. Estos ejemplos de orthopraxis(acciones ortodoxas que sustentan la Fe) dan testimonio de la verdad del dogma que declara que Dios está realmente presente en el Santísimo Sacramento — el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, bajo la apariencia del pan — y también demuestran la debida reverencia del Hombre para con Dios.

     Ejemplos de heteropraxis, es decir, prácticas que van contra el dogma de la Presencia Real, incluyen el dar la Comunión en la mano. Este ejemplo de heteropraxis transmite a los fieles el mensaje erróneo de que el Santísimo Sacramento no es tan importante, que Él es tan sólo pan, y fortalece la herejía de que Dios no está realmente presente en el Santísimo Sacramento — el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, bajo la apariencia del pan. Otro ejemplo de heteropraxis, en este aspecto, es mantener permanentemente el Sagrario con el Santísimo Sacramento fuera del Altar Mayor, en un altar lateral, o en una especie de hornacina, de tal forma que el foco principal de las atenciones (y del culto) en el templo acaba siendo la silla del celebrante, o “presidente de la asamblea”. El mensaje subyacente es transmitido e interpretado como si la persona que ocupa la silla fuese más importante que el Santísimo Sacramento. Y, considerando que el “presidente de la asamblea” representa al pueblo, también se insinúa sutilmente que Dios es menos importante que el pueblo.

     Estos ejemplos nos hacen recordar, una vez más, las palabras del Papa Pío XII, mencionadas más arriba:

     Suponga, caro amigo, que el Comunismo [uno de los “errores de Rusia” mencionados en el Mensaje de Fátima] haya sido solamente el más visible de los instrumentos utilizados contra la Iglesia y contra las tradiciones de la Revelación Divina (...) Me preocupan los mensajes de la Santísima Virgen a Lucía de Fátima. Esta persistencia de María sobre los peligros que amenazan a la Iglesia es un aviso del Cielo contra el suicidio que significa alterar la Fe en Su liturgia, en Su teología y en Su espíritu (...) Llegará un día en que el mundo civilizado negará a su Dios, en que la Iglesia dudará como dudó Pedro. Ella se verá tentada a creer que el hombre se ha convertido en Dios. (…) En nuestras iglesias, los cristianos buscarán inútilmente la lamparilla roja en donde Dios los espera. Como María Magdalena, llorando ante el túmulo vacío, preguntarán: “¿Adónde Lo han llevado?”.
     La impresión que se tiene al leer esas palabras del Papa Pío XII es que las mencionadas formas de heteropraxis contra el Santísimo Sacramento constan explícitamente del Tercer Secreto del Mensaje de Fátima, porque, si bien Pío XII no las vincula al Mensaje de Fátima; no constan deninguna de las partes ya publicadas. De ahí que tienen que formar parte del Tercer Secreto — es decir, de la parte no publicada. Pío XII nos dice claramente que es Nuestra Señora de Fátima quien nos advierte contra «el suicidio que significa alterar la Fe en Su liturgia, en Su teología y en Su espíritu.» Por consiguiente, el Tercer Secreto nos alerta que no sólo las falsas doctrinas, sino también la heteropraxis constituyen ataques contra «el dogma de la Fe.»

El ataque incluye la corrupción moral del Clero,
que observamos en la actualidad
     Como podemos ver actualmente, la irrupción de un vastísimo escándalo en todo el Mundo, relativo a conducta sexual condenable por parte de varios miembros del Clero, constituye una tercera línea de ataque a la Iglesia, en estos tiempos de profunda crisis: la corrupción moral de muchas almas consagradas. La cola del dragón arrastra a muchas almas del Cielo, decaídas de su estado de consagración, no solamente por causa de la heterodoxia y de la heteropraxis, sino también por la inmoralidad. Recordemos las palabras de la Hermana Lucía al P. Fuentes:

      El demonio (...) está tratando de ganar a las almas consagradas a Dios, ya que de esta manera también deja el campo de las almas desamparado, y más fácilmente se apodera de ellas.
     Lo que más aflige al Corazón Inmaculado de María y al Sagrado Corazón de Jesús es la pérdida de las almas de los Religiosos y de los Sacerdotes. El Demonio sabe que los Religiosos y los Sacerdotes que fracasan en su sublime vocación arrastran consigo al infierno numerosas almas.
     Hoy estamos viendo que la corrupción se propaga entre el Clero católico y se denuncian increíbles escándalos sexuales.  La cola del Dragón ha arrastrado a muchos miembros del Clero hasta las más depravadas formas de inmoralidad.

     Como resultado de todo esto, se está destruyendo la credibilidad de muchos Sacerdotes que honran sus votos y mantienen la Fe, y se destruye también la credibilidad de la Iglesia como institución. Aun cuando existen, de hecho, doctrina y práctica saludable, sus beneficios son con frecuencia anulados por corrupción moral, que está socavando la credibilidad de la Iglesia.

¿Quién es el responsable?
     Es llegado el momento de preguntarse: ¿Quién, en el Tercer Secreto, es identificado como responsable de la demolición de la Fe a través de la heterodoxia y de la heteropraxis, de la corrupción moral y de la caída de las almas consagradas? En primer lugar, son los miembros de la alta Jerarquía. Una vez más llamamos la atención para la declaración del Cardenal Ciappi, el teólogo pontificio de Juan Pablo II, de que «en el Tercer Secreto se predice, entre otras cosas, que la gran Apostasía en la Iglesia  comenzará por lo alto.» Por consiguiente, la responsabilidad recae, antes de cualquier otra persona, sobre los autoridades de la Iglesia. Vemos en esto el cumplimiento no sólo del Tercer Secreto, sino también de la advertencia del Papa San Pío X, en su encíclica Pascendi, de 1907, en que escribe:«hoy no es menester ya ir a buscar los fabricadores de errores entre los enemigos declarados (...) se ocultan en el seno y gremio mismo de la Iglesia, siendo enemigos tanto más perjudiciales cuanto lo son menos declarados..» Estos enemigos son seglares y Sacerdotes «Impregnados hasta la médula de los huesos, con venenosos errores bebidos en los escritos de los adversarios del Catolicismo».

     Y prosigue San Pío X:

     “Son seguramente enemigos de la Iglesia, y no se apartará de lo verdadero quien dijere que ésta no los ha tenido peores. Porque, en efecto, como ya hemos dicho, ellos traman la ruina de la Iglesia, no desde fuera, sino desde dentro: en nuestros días el peligro está casi en las entrañas mismas de la Iglesia y en sus mismas venas; y el daño producido por tales enemigos es tanto más inevitable cuanto más a fondo conocen a la Iglesia.”
      “En los Seminarios y Universidades andan a la caza de las cátedras que convierten poco a poco en cátedras de pestilencia.”
      “Tiempo es de arrancar la máscara a esos hombres y de mostrarlos a la Iglesia entera tales cuales son en realidad.”
     No obstante, alguien podrá preguntar: «¿Cómo podemos saber quiénes son, entre los miembros del Clero, los que integran aquella tercera parte de las estrellas a las que, indirectamente, se refiere el Papa Juan Pablo II? ¿Cómo podemos saber quiénes son los partidarios del error?» La respuesta, una vez más, se encuentra en aquello que ha sido definido infaliblemente: son amigos «los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesús (Apoc. 12:17); son enemigos los que no practican esas cosas. Como dijo Nuestro Señor, «Por sus frutos los conoceréis» (Mat. 7:16) Se puede saber quién merece confianza: aquel que profesa la Fe Católica tal como se ha definido en las definiciones solemnes. Otra señal es también si ponen en práctica la Fe Católica.

     En conclusión: Cuando, en 1967, el Papa Pablo VI lamentaba que «el humo de Satanás entró en el Templo de Dios», y en 1973, que «la apertura al Mundo se transformó en una verdadera invasión de la Iglesia por el pensamiento mundano», simplemente estaba confirmando el contenido del Tercer Secreto; y lo mismo sucedió con el Papa Juan Pablo II, en sus declaraciones más veladas de 1982 y 2000. Las dos primeras partes del Gran Secreto de Fátima advierten sobre la propagación de los errores de Rusia por todo el Mundo. El Tercer Secreto, en su texto integral, es, con certeza, una advertencia de que dichos errores se infiltrarían en la propia Iglesia, instalándose principalmente por medio de la “apertura al Mundo”, La infiltración de la Iglesia Católica por masones, comunistas, neomodernistas y homosexuales es comprobada por los desastrosos resultados de sus actividades y por la pérdida de la Fe entre los católicos en masa.

     A aquellos que se burlan de la afirmación de que tal desastre se abatió sobre la Iglesia de nuestro tiempo, lo que les podemos decir es que son ciegos, y que desconocen la propia Historia de la Iglesia, que nos enseña que situaciones muy parecidas a la actual ya han ocurrido anteriormente. Ya hemos mencionado la descripción del Cardenal Newman sobre la situación de la Iglesia durante la herejía arriana. Una cita algo más extensa de dicha descripción, según consta en su libro On Consulting the Faithful in Matters of Doctrine, es lo suficiente para demostrar que la actual situación de la Iglesia tiene un precedente:

     El cuerpo episcopal fracasó al profesar la Fe (...) Discutían unos con otros, sin llegar a un acuerdo. Durante sesenta años después de Nicea, no hubo nada que significase un testimonio firme, invariable y consistente. Lo que sí hubo fueron Concilios sin credibilidad, Obispos sin Fe; hubo sí falta de firmeza, temor de las consecuencias, falta de orientación, desilusiones, desvaríos, en una secuencia sin fin y sin esperanzas, que se difundió casi hasta el rincón más remoto de la Iglesia Católica. Los relativamente pocos que se mantuvieron fieles fueron desacreditados y relegados al exilio; los demás, o eran engañadores o eran engañados.
     El libro del Cardenal Newman puso de relieve que, durante la crisis arriana, fueron los seglares que permanecieron fieles al dogma definido de la Fe, en unión con algunos obispos leales, como San Atanasio, quienes mantuvieron viva la Fe. Lo mismo sucede hoy.

     Pero una de las diferencias más notables entre la crisis arriana y la que actualmente afecta a la Iglesia es que, muchos años antes de surgir la actual, la Santísima Virgen María nos vino a avisar que ocurriría.

Precisamente nos dice S.S. El Papa Benedicto en Su Carta Apostólica PORTA FIDEI:

 La renovación de la Iglesia pasa también a través del testimonio ofrecido por la vida de los creyentes: con su misma existencia en el mundo, los cristianos están llamados efectivamente a hacer resplandecer la Palabra de verdad que el Señor Jesús nos dejó. (6)

Como se puede ver, el conocimiento de los contenidos de la fe es esencial para dar el propio asentimiento, es decir, para adherirse plenamente con la inteligencia y la voluntad a lo que propone la Iglesia. El conocimiento de la fe introduce en la totalidad del misterio salvífico revelado por Dios. El asentimiento que se presta implica por tanto que, cuando se cree, se acepta libremente todo el misterio de la fe, ya que quien garantiza su verdad es Dios mismo que se revela y da a conocer su misterio de amor. (10)

Una fe que nosotros mismos podemos determinar, no es en absoluto una fe.

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