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La Coctelera

REVELACIONES DE DIOS Y MARIA

AMAR EN LA VERDAD A LA SANTA IGLESIA, SER FIEL AL SEÑOR EN LA FE VERDADERA, CAMINAR CON MARIA REINA EN ESTOS ULTIMOS TIEMPOS.CONOCER LA DOCTRINA DE LA IGLESIA SANTA.

19 Agosto 2011

SANTO SACRFICIO Y SACRILEGIOS

EL SANTISIMO SACRIFICIO DEL SEÑOR:  LA SANTISIMA EUCARISTIA

AMADOS HIJOS, PERMITANME CON HUMILDAD DARLES ESTE DOCUMENTO QUE DIOS ME HA PERMITIDO REALIZAR PARA QUE MEDITEMOS Y VIVAMOS LA VERDAD COMO DIOS DESEA EN SU SANTA IGLESIA EN EL SANTO SACRAMENTO DEL ALTAR. 
P. Juan

LA GRANDEZA DE LA SANTA EUCARISTIA, SACRIFICIO SANTO Y ETERNO, PRESENCIA REAL DEL SEÑOR:ULTRAJADA, PROFANADA E INSULTADA HOY MAS QUE NUNCA.

"NO HAY NADA PEOR EN UN CRISTIANO QUE EL ORGULLO Y LA SOBERBIA GUIADOS POR SU IGNORANCIA., A LOS CRISTIANOS MODERNOS LES ESTA PASANDO LO QUE LE PASO A LOS JUDIOS, VIERON AL SEÑOR PRESENTE Y LO MATARON., HOY LO ULTRAJAN, LO INSULTAN, LO MALTRATAN, LO TRATAN COMO A CUAQUIER COSA, LO PROFANAN, COMETEN TODA CLASE DE SACRILEGOS CON EL Y LES DA LO MISMO. MUCHOS CRISTIANOS MODERNOS SON COMO JUDAS VEN A JESUS Y LO VENDEN POR CUALQUIER FALSEDAD. LES PASARA A ESOS TRAIDORES COMO DIJO EL SEÑOR DE JUDAS : " AY DE AQUEL QUE ENTREGUE AL HIJO DEL HOMBRE, MAS LE VALDRÍA NO HABER NACIDO" MATEO 26,24

SEÑOR TEN MISERICORDIA DE NOSOTROS, POR QUE HEMOS PECADO CONTRA TI.

BENDITO, AMADO, ADORADO Y GLORIFICADO SEA EL SANTISIMO SACRAMENTO DEL ALTAR. SEA PARA SIEMPRE BENDITO, AMADO, ADORADO Y GLORIFICADO.

MI JESUS SACRAMENTADO MI DULCE AMOR Y MI CONSUELO. QUIRN TE AMARA TANTO QUE POR TU AMOR MURIERA.

JESUS SACRAMENTADO DE MI AMOR A QUIEN CONTEMPLO. ALABADO SEA EL SANTISIMO SACRAMENTO.

TE AMO JESUS MIO REALMENTE PRESENTE EN EL SANTISIMO SACRAMENTO DEL ALTAR.

JESUS MIO: AMO TU CUERPO SANTO, AMO TU SANGRE PRECIOSA, AMO TU ALMA PURISIMA, AMO TU DIVINIDAD PERFECTA.

LA SAGRADA ESCRITURA

SAN JUAN 6
27. Obrad, no por el alimento perecedero, sino por el alimento que permanece para vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre, porque a éste es a quien el Padre, Dios, ha marcado con su sello.»
28. Ellos le dijeron: «¿Qué hemos de hacer para obrar las obras de Dios?»
29. Jesús les respondió: «La obra de Dios es que creáis en quien él ha enviado.»
30. Ellos entonces le dijeron: «¿Qué señal haces para que viéndola creamos en ti? ¿Qué obra realizas?
31. Nuestros padres comieron el maná en el desierto, según está escrito: Pan del cielo les dio a comer.»
32. Jesús les respondió: «En verdad, en verdad os digo: No fue Moisés quien os dio el pan del cielo; es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo;
33. porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo.»
34. Entonces le dijeron: «Señor, danos siempre de ese pan.»
35. Les dijo Jesús: «Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed.
36. Pero ya os lo he dicho: Me habéis visto y no creéis.
37. Todo lo que me dé el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré fuera;
38. porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado.
39. Y esta es la voluntad del que me ha enviado; que no pierda nada de lo que él me ha dado, sino que lo resucite el último día.
40. Porque esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que vea al Hijo y crea en él, tenga vida eterna y que yo le resucite el último día.»
41. Los judíos murmuraban de él, porque había dicho: «Yo soy el pan que ha bajado del cielo.»
42. Y decían: «¿No es éste Jesús, hijo de José, cuyo padre y madre conocemos? ¿Cómo puede decir ahora: He bajado del cielo?»
43. Jesús les respondió: «No murmuréis entre vosotros.
44. «Nadie puede venir a mí, si el Padre que me ha enviado no lo atrae; y yo le resucitaré el último día.
45. Está escrito en los profetas: = Serán todos enseñados por Dios. Todo el que escucha al Padre y aprende, viene a mí.
46. No es que alguien haya visto al Padre; sino aquel que ha venido de Dios, ése ha visto al Padre.
47. En verdad, en verdad os digo: el que cree, tiene vida eterna.
48. Yo soy el pan de la vida.
49. Vuestros padres comieron el maná en el desierto y murieron;
50. este es el pan que baja del cielo, para que quien lo coma no muera.
51. Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo.»
52. Discutían entre sí los judíos y decían: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?»
53. Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.
54. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día.
55. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida.
56. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él.
57. Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí.
58. Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron vuestros padres, y murieron; el que coma este pan vivirá para siempre.»

« Tomad y bebed todos de él, porque éste es el cáliz de mi sangre, sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por vosotros y por todos los hombres para el perdón de los pecados » ( Mc 14, 24; Lc 22, 20; 1 Co 11, 25)

« Tomad y comed todos de él, porque esto es mi Cuerpo, que será entregado por vosotros » (cf. Mt 26, 26; Lc 22, 19; 1 Co 11, 24).

Quien comiere este pan o bebiere el cáliz del Señor indignamente, reo será del cuerpo y de la sangre del Señor [...], porque quien le come y bebe indignamente se traga y bebe su propia condenación. Cor 11, 27-29

EL DOGMA DE LA TRANSUSTANCIACIÓN - PRESENCIA REAL DE CRISTO

La Eucaristía es el más grande y el más santo de todos los sacramentos; en la Iglesia de Cristo representa lo que el Sol en el mundo; lo que el corazón en el hombre. Lo que el aire para la vida.

Las principales figuras de la Eucaristía en el Antiguo Testamento son las siguientes:

1.- El árbol de la vida, plantado en el Paraíso terrenal, cuyos frutos daban la inmortalidad. (Génesis 2 
2.- El pan y el vino, ofrecidos en sacrificio por Melquisedec. (Génesis 14:18
3.- El cordero pascual, cuya sangre preservó de la muerte a los primogénitos israelitas en Egipto. (Éxodo 12:5-13) 
4.- El maná, que Dios hizo llover del cielo para alimentar a su pueblo en el desierto. (Éxodo 16:13-15) 
5.- Los panes de la proposición, que los sacerdotes colocaban en el Tabernáculo y que no podían ser comidos sino por hombres santificados. (1Samuel 21:5-7) 
6.- El pan cocido bajo la ceniza, que dio fuerzas al profeta Elías para llegar hasta el Monte Horeb.(1Reyes 19:5-8) 
7.- El pan multiplicado por el Salvador para dar de comer en el desierto a la muchedumbre hambrienta. (Juan 6:1-14)

¿Qué contiene la Eucaristía?

La Eucaristía contiene, verdadera, real y sustancialmente, el cuerpo, la sangre, el alma y la divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, bajo las especies o apariencias del pan y del vino. Jesucristo instituyó la Eucaristía el Jueves Santo, la víspera de su muerte. Con su omnipotencia convirtió el pan en Su Cuerpo y el vino en Su Sangre, como en otra ocasión había cambiado el agua en vino, en las bodas de Caná.

¿Por qué instituyó Jesucristo la Eucaristía?

Jesucristo instituyó la Eucaristía:

1.- Para perpetuar su presencia entre los hombres. 
2.-Para alimentar nuestras almas 
3.- Para renovar el sacrificio de la cruz y aplicarnos sus méritos. Por consiguiente, la Eucaristía es a la vez sacramento y sacrificio. Sacramento cuando está conservada en el Tabernáculo o dada en comunión a los fieles: sacrificio cuando es ofrecida en la Santa Misa.

Se puede considerar en la Eucaristía:

a) La presencia real de Jesucristo 
b) El Sacramento 
c) El Sacrificio 

a) Presencia Real de Jesucristo en la Eucaristía

En la Eucaristía, bajo las especies o apariencias del pan y del vino, está el cuerpo, la sangre, el alma y la divinidad de Jesucristo, y no una imagen o símbolo que lo representa. Tal es el dogma de la presencia real. Este dogma descansa sobre varias pruebas inconmovibles:

1° Las palabras de la promesa y de la institución de la Eucaristía.
2° La enseñanza tradicional de la Iglesia, intérprete infalible de la palabra de Dios.
3° La autoridad de los milagros obrados en el transcurso de los siglos.
4° La misma razón natural.

1° Palabras de Jesucristo:

La Promesa.- Al día siguiente de la multiplicación de los panes, Jesucristo dijo a la multitud que le seguía: “Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo.” (Juan 6:51) Los judíos responden a esto asombrándose , preguntándose: ¿Cómo puede darnos su carne por comida?

En vez de alejar el pensamiento de la comida real con una explicación fácil, que hubiera suprimido al punto el escándalo, Jesucristo insiste: “En verdad, en verdad os digo, que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros... Mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida” (Juan 6:51-56). Y Jesús no deja a sus discípulos otra alternativa que creerle o separarse de Él. Ha prometido, pues, dar su carne como alimento y su sangre como bebida.

La Institución.- La víspera de su muerte, después de haber comido el cordero pascual, Jesucristo cumple su promesa. Tomó el pan, lo bendijo, lo partió y dándolo a sus apóstoles, les dijo: “Este es mi cuerpo ,que será entregado por vosotros”, Tomó el cáliz lleno de vino, lo bendijo y les dijo: “Bebed todos, porque esta es mi sangre, la sangre de una nueva alianza que será derramada por vosotros y por muchos, en remisión de los pecados” (Mateo 26:26-28) Estas palabras “Este es mi cuerpo, esta es mi sangre”, significaban en su sentido natural, que por su omnipotencia, lo que era pan se había convertido en el cuerpo de Jesucristo, y lo que era vino, en su Sangre. Pues bien, estas palabras, que católicamente se toman al pie de la letra:

1.- Expresan un milagro fácil para la omnipotencia de Dios. 
2.- Están conformes con las palabras de la promesa hechas en Juan 6. 
3.- Fueron pronunciadas por Jesucristo en una hora solemne, la víspera de su muerte.
4.- Tenían por objeto crear un dogma y establecer un sacramento.

Si Jesucristo en esa hora hubiese usado de un equívoco o de una figura, habría engañado indignamente a la Iglesia y a los fieles de todos los siglos. Y por si eso fuera poco, dejando adorar el pan y el vino, habría consagrado la idolatría que Él había venido a destruir. Por consiguiente, es imposible no tomar las palabras de Jesucristo en su sentido literal. Hay que creer en la presencia real.

2° Enseñanza tradicional de la Iglesia:

Los apóstoles entendieron literalmente las palabras de Jesucristo, San Pablo decía a los corintios: “El que comiere este pan o bebiere el cáliz del Señor indignamente, será reo del Cuerpo y la Sangre del Señor, no haciendo discernimiento del Cuerpo del Señor “ (1Corintios 11:27 y 29). San Pablo no hubiera hablado de un modo tan terrible, sobre una simple figura o símbolo. Por lo demás, desde San Pablo hasta nosotros, toda la tradición católica, la enseñanza de los Santos Padres y de los Doctores, los monumentos de los siglos cristianos: catacumbas, iglesias, altares, esculturas, pinturas, etc., proclaman la misma creencia. Hay que llegar a Berengario, y sobre todo al protestantismo del siglo XVI, para hallar las primeras negaciones del dogma católico. Es el caso de repetir con Tertuliano que lo que siempre ha sido creído, en todas partes y por todos, debe ser conservado: “Quod semper, quod ubique, quod ad ómnibus... servandum est”.

3° La autoridad del milagro:

Frecuentemente, en el transcurso de los siglos, Dios ha hablado a favor del dogma eucarístico: Apariciones visibles de Jesucristo en la hostia, profanadores castigados, hostias que destilan sangre, Eucaristía conservada en las llamas, etc. (Véase Mons. De Segur. La presencia real). Los frutos de vida cristiana y santidad producidos en la Iglesia por la Eucaristía, son un milagro perpetuo en el orden moral.

4° El dogma de la presencia real se impone a la razón:

Por una parte, este dogma es tan extraordinario y tan incomprensible, que no ha podido ser inventado, ni impuesto al mundo por un hombre... Por otra parte, ha sido siempre admitido, hace aproximadamente veinte siglos, por la Iglesia Universal y por los más grandes doctores y teólogos. El buen sentido concluye que la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía es un hecho divino que se impone a nuestra creencia: incredibile, ergo divinum.

Explicaciones de la presencia real:

1.- Por virtud de las palabras de la consagración pronunciadas por el sacerdote, la sustancia del pan se convierte milagrosamente en el cuerpo de Jesucristo y la sustancia del vino en su sangre, y no quedan en el altar más que las especies o apariencias del pan y el vino. Este primer milagro se llama transustanciación, o sea, conversión de una sustancia en otra. Nada hay de imposible en este milagro: una transformación análoga se opera diariamente en la vegetación de las plantas. El agua del cielo, el jugo de la tierra, etc., se convierten en la sustancia de la planta. Esta conversión de sustancias se opera asimismo en nosotros. Los diversos alimentos que ingerimos se mudan en carne, huesos, nervios, etc. Todo esto hay que admitirlo porque está comprobado. ¿Por qué debe ser más difícil creer en el misterio de la Transustanciación en la Eucaristía? ¿Quién se atreverá a afirmar que el poder de Dios es incapaz de hacer con el pan y el vino, lo que hace el estómago con el alimento ingerido y el sol, agua, minerales, con las plantas?

2.- Bajo las especies de pan y vino está el cuerpo sustancial y real de Jesucristo, su sangre, su alma y su divinidad. Jesucristo, pues, está presente todo entero, verdadero Dios y verdadero hombre, en cada hostia consagrada. Tal es el segundo milagro de la Eucaristía. Que Jesucristo esté todo entero en una pequeña hostia se puede explicar sin suprimir el misterio. Y a la verdad, Jesucristo está presente en la Eucaristía por su sustancia. Es así que la sustancia de un cuerpo es distinta a la extensión de ese cuerpo, es decir, de sus dimensiones físicas (color, sabor, olor), luego la sustancia del agua está tanto en una gota diminuta como en un océano inmenso, la sustancia del trigo se halla tanto en una pequeña espiga como en un enorme montón de masa, la sustancia del pan está tanto en una migaja como en una hogaza entera. Santo Tomás concluye: “Luego, puesto que el cuerpo de Cristo está en la Eucaristía de la misma manera como la sustancia está bajo las dimensiones, per modum substantiae, es evidente que Cristo está contenido todo entero bajo las partes de las especies del pan y del vino” (III p., q. 76 art. 3)

3.- Aunque, por virtud de las palabras sacramentales, no haya bajo las especies del pan más que el cuerpo y bajo las especies del vino más que la sangre del Salvador; sin embargo Jesucristo está todo entero bajo cada especie y bajo cada una de sus partes, cuando están divididas. Como después de su resurrección, el cuerpo, la sangre, el alma y la divinidad del Salvador están inseparablemente unidas, por eso Jesucristo, vivo e inmortal, se halla todo entero donde está su cuerpo y todo entero donde está su sangre. Cuando el sacerdote parte la hostia, no se parte o divide Jesucristo, sino que queda entero en todas partes y en cada una de las partes de la misma hostia. De igual modo nuestra alma está toda entera en nuestro cuerpo y en cada uno de sus miembros; y de un modo semejante un objeto se refleja todo entero en un espejo, y si éste se rompe, en cada uno de los fragmentos.

4.- Jesucristo está presente, a la vez, en el cielo y en todos los lugares donde se hallan las hostias consagradas. “No es que el cuerpo de Jesucristo se multiplique, sino su presencia. No hay muchos Jesucristos, sino que un solo y único Jesucristo se halla presente en varias hostias, en varios lugares, como el Sol, que hace disfrutar de su presencia a todos los habitantes del hemisferio que ilumina en su momento. La presencia del Sol en ciertos lugares no es más que una presencia virtual, ya que está en lo alto del firmamento: más la presencia de Jesucristo es una presencia real, puesto que baja a los altares para permanecer allí en el sacramento, tan verdaderamente como se halla a la diestra de Dios Padre en lo alto de los cielos”. Esta presencia simultánea del cuerpo de Jesucristo en varios lugares a la vez es el tercer milagro, que los incrédulos proclaman imposible. Una cosa análoga se nos ofrece a nuestra alma, la cual, siendo simple e invisible, está toda entera, donde se halla, y por tanto, se halla en todas las partes del cuerpo, porque a todas ellas les comunica la vida.

Para darnos una idea de esta presencia simultánea, San Agustín emplea la comparación de la palabra humana. “Tengo en mi espíritu, dice el Santo, un pensamiento lo encarno en la palabra y lo transmito a cada uno de vosotros todo entero. De este modo mi pensamiento, mi verbo, reside a la vez, en mi inteligencia y en la de todos mis oyentes. Si pudiera hacerme oír de todos los hombres que viven en la tierra, mi pensamiento, sin abandonar mi espíritu, estaría al mismo tiempo en el espíritu de todos los hombres. Pero si tal es el poder del pensamiento, del verbo del hombre, ¿Debemos maravillarnos de que el Verbo de Dios encarnado en un Cuerpo, pueda hallarse en el cielo y en todas las hostias consagradas? Indudablemente es un milagro, un misterio, pero este misterio no es más imposible que el de la palabra humana”.

5.- Jesucristo está presente en la Eucaristía de una manera permanente, y no solo en el momento de la consagración o de la comunión, sino que permanece presente en la Santa Hostia hasta que las santas especies se alteran. La lámpara arde noche y día ante el Tabernáculo advierte a los hombres la presencia de Jesucristo.
l, cap. 19.1).

LA PRESENCIA REAL DE JESUCRISTO EN LA EUCARISTIA
 El hecho de la Presencia real

Por la fuerza de las palabras de la consagración, Cristo se hace presente tal y como existe en la realidad, bajo las especies de pan y vino y, en consecuencia, ya que está vivo y glorioso en el cielo al modo natural, en la Eucaristía está presente todo entero, de modo sacramental. Por eso se dice, por concomitancia, que con el Cuerpo de Jesucristo está también su Sangre, su Alma y su Divinidad; y, del mismo modo, donde está su Sangre, está también su Cuerpo, su Alma y su Divinidad. 

La fe en la Presencia real, verdadera y sustancial de Cristo en la Eucaristía nos asegura, por tanto, que allí está el mismo Jesús que nació de la Virgen Santísima, que vivió ocultamente en Nazaret durante 30 años, que predicó y se preocupó de todos los hombres durante su vida pública, que murió en la Cruz y, después de haber resucitado y ascendido a los cielos, está ahora sentado a la diestra del Padre. 

Está en todas las formas consagradas, y en cada partícula de ellas, de modo que, al terminar la Santa Misa, Jesús sigue presente en las formas que se reservan en el Sagrario, mientras no se corrompe la especie de pan, que es el signo sensible que contiene el Cuerpo de Cristo. 

La Presencia real de Cristo en la Eucaristía es uno de los principales dogmas de nuestra fe católica (ver, p. ej., Concilio de Trento: Dz. 883, 885, 886; y también 355, 414, 424, 430, 465, 544, 574a, 583, 666, 698, 717, 997, 1468, 2045, Catecismo, nn. 1373 a 1381). 

Al ser una verdad de fe que rebasa completamente el orden natural, la razón humana no la alcanza a demostrar por sí misma. Puede, sin embargo, lograr una mayor comprensión a través del estudio y la reflexión. Para ello procederemos exponiendo primero los errores que se han suscitado sobre este tema a lo largo de los siglos. 

A. Doctrinas heréticas opuestas a este dogma 

La doctrina clara y explícita del Evangelio, y las enseñanzas constantes de la Tradición, han sido repetidas y explicadas a lo largo de los siglos por los Concilios y los Romanos Pontífices. Los documentos del Magisterio fueron motivados algunas veces por el deseo de aclarar un poco más algún punto, y otras, en cambio, por la necesidad de salir al paso de verdaderas herejías. Entre las principales herejías contra el dogma de la Presencia real se encuentran las siguientes: 

- En la antigüedad cristiana, las herejías de los docetas, gnósticos y maniqueos que, partiendo del supuesto de que Jesús sólo tuvo un cuerpo aparente, contradijeron el dogma de la Presencia real. 

- En el siglo XI, Berengario de Tours negó la Presencia real, considerando la Eucaristía sólo como un símbolo (figura vel similitudo) del Cuerpo y de la Sangre de Cristo glorificado en el cielo y que, por tanto, no puede hacerse presente en todas y cada una de las hostias consagradas. El Cuerpo de Cristo está en el Cielo, y en la Eucaristía sólo estaría de un modo espiritual (condenado en 1079: cfr. Dz. 355). 

- En el siglo XIV, Juan Wicleff afirmó que, después de la Consagración, no había sobre el altar más que pan y vino y, en consecuencia, el fiel al comulgar sólo recibía a Cristo de manera ‘espiritual’ (condena del Concilio de Constanza de 1418: cfr. Dz. 581 ss.). 

- Entre los protestantes, algunos niegan la Presencia real de Cristo en la Eucaristía, y otros la admiten, pero con graves errores: 

1o. Niegan la Presencia real: 

a) Zwinglio: "La Eucaristía es "figura" de Cristo"; 

b) Calvino: "Cristo está en la Eucaristía porque actúa a través de ella, pero no está sustancialmente"; 

c) Protestantes liberales: "Cristo existe en la Eucaristía ‘por la fe’; esto es, porque lo creemos así: el creyente ‘pone’ a Cristo en la Eucaristía". 

2o. Explican erróneamente la doctrina: 

a) Lutero: "En la Eucaristía está al mismo tiempo la sustancia del pan y del vino junto con el Cuerpo y la Sangre de Cristo"; 

b) Osiandro: "Se efectúa una unión hipostática entre el pan y el Cuerpo de Cristo (impanación)"; 

c) otros protestantes afirman que Cristo est presente cuando se recibe la Comunión (in uso), pero no perdura en las hostias consagradas que se reservan después de la Misa. 

Todas estas herejías de los protestantes encuentran sus correspondientes condenas dogmáticas en las sesiones XIII, XXI y XXII del Concilio de Trento.

CONSECUENCIA: “La consecuencia de la presencia real de Cristo en la Eucaristía es que le debemos rendir el culto de latría o de adoración. De ahí la exposición, la bendición y las procesiones del Santísimo Sacramento; de ahí el respeto y la magnificencia de que se rodea, en los templos, al Tabernáculo y los vasos sagrados; de ahí también las visitas al Santísimo Sacramento para tributar nuestros homenajes a Jesucristo y solicitar su gracia” (Cauly).

CONCLUSIÓN: Todas estas verdades son otros tantos dogmas católicos=universales, definidos por el Concilio de Trento, y no pueden rechazarse sin incurrir en herejía. Se halla el resumen de todo esto en la hermosa secuencia Lauda Sion, debida al genio de Santo Tomás de Aquino. A los que preguntan el cómo de estos misterios que Dios impone a nuestra fe, basta contestarles: Dios es todopoderoso. Él lo puede, Él lo quiere, Él lo ha dicho; luego hay que creerle. 

EXCELENCIA, NECESIDAD Y UTILIDADES DE LA SANTA MISA

Antes de principiar te diré que este Santo Sacrificio se llama Misa, esto es, enviada, porque representa la legación que media entre Dios y el hombre; pues Dios envía a su Hijo al altar, y de aquí la Iglesia le envía a su Eterno Padre para que interceda por los pecadores. SAN BUENAVENTURA.

Mucha paciencia se necesita para tolerar el contagioso lenguaje de algunos libertinos que con frecuencia se atreven a difundir proposiciones escandalosas, que tienen sabor de muy pronunciado ateísmo, y son un veneno para la piedad cristiana.

"Una Misa más o menos, dicen, poco importa".

"Muchos dicen, Ojala esta misa se demore poco que estoy de afán"

"Ya no es tan poca cosa oír la Misa los días de obligación".

"La Misa de tal sacerdote es una Misa de Semana Santa: y cuando lo veo acercarse al altar escapo de la iglesia".

Los que así se expresan dan bien a entender que en poco, mejor dicho, que en nada apre cian el adorable sacrificio de la Misa. ¿Sabes, querido lector, lo que es en realidad la Santa Misa? Es el sol del mundo cristiano, el alma de la fe, el centro de la Religión católica, hacia el cual convergen todos los ritos, todas las ceremonias y todos los Sacramentos; en una palabra, es el compendio de todo lo bueno, de todo lo bello que hay en la Iglesia de Dios. Medita, pues, atentamente, piadoso lector, lo que voy a decirte en estas páginas para tu instrucción.

EXCELENCIA DEL SANTO SACRIFICIO DE LA MISA

Es una verdad incontestable, que todas las religiones que existieron desde el principio del mundo establecieron algún sacrificio que constituyó la parte esencial del culto debido a Dios: empero, como sus leyes eran o viciosas o imperfectas, también los sacrificios que prescribían participaban de sus vicios o de sus imperfecciones. Nada más vano que los sacrificios de los idólatras, y por consiguiente no hay necesidad de mencionarlos. En cuanto a los de los hebreos, aun cuando profesaban entonces la verdadera Religión, eran también pobres e imperfectos, pues sólo consistían en figuras: Infirma et egena elementa , según expresión del Apóstol San Pablo, porque no podían borrar los pecados ni conferir la divina gracia.

El sacrificio, pues, que poseemos en nuestra Santa Religión es el de la Santa Misa, el úni co sacrificio santo y de todo punto perfecto. Por medio de él todos los fieles pueden hon rar dignamente a Dios, reconociendo su dominio soberano sabre nosotros, y protestando al mismo tiempo su propia nada. Por esta razón el santo rey David le llama Sacrificium iustitiae, sacrificio de justicia, no sólo porque contiene al Justo por excelencia y al Santo de los Santos, o mejor dicho, a la Jus ticia y Santidad por esencia, sino porque san tifica las almas por la infusión de la gracia y por la abundancia de dones celestiales que les comunica. Siendo, pues, este augusto Sacrificio el más venerable y excelente de todos, y a fin de que te formes la sublime idea que debes tener de un tesoro tan precioso, vamos a explicar sucintamente algunas de sus divinas excelencias, porque para expli carlas todas se necesitaba otra inteligencia superior a la nuestra.

-- El sacrificio de la Misa es igual al sacrificio de la Cruz 

La principal excelencia del santo sacrificio de la Misa es que debe ser considerado como esencial y absolutamente el mismo que se ofreció sobre la cruz en la cima del Calva rio, con esta sola diferencia: que el sacrifi cio de la cruz fue sangriento, y no se ofreció más que una vez, satisfaciendo plenamente el Hijo de Dios, con esta única oblación, por todos los pecados del mundo; mientras que el sacrificio del altar es un sacrificio incruento, que puede ser renovado infinitas veces, y que fue instituido para aplicar a cada uno en particular el precio universal que Jesucristo pagó sobre el Calvario por el rescate de todo el mundo. De esta manera, el sacrificio san griento fue el medio de nuestra redención, y el sacrificio incruento nos da su posesión: el primero nos franquea el inagotable tesoro de los méritos infinitos de nuestro divino Salvador; el segundo nos facilita el uso de ellos poniéndolos en nuestras manos. La Misa, pues, no es una simple representación o la memoria únicamente de la Pasión y muerte del Redentor, sino la reproducción real y verdadera del sacrificio que se hizo en el Calvario; y así con toda verdad puede decirse que nuestro divino Salvador, en cada Misa que se celebra, renueva místicamente su muerte sin morir en realidad, pues está en ella vivo y al mismo tiempo sacrificado e inmolado: "Vidi  agnum stantem tam quam occisum”.

En el día de Navidad la Iglesia nos repre senta el Nacimiento del Salvador; sin embar go, no es cierto que nazca en este día cada año. En el día de la Ascensión y Pentecostés, la misma Iglesia nos representa a Jesucristo subiendo a los cielos y al Espíritu Santo ba jando a la tierra; sin embargo, no es verdad que en todos los años y en igual día se re-nueve la Ascensión de Jesucristo al cielo, ni la venida visible del Espíritu Santo sobre la tierra. Todo esto es enteramente distinto del misterio que se verifica sobre el altar, en donde se renueva realmente, aunque de una manera incruenta, el mismo sacrificio que se realizó sobre la cruz con efusión de sangre. El mismo Cuerpo, la misma Sangre, el mismo Jesús que se ofreció en el Calvario, el mismo es el que al presente se ofrece en la Misa.

Ésta es la obra de nuestra Redención, que continúa en su ejecución, como dice la Igle sia: Opus nostrae redemptionis exercetur . Sí, exercetur; se ofrece hoy sobre los altares el mismo sacrificio que se consumó sobre la cruz.

¡Oh, qué maravilla! Pues dime por favor. Si cuando te diriges a la iglesia para oír la Santa Misa reflexionaras bien que vas al Calvario para asistir a la muerte del Redentor, ¿irías a ella con tan poca modestia y con un porte exterior tan arrogante? Si la Magdalena al dirigir sus pasos al Calvario se hubiese prosternado al pie de la cruz, estando enga lanada y llena de perfumes, como cuando de seaba brillar a los ojos de sus amantes, ¿qué se hubiera pensado de ella? Pues bien; ¿qué se dirá de ti que vas a la Santa Misa ador nado como para un baile? ¿Y qué será si vas a profanar un acto tan santo con miradas y señas indecentes, con palabras inútiles y en cuentros culpables y sacrílegos? Yo digo que la iniquidad es un mal en todo tiempo y lu gar; pero los pecados que se cometen durante la celebración del santo sacrificio de la Misa y en presencia de los altares, son pecados que atraen sobre sus autores la maldición del Señor: Maledictus qui facit opus Domini fraudulenter . Medítalo atentamente mientras que te manifiesto otras maravillas y excelencias de tan precioso tesoro.

--El santo sacrificio de la Misa tiene por principal sacerdote al mismo Jesucristo. Funciones del celebrante y de los asistentes 

Imposible parece poderse hallar una prerrogativa más excelente del sacrificio de la Misa, que el poderse decir de él que es, no sólo la copia, sino también el verdadero y exacto original del sacrificio de la cruz; y, sin embargo, lo que lo realza más todavía, es que tiene por sacerdote un Dios hecho hombre. Es indudable que en un sacrificio hay tres cosas que considerar: el sacerdote que lo ofrece, la Víctima que ofrece, y la majestad de Aquél a quien se ofrece. He aquí, pues, el maravilloso conjunto que nos presenta el santo sacrificio de la Misa bajo estos tres puntos de vista. El sacerdote que lo ofrece es un Hombre-Dios, Jesucristo; la víctima ofre cida es la vida de un Dios, y aquél a quien se ofrece no es otro que Dios. Aviva, pues, tu fe, y reconoce en el sacerdote celebrante la adorable persona de Nuestro Señor Jesucris to. Él es el primer sacrificador, no solamen te por haber instituido este sacrificio y por-que le comunica toda su eficacia en virtud de sus méritos infinitos, sino también por-que, en cada Misa, Él mismo se digna conver tir el pan y el vino en su Cuerpo y Sangre preciosísima. Ve, pues, cómo el privilegio más augusto de la Santa Misa es el tener por sacer dote a un Dios hecho hombre. Cuando consi deres al sacerdote en el altar, ten presente que su dignidad principal consiste en ser el ministro de este Sacerdote invisible y eterno, nuestro Redentor. De aquí resulta que el sa crificio de la Misa no deja de ser agradable a Dios, cualquiera que sea la indignidad del sacerdote que celebra, puesto que el principal sacrificador es Jesucristo Nuestro Señor, y el sacerdote visible no es más que su humilde ministro. Así como el que da limosna por mano de uno de sus servidores es considerado justamente como el donante principal; y aun cuando el servidor sea un pérfido y un mal-vado, siendo el señor un hombre justo, su limosna no deja de ser meritoria y santa.

¡Bendita sea eternamente la misericordia de nuestro Dios por habernos dado un sacer dote santo, santísimo, que ofrece al Eterno Padre este Divino Sacrificio en todos los paí ses, puesto que la luz de la fe ilumina hoy al mundo entero! Sí, en todo tiempo, todos los días y a todas horas; porque el sol no se oculta a nuestra vista sino para alumbrar a otros puntos del globo; a todas horas, por consiguiente, este Sacerdote santo ofrece a su Eterno Padre su Cuerpo, su Sangre, su Alma, a sí mismo, todo por nosotros, y tantas veces como Misas se celebren en todo el uni verso. ¡Oh, qué inmenso y precioso tesoro! ¡Qué mina de riquezas inestimables poseemos en la Iglesia de Dios! ¡Qué dicha la nuestra si pudiéramos asistir a todas esas Misas! ¡Qué capital de méritos adquiriríamos! ¡Qué co secha de gracias recogeríamos durante nues  tra vida, y qué inmensidad de gloria para la eternidad, asistiendo con fervor a tantos y tan Santos Sacrificios!

Pero ¿qué digo, asistiendo? Los que oyen la Santa Misa, no solamente desempe ñan el oficio de asistentes, sino también el de oferentes; así que con razón se les puede llamar sacerdotes: Fecisti nos Deo nostro regnum, et sacerdotes). El celebrante es, en cierto modo, el ministro público de la Iglesia, pues obra en nombre de todos: es el media dor de los fieles, y particularmente de los que asisten a la Santa Misa, para con el Sacer dote invisible, que es Jesucristo Nuestro Señor; y juntamente con Él, ofrece al Padre Eterno, en nombre de todos y en el suyo, el precio infinito de la redención del género humano. Sin embargo, no está solo en el ejercicio de este augusto misterio; con él concurren a ofrecer el sacrificio todos los que asisten a la Santa Misa. Por eso el celebrante al dirigirse a los asistentes, les dice: Orate, fratres: "Orad, hermanos, para que mi sacri ficio, que también es el vuestro, sea agradable a Dios Padre todopoderoso". Por estas palabras nos da a entender que, aun cuando él desempeña en el altar el principal papel de ministro visible, no obstante todos los presentes hacen con él la ofrenda de la Víctima Santa.

Así, pues, cuando asistes a la Misa, desempeñas en cierto sentido las funciones de sacer dote. ¿Qué dices ahora? ¿Te atreverás todavía de aquí en adelante a oír la Santa Misa sentado desde el principio hasta el fin, charlando, mirando a todas partes, o quizás medio dormido, satisfecho con pronunciar bien o mal algunas oraciones vocales, sin fijar la atención en que desempeñas el tremendo ministerio de sacerdote? ¡Ah! Yo no puedo menos de exclamar: ¡Oh, mundo ignorante, que nada comprendes de misterios tan subli mes! ¡Cómo es posible estar al pie de los altares con el espíritu distraído y el corazón disipado, cuando los Ángeles están allí temblando de respeto y poseídos de un santo temor a vista de los efectos de una obra tan asombrosa! 

--El sacrificio de la Misa es el prodigio más asombroso de cuantos ha hecho la Omnipotencia divina

¿Te admirarás acaso al oírme decir que la Santa Misa es una obra asombrosa? ¡Ah! ¿Tan poca cosa es a tus ojos la maravilla que se verifica a la palabra de un simple sacerdote? ¿Qué lengua de hombres, ni aun de ángeles, podrá explicar jamás un poder tan ilimitado? ¿Quién hubiera podido conce bir que la voz de un hombre, que ni aun pue de sin algún esfuerzo levantar una paja, de bería estar por gracia, dotada de una fuerza tan prodigiosa que obligase al Hijo de Dios a bajar del cielo a la tierra? Éste es un poder mucho mayor que el de trasladar los montes de un lugar a otro, secar el Océano, o dete ner el curso de los astros. Éste es un poder que de algún modo rivaliza con aquel primer Fiat, por medio del cual sacó Dios el mundo de la nada y que parece aventajar, en cierto sentido, al otro Fiat, por el cual la Santísima Virgen recibió en su seno al Verbo Eterno. Con efecto, la Santísima Virgen no hizo más que suministrar la materia para el Cuerpo del Salvador, que fue formado de su substancia, es decir, de su preciosísima sangre, pero no por medio de Ella, ni de su operación; mientras que la voz del sacerdote, en cuanto obra como instrumento de Nuestro Señor Jesucristo, en el acto de la consagración re-produce de una manera admirable al Hombre-Dios, bajo las especies sacramentales, y esto tantas cuantas veces consagra.

El Beato Juan el Bueno de Mantua con un milagro hizo conocer en cierto día esta verdad a un ermitaño, compañero suyo. No podía éste comprender que la palabra del sacerdote fuese bastante poderosa para con vertir la substancia del pan y del vino, en el Cuerpo y Sangre de Nuestro Señor Jesucris to; y, lo que aún es más lamentable, cedió a las sugestiones del demonio. Tan pronto el venerable Siervo de Dios se apercibió del gravísimo error de su compañero, lo condujo cerca de una fuente, de la que sacó un poco de agua, que le hizo tomar. El ermitaño, des pués de haberla bebido, declaró que jamás había gustado un vino tan delicado. Pues bien, le dijo entonces el Siervo de Dios, ¿veis lo que significa este prodigio? Si por mi mediación, y eso que no soy más que un mi serable mortal, la virtud divina ha mudado el agua en vino, ¿con cuánta mayor razón de béis creer que por medio de las palabras del sacerdote, que son las palabras del mismo Dios, el pan y el vino se convierten en el Cuer po y Sangre de Nuestro Señor Jesucristo? ¿Quién, pues, se atreverá a fijar límites a la omnipotencia de Dios? Esto bastó para ilustrar a aquel afligido solitario, quien, alejando de repente todas las dudas que atormentaban su alma, hizo una austera penitencia de su pecado.

Tengamos fe, pero fe viva, y confesaremos que son innumerables las maravillosas excelencias contenidas en este adorable Sacrificio. Entonces no nos asombraremos viendo reno varse a cada instante, y en mil y mil luga res diversos, el prodigio de la multiplicación de la Humanidad sacratísima del Salvador, por la cual goza de una especie de inmensi dad no concedida a ningún otro cuerpo, y re servada a ella sola en recompensa de una vida inmolada al Altísimo. Esto es lo que el demonio, hablando por boca de una obsesa o endemoniada, hizo comprender a un judío incrédulo, valiéndose de una comparación material y ordinaria. Encontrábase este judío en una plaza pública con otras muchas perso nas entre las cuales estaba la obsesa, cuando vio pasar un sacerdote que, seguido de una numerosa comitiva, llevaba a un enfermo el Sagrado Viático. Todos se arrodillaron al ins tante para adorar al Santísimo Sacramento; pero el judío permaneció inmóvil y no dio la menor señal de respeto. Apercibiéndose de ello la obsesa, se levantó con ira, y dando al judío un fuerte bofetón, le quitó con violencia su sombrero. "Desgraciado, le dice, ¿por qué no rindes homenaje al verdadero Dios, que está presente en este Divino Sacramento? — ¿Qué verdadero Dios? replicó el judío; si así fuese, pudiera decirse que había muchos dio ses, puesto que cuando se celebra la Misa hay uno en cada altar". Al oír estas palabras tomó la obsesa una criba, y poniéndola en frente del sol, le dijo al judío que mirase los rayos que pasaban por medio de los agujeros, y en seguida añadió: "Dime, judío, ¿son muchos los soles que atraviesan esta criba, o no hay más que uno?" El judío contestó que sólo había uno, no obstante la multiplicación de rayos. "¿Por qué te asombras, pues, repuso la obsesa, de que un Dios hecho hombre, aun-que uno, indivisible e inmutable, se ponga por un exceso de amor, real y verdadera-mente presente bajo los velos del Sacramento y sobre muchos altares a la vez?" Esta refle xión fue bastante para confundir la perfidia del judío, que se vio obligado a confesar la verdad de la fe.

¡Oh fe santa! Necesitamos un rayo de tu luz para repetir con fervor: ¿Quién se atre verá jamás a fijar límites a la omnipotencia de Dios? La sublime idea que Santa Teresa de Jesús había concebido de esta omnipotencia, le hacía decir a menudo, que cuanto más profundos e inaccesibles a nuestro en tendimiento eran los misterios de nuestra Re ligión, más se adhería a ellos, con más firmeza y devoción, sabiendo muy bien que el Todo-poderoso puede hacer, si es de su divino agrado, prodigios infinitamente más admira bles que todo cuanto vemos. Aviva, pues, mucho tu fe, y confesarás que este Divino Sacrificio es el milagro de los milagros, la maravilla de las maravillas, y que su principal excelencia consiste en ser incomprensible a nuestra débil inteligencia, y lleno de asombro di una y mil veces: ¡Ah qué gran tesoro! ¡Cuán inmenso es! Pero si su prodigiosa excelencia no basta a conmoverte, te conmoverás, sin duda, en vista de la suprema necesidad que tenemos de este Santísimo Sacrificio.
 

LOS SANTOS Y MISTICOS

Santa Angela de Foligno
"Si tan solo pausáramos por un momento para considerar con atención lo que ocurre en este Sacramento, estoy seguro que pensar en el amor de Cristo por nosotros transformaría la frialdad de nuestros corazones en un fuego de amor y gratitud."

San Agustín:
"Cristo se sostuvo a si mismo en Sus manos cuando dio Su Cuerpo a Sus discípulos diciendo: "Este es mi Cuerpo". Nadie participa de esta Carne sin antes adorarla"

"Reconoce en este pan lo que colgó en la cruz, y en este caliz lo que fluyó de Su costado... todo lo que en muchas y variadas maneras anunciado antemano en los sacrificios del Antiguo Testamento pertenece a este singular sacrificio que se revela en el Nuevo Testamento" -Sermón 3, 2; Circa 410 A.D.

San Efrén:
Oh Señor, no podemos ir a la piscina de Siloé a la que enviaste el ciego. Pero tenemos el cáliz de tu Preciosa Sangre, llena de vida y luz. Cuanto mas puros somos, mas recibimos.

San Francisco de Sales:
"Cuando la abeja ha recogido el roció del cielo y el néctar de las flores mas dulce de la tierra, se apresura a su colmena. De la misma forma, el sacerdote, habiendo del altar al Hijo de Dios (que es como el rocío del cielo y verdadero hijo de María, flor de nuestra humanidad), te lo da como manjar delicioso"

San Juan Bosco: 
"El objetivo principal es promover veneración al Santísimo Sacramento y devoción a María Auxilio de los Cristianos. Este título parece agradarle mucho a la augusta Reina del Cielo"

San Juan Eudes:
"Para ofrecer bien una Eucaristía se necesitarían tres eternidades: una para prepararla, otra para celebrarla y una tercera para dar gracias".
San Alfonso Ligorio:
"Tened por cierto el tiempo que empleéis con devoción delante de este divinísimo Sacramento, será el tiempo que más bien os reportará en esta vida y más os consolará en vuestra muerte y en la eternidad. Y sabed que acaso ganaréis más en un cuarto de hora de adoración en la presencia de Jesús Sacramentado que en todos los demás ejercicios espirituales del día." 

San Cirilo de Jerusalén:
"Así como dos pedazos de cera derretidos juntos no hacen más que uno, de igual modo el que comulga, de tal suerte está unido con Cristo, que él vive en Cristo y Cristo en él."

San Ignacio de Loyola
Preparando el altar, y después de revestirme, y durante la Misa, movimientos internos muy intensos y muchas e intensas lágrimas y llanto, con frecuente pérdida del habla, y también al final de la Misa, y por largos períodos durante la misa, en la preparación y después, la clara visión de nuestra Señora, muy propicia ante el Padre, hasta tal grado, que las oraciones al Padre y al Hijo y en la consagración, no podía sino sentir y verla, como si fuera parte o la puerta, para toda la gracia que sentía en mi corazón. En la consagración de la Misa, ella me enseñó que su carne estaba en la de su Hijo, con tanta luz que no puedo escribir sobre ello. No tuve duda de la primera oblación ya hecha"

El santo cura de Ars, San Juan María Vianney:
“Si conociéramos el valor de La Santa Misa nos moriríamos de alegría”.

"Sí supiéramos el valor del Santo Sacrificio de la Misa, qué esfuerzo tan grande haríamos por asistir a ella".

"Qué feliz es ese Ángel de la Guarda que acompaña al alma cuando va a Misa". 

"La Misa es la devoción de los Santos".

San Anselmo: “Una sola misa ofrecida y oída en vida con devoción, por el bien propio, puede valer más que mil misas celebradas por la misma intención, después de la muerte.”

Santo Tomás de Aquino: "La celebración de la Santa Misa tiene tanto valor como la muerte de Jesús en la Cruz".

San Francisco de Asís: "El hombre debería temblar, el mundo debería vibrar, el Cielo entero debería conmoverse profundamente cuando el Hijo de Dios aparece sobre el altar en las manos del sacerdote". 

Santa Teresa de Jesús: "Sin la Santa Misa, ¿que sería de nosotros? Todos aquí abajo pereceríamos ya que únicamente eso puede detener el brazo de Dios. Sin ella, ciertamente que la Iglesia no duraría y el mundo estaría perdido sin remedio".

En cierta ocasión, Santa Teresa se sentía inundada de la bondad de Dios. Entonces le hizo esta pregunta a Nuestro Señor: “Señor mío, “¿cómo Os podré agradecer?” Nuestro Señor le contestó: “ASISTID A UNA MISA”.

San Alfonso de Ligorio: "El mismo Dios no puede hacer una acción más sagrada y más grande que la celebración de una Santa Misa". 

Padre Pío de Pieltrecina: 
"Sería más fácil que el mundo sobreviviera sin el sol, que sin la Santa misa"

La Misa es infinita como Jesús... pregúntenle a un Angel lo que es la misa, y El les contestará, en
verdad yo entiendo lo que es y por qué se ofrece, mas sin embargo, no puedo entender cuánto valor tiene. Un Angel, mil Angeles, todo el Cielo, saben esto y piensan así".

San Lorenzo Justino:
"Nunca lengua humana puede enumerar los favores que se correlacionan al Sacrificio de la Misa. El pecador se reconcilia con Dios; el hombre justo se hace aún más recto; los pecados son borrados; los vicios eliminados; la virtud y el mérito crecen, y las estratagemas del demonio son frustradas. 

San Leonardo de Port Maurice:
 "Oh gente engañada, qué están haciendo? Por qué no se apresuran a las Iglesias a oír tantas Misas como puedan? Por qué no imitan a los ángeles, quienes cuando se celebra una Misa, bajan en escuadrones desde el Paraíso y se estacionan alrededor de nuestros altares en adoración, para interceder por nosotros?".

"Yo creo que sí no existiera la Misa, el mundo ya se hubiera hundido en el abismo, por el peso de su iniquidad. La Misa es el soporte poderoso que lo sostiene ".

“una misa antes de la muerte puede ser más provechosa que muchas después de ella…

San Felipe Neri:
"Con oraciones pedimos gracia a Dios; en la Santa Misa comprometemos a Dios a que nos las conceda ".

San Pedro Julián Eymard:
"Sepan, oh Cristianos, que la Misa es el acto de religión más sagrado. No pueden hacer otra cosa para glorificar más a Dios, ni para mayor provecho de su alma, que asistir a Misa devotamente, y tan a menudo como sea posible ". 

San Bernardo
"Uno obtiene más mérito asistiendo a una Santa Misa con devoción, que repartiendo todo lo suyo a los pobres y viajando por todo el mundo en peregrinación ".

San Francisco Javier Bianchi: "Cuando oigan que yo no puedo ya celebrar la Misa, cuéntenme como muerto". 

San Buenaventura: 
"La Santa Misa es una obra de Dios en la que presenta a nuestra vista todo el amor que nos tiene; en cierto modo es la síntesis, la suma de todos los beneficios con que nos ha favorecido".

"Hay en la Santa Misa tantos misterios como gotas de agua en el mar, como átomos de polvo en el aire y como ángeles en el cielo; no sé si jamás ha salido de la mano del Altísimo misterio más profundo."

San Gregorio el Grande: "El sacrificio del altar será a nuestro favor verdaderamente aceptable como nuestro sacrificio a Dios, cuando nos presentamos como víctimas". 

Cuando Santa Margarita María Alacoque asistía a la Santa Misa, al voltear hacia el altar, nunca dejaba de mirar al Crucifijo y las velas encendidas. Por qué? Lo hacía para imprimir en su mente y su corazón, dos cosas: El Crucifijo le recordaba lo que Jesús había hecho por ella; las velas encendidas le recordaban lo que ella debía hacer por Jesús, es decir, sacrificarse consumirse por El y por las almas.

San Andrés Avellino: "No podemos separar la Sagrada Eucaristía de la Pasión de Jesús".

A través de esta comunión en el Cuerpo de Cristo, Dios te ofrece donde enraizar tu vida entera. Hno Roger de Taizé, carta de Madrás, 1986
Ahí lo tienes: es Rey de Reyes y Señor de Señores. -Está escondido en el Pan. Se humilló hasta esos extremos por amor a ti. San Josemaría Escrivá de Balaguer

Antes, pues, que se realice la consagración, el pan es pan; pero cuando sobre él descienden las palabras de Jesucristo, que dice: "Esto es mi cuerpo", el pan se convierte en el Cuerpo de Cristo. San Agustín

Comunión, unión, comunicación, confidencia: Palabra, Pan, Amor. San Josemaría Escrivá de Balaguer

Cuando te acercas al Sagrario piensa que El!... te espera desde hace veinte siglos. San Josemaría Escrivá de Balaguer

¡Cuántos años comulgando a diario! —Otro sería santo —me has dicho—, y yo ¡siempre igual! —Hijo —te he respondido—, sigue con la diaria Comunión, y piensa: ¿qué sería yo, si no hubiera comulgado? San Josemaría Escrivá de Balaguer

Dios viene a nosotros , para saciar nuestra sed, a través de la Eucaristía y del hermano pobre, el que no tiene ropa, el sin techo o el enfermo. Sor Nirmala

El amor de la Trinidad a los hombres hace que, de la presencia de Cristo en la Eucaristía, nazcan para la Iglesia y para la humanidad todas las gracias. San José Escrivá de Balaguer

El Pan eucarístico, fármaco de inmortalidad, antídoto contra la muerte. San Ignacio de Antioquía

El pan y el vino consagrados separadamente nos recuerdan la separación sangrienta que tuvo lugar en el Calvario. Pío XII

El remedio de nuestra necesidad cotidiana. San Ambrosio

El Sacrificio eucarístico es « fuente y cima de toda la vida cristiana ». Concilio Vaticano II

En cada Eucaristía, hemos de ofrecernos como primicias, en pertenencia y permanencia en el amor de Cristo. Alicia Beatriz Angélica Araujo

En la Eucaristía, "Cristo nos recibe a cada uno de nosotros" Juan Pablo II, Encíclica  Ecclesia de Eucharistia

En la santísima Eucaristía se contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, a saber, Cristo mismo, nuestra Pascua y Pan vivo por su carne, que da la vida a los hombres, vivificada y vivificante por el Espíritu Santo. Concilio Vaticano II

En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros. Jn 6, 53

Entre las prácticas de la religión, la Eucaristía es lo que el Sol entre los astros. San Francisco de Sales

Es medicina de inmortalidad, antídoto para no morir, remedio para vivir en Jesucristo para siempre. San Ignacio de Antioquía

Es preciso adorar devotamente a este Dios escondido: es el mismo Jesucristo que nació de María Virgen; el mismo que padeció, que fue inmolado en la Cruz; el mismo de cuyo costado traspasado manó agua y sangre San Josemaría Escrivá de Balaguer

Esto que hay en el cáliz es aquello que manó del costado, y de ello participamos. San Juan Crisóstomo

Fortalecidos con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo y llenos de su Espíritu Santo, formemos en Cristo un sólo cuerpo y un sólo espíritu. Misal Romano

He aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo. Mt 28, 20

Hemos de levantarnos de la Sagrada Mesa con fuerzas de león para lanzarnos a toda clase de empresas heroicas. Autor desconocido

Jesús en el Sacramento es esta fuente abierta a todos, donde siempre que queramos podemos lavar nuestras almas de todas las manchas de los pecados que cada día cometemos. San Alfonso Ma. De Ligorio

La Comunión es uno de los gestos más auténticos de la fe cristiana. Alfonso Llano Escobar, S.J.

La dinámica eucarística es de suma riqueza: es presencia personal de Jesucristo resucitado. H. Aureliano Brambila

La Eucaristía debe ser el centro de nuestra vida. cfr. F, 61. San Francisco de Asís

La Eucaristía, el auténtico pesebre donde adorar a Jesús. Padre Raniero Cantalamessa OFMCap

La Eucaristía es la fuente y, al mismo tiempo, la cumbre de toda la evangelización, puesto que su objetivo es la comunión de los hombres con Cristo y, en Él, con el Padre y con el Espíritu Santo. Concilio vaticano II

«La Eucaristía es sacrificio», memorial del sacrificio de Jesucristo en la cruz. Cardenal Joseph Ratzinger

La eucaristía es trigo de los elegidos. Autor desconocido

La eucaristía es un banquete en el que comemos con Cristo, comemos a Cristo, y somos comidos por Cristo. San Agustín de Hipona

La Eucaristía es un don demasiado grande para admitir ambigüedades y reducciones. Juan Pablo II, Encíclica  Ecclesia de Eucharistia

La Eucaristía es verdaderamente un resquicio del cielo que se abre sobre la tierra. Juan Pablo II, Encíclica  Ecclesia de Eucharistia

La Eucaristía posee la triple dimensión de presencia, banquete y sacrificio. H. Aureliano Brambila

La Eucaristía, que es el sacramento por excelencia del misterio pascual, está en el centro de la vida eclesial. Juan Pablo II, Encíclica  Ecclesia de Eucharistia

La Eucaristía sabe a Vida Eterna y sabe a María, porque la carne que se nos da en la Eucaristía es carne tomada de María. Madre Teresa de Maria de Jesús Ortega

La Iglesia vive de la Eucaristía. Esta verdad no expresa solamente una experiencia cotidiana de fe, sino que encierra en síntesis el núcleo del misterio de la Iglesia. Juan Pablo II, Encíclica  Ecclesia de Eucharistia

La Iglesia vive del Cristo eucarístico, de Él se alimenta y por Él es iluminada. Juan Pablo II, Ecclesia de Eucaristía

La presencia de Jesús viva en la Hostia Santa es la garantía, la raíz y la consumación de su presencia en el mundo. San Josemaría Escrivá de Balaguer

La vida del cristiano, y por ende, del religioso, ha de estar fuertemente marcada por la Eucaristía. H. Aureliano Brambila

María es mujer « eucarística » con toda su vida. Juan Pablo II, Encíclica  Ecclesia de Eucharistia

Mi Corazón desea unir constantemente a sí todos los corazones por medio de la eucaristía, como Él mismo está unido a Mi Padre por el Amor, en la unidad y caridad perfecta. Mensaje de Jesús a Dina Bélanger

Mi Corazón eucarístico se complace mucho en hacer confidencias a las almas pero encuentro pocas almas puras que lo comprendan. Mensaje de Jesús a Dina Bélanger

Nadie come esta carne sin anteriormente adorarlo. San Agustín

No en vano ha sido llamada la eucaristía pan de los ángeles y vino que engendra vírgenes. Los jóvenes sobre todo necesitan de este divino remedio para contrarrestar el ardor de sus pasiones juveniles. Antonio Royo Marín

"No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que procede de la boca de Dios", dijo el Señor. —¡Pan y palabra!: Hostia y oración.      Si no, no vivirás vida sobrenatural. San Josemaría Escrivá de Balaguer

¿No te alegra si has descubierto en tu camino habitual por las calles de la urbe ¡otro Sagrario!? San Josemaría Escrivá de Balaguer

Nosotros ofrecemos siempre el mismo Cordero, y no uno hoy y otro mañana, sino siempre el mismo. Por esta razón el sacrificio es siempre uno sólo [...]. También nosotros ofrecemos ahora aquella víctima, que se ofreció entonces y que jamás se consumirá. San Juan Crisóstomo

Parroquia, comunidad de almas eucarísticas peregrinantes cuya patria es el cielo, cuyo centro de vida es el Sagrario y cuyo alimento es el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Autor desconocido

Prodigio admirable! Comer al Señor el pobre, siervo y humilde. Santo Tomás de Aquino

¡Que alegría, que momento incomparable! Este momento en que Jesús cerca de mi lecho de dolor, espera que mi corazón sea purificado para darse a mí en su Sacramento de Amor, prenda suprema de vida eterna. Me parece que mi pobre y pequeñito ser desaparece, ya que no soy yo misma…, es tanta la calma y la paz divina que inunda mi corazón. Marta Robín

Qué fuente de gracias es la Comunión espiritual! -Practícala frecuentemente y tendrás presencia de Dios y más unión con El en las obras. San Josemaría Escrivá de Balaguer

Que vuestras conversaciones, vuestros procederes y hasta vuestros gestos de cada hora y de cada día sean apostolados de Jesús que por la mañana entró dentro de estas almas. Autor desconocido

Quien comiere este pan o bebiere el cáliz del Señor indignamente, reo será del cuerpo y de la sangre del Señor [...], porque quien le come y bebe indignamente se traga y bebe su propia condenación. Cor 11, 27-29

Quien se alimenta de Cristo en la Eucaristía no tiene que esperar el más allá para recibir la vida eterna: la posee ya en la tierra como primicia de la plenitud futura, que abarcará al hombre en su totalidad. Juan Pablo II, Encíclica  Ecclesia de Eucharistia

Quiero almas eucarísticas, o sea, almas de adoración en la tierra. Del Libro Misterio del Amor Viviente

Quisiera que el amor de mi eucaristía sea tan grande, que las almas de adoración proyecten alrededor de su casa mi Luz Inmaculada, para que esta Luz alcance a las almas, … a muchas almas. Del Libro Misterio del Amor Viviente

La Eucaristía sabe a Vida Eterna y sabe a María, porque la carne que se nos da en la Eucaristía es carne tomada de María. M. Teresa de Ma. De Jesús Ortega

Se quedó para ti. -No es reverencia dejar de comulgar, si estás bien dispuesto. -Irreverencia es sólo recibirlo indignamente. San Josemaría Escrivá de Balaguer

Si hoy Cristo está en ti, Él resucita para ti cada día. San Ambrosio

BEATA ANA CATALINA EMERICH
VISIONES DE LA SANTA EUCARISTIA

1. El valor de la santa Misa.

En la festividad de San Isidro Labrador me fueron enseñadas muchas cosas acerca del valor de la Misa que se dice y que se oye. Supe que es una gran dicha que se digan tantas misas, aunque las digan sacerdotes ignorantes o indignos, pues mediante ellas se libran los hombres de peligros, castigos y azotes de todo género. Conviene que muchos sacerdotes no sepan lo que hacen; que si lo supieran, no celebrarían por temor, ni ofrecerían el santo Sacrificio.

Vi cuan admirables bendiciones nos vienen de oír la santa Misa y que con ellas son impulsadas todas las buenas obras y promovidos todos los bienes y que muchas veces el oírla una sola persona de una casa basta para que las bendiciones del cielo desciendan aquel día sobre toda la familia. Vi que son mucho mayores las bendiciones que se obtienen oyéndola, que encargando que se diga y se oiga por otros. Vi que las faltas que se cometen en la Misa son compensadas con auxilios sobrenaturales.

2. Imagen de las distracciones de un sacerdote en la santa Misa.

Tuve también una visión acerca de las faltas cometidas en el servicio divino celebrado en la tierra y vi como estas faltas son suplidas y remediadas de modo sobrenatural. Pero me es difícil y aún imposible decir cómo he visto todo esto; cómo se comprenden y se armonizan entre sí todos estos cuadros y cómo cada uno de ellos se explica y aclara en otro.

Es muy de notar que las faltas y negligencias cometidas en la celebración del culto aquí en la tierra sólo hace culpable al que incurre en ellas, porque el culto divino debido al Señor se compensa y se suple de un modo más elevado. Así se me representan principalmente, entre otras faltas, las distracciones de los sacerdotes mientras ejercen el ministerio, por ejemplo, mientras celebran la Misa; veo al sacerdote allí donde están sus pensamientos y entre tanto veo en el altar, en lugar de él, a un santo que hace sus veces.

Estos cuadros muestran de un modo espantoso la gravedad de la culpa del que celebra los sagrados ministerios sin devoción ni atención. Así, por ejemplo, veo salir de la sacristía a un sacerdote revestido para decir misa; pero en vez de acercarse al altar, sale de la iglesia y se dirige a una fonda, o a un huerto, o va a cazar a casa de alguna persona, o a leer, o a alguna reunión; lo veo aquí o allá, adonde van sus pensamientos, precisamente como si él fuese en persona a esos lugares, lo cual causa compasión y vergüenza. Pero es conmovedor ver que, entretanto, un sacerdote santo celebra los divinos oficios en lugar de aquel otro que divaga. Con frecuencia veo al tal sacerdote alguna vez en el altar, pero muy pronto se vuelve a otro lugar poco conveniente. A veces veo que estas distracciones duran largo rato. La enmienda se me representa en estos casos en forma de constancia y recogimiento en el culto.

En varios lugares veo quitar mucho polvo y basura de los vasos sagrados, los cuales se vuelven resplandecientes y como nuevos.

3. Ve la excelencia y la significación de la santa Misa.

(Mediados de Agosto de 1820)

Veo en todas partes sacerdotes rodeados de las gracias de la Iglesia y de los tesoros de los méritos de Jesús y de los santos, enseñando, predicando y ofreciendo el santo Sacrificio, pero muertos y tibios espiritualmente. Me fue mostrado un pagano que en lo alto de una columna hablaba de un nuevo Dios, con tal elocuencia que todo el pueblo se conmovió y participó de sus sentimientos y deseos.

Estas visiones me han turbado de día y de noche, tanto que no sé qué partido tomar. El estado actual de miseria y corrupción se me muestra en relación con un estado anterior mejor que el actual, y así tengo que orar sin intermisión.

¡Cosa monstruosa es celebrar indignamente la Misa! ¡Oh! ¡no es indiferente el celebrarla bien o mal! Supe por un cuadro inmenso de los misterios de la santa Misa, que todo lo que hay de santo desde el principio del mundo se refería a ella. He visto el Alfa y el Omega. He visto la significación del círculo, de la forma redonda de la tierra y de los cuerpos celestes, de los contornos redondos de las apariciones y de la hostia. He visto la correlación de los misterios de la Encarnación, de la Redención y del santo sacrificio de la Misa y cómo María comprende lo que ni el mismo cielo puede comprender. Estas visiones se extendían a todo el Antiguo Testamento. Vi los sacrificios desde la primera oblación y entendí la admirable significación de los santos huesos. Vi la significación de las reliquias de los altares donde se dice la Misa.

Vi los huesos de Adán descansar en el monte Calvario y por cierto algo sobre el nivel del mar, exactamente bajo el lugar en que Cristo fue crucificado. Miré dentro de una cueva y vi el esqueleto de Adán. Vi que las aguas del diluvio habían dejado intacto este sepulcro; que Noé tenía en el arca parte de esos huesos; que los puso en el altar cuando ofreció el primer sacrificio, como después hizo Abrahán, y que los huesos que éste colocaba en el altar eran los mismos de Adán, que había recibido de Sem. Así la muerte de Jesucristo en el Calvario, sobre los huesos de Adán, es una significación de la santa Misa, que se celebra sobre las reliquias que están en el arca del altar. Los sacrificios de los patriarcas eran una preparación a este sacrificio de la Misa. Así, mediante los huesos que los patriarcas ponían sobre el altar, recordaban a Dios sus promesas.

4. Ve a Noé y a Moisés ofrecer sacrificios.

Vi a Noé ofrecer en el arca sacrificios de incienso; el altar estaba cubierto de blanco y rojo. Siempre que sacrificaba u oraba ponía en él los huesos de Adán. Estos huesos los poseyó luego Abrahán, a quien los vi poner en el altar de Melquisedec. La parte posterior del altar miraba al norte. Los patriarcas edificaban siempre el altar en esta posición, porque el mal venía del Norte.

También vi a Moisés orando ante un altar donde estaban los huesos de Jacob. Cuando derramaba sobre el altar alguna cosa, levantábase una llama y en ella echaba el incienso y los perfumes. En la oración conjuró a Dios por la promesa que el mismo Dios había hecho a aquellos huesos. Oró muy largo tiempo hasta que le rindió el cansancio; pero a la mañana siguiente se levantó para orar de nuevo. Moisés oró con los brazos en cruz. Dios no puede resistir a esta oración, pues su propio Hijo ha perseverado orando así en la cruz hasta la muerte. Como había visto orar a Moisés, así vi también orando a Josué cuando el sol se detuvo por su mandato.

5. Ve a la Virgen y a San Juan en la representación de la santa Misa.

He invocado a Dios Padre pidiéndole que se digne mirar

Tags: sacrilegios

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