EL PURGATORIO
Conocer el Purgatorio glorifica la gran Misericordia de mi Corazón (SANTA MARGARITA MARIA DE ALACOQUE) Oración de la tarde. Mi alma estaba toda absorta en la contemplación del Corazón Eucarístico de Jesús, y vi de pronto una multitud de personas que – como sumergidas en un gran fuego – oraban intensamente… Luego el Señor hizo escuchar su voz mi alma. Hija, reza por estas almas, con el fin de apresurar la llegada del momento en que me estén perfectamente unidas. Su unión, durante este tiempo de Purgatorio, está sólo en mi deseo, deseo que las abrasa como un fuego. Su oración es esperanza, porque es ahí, en el Purgatorio que esta virtud, se expande en su pureza y perfección. El Purgatorio es la gran Misericordia de mi Corazón Eucarístico la más grande purificación, por un alma, es el deseo que tiene de mí, deseo que mi Corazón Eucarístico alumbra en los corazones de los hombres: es todo esperanza cuando lo pongo en sus almas. En el tiempo por venir, muchas almas serán abrasadas por este fuego, por este deseo de mí, que pondré en ellas. Mi Iglesia conocerá lo ardiente de este deseo de mí, y las almas aprenderán la esperanza a través de esta prueba de amor… El Señor tocó, entonces mi alma con una marca de fuego brillante brotado de su divino Corazón y, mientras que desfallecía bajo el ardor suave – como una flecha de fuego -, me dijo con una infinita dulzura: ¡Oh alma pequeña! Quiero abrasarte de este deseo, porque mi deseo de mí llama a mi unión contigo. No puedo describir la embriaguez, las delicias con las que mi alma fue colmada: estaba como sumergida en el amor del Corazón Eucarístico, del divino Corazón de Jesús, sufriendo cruelmente por no poder responder a la perfección, y no obstante colmada de felicidad inefable. ¡Qué felicidad! ¡Oh amor infinito! El sentido de las gracias que recibes al término de la oración, vi aparecer delante de mí a mi santo Ángel guardián. Una cruz de fuego rojo ornaba su túnica, con una luminosidad insostenible: rojo vivo como la sangre, muy radiante. Comprendo que aún me hace falta intensificar mi pobre oración y prepararme a nuevos sufrimientos. Me dijo: ¡Alabado sea Jesucristo! Uno de tus conocidos está todavía en el Purgatorio, reza y haz rezar por su liberación: La Santísima Virgen lo desea vivamente. ¡Si ella pudiese, vaciaría de golpe todo el Purgatorio! si rezan y ofrecen sacrificios, esta alma será liberada para el viernes santo. éstas palabras me turbaron, me parecía tan largo y tan breve, a la vez, que no sabía qué decir. Pero el tiempo ya no existe después de la muerte, al menos a nuestra manera es del todo distinto. Pregunté al Ángel tiene que sufrir mucho, y qué hacer. El Ángel responde: Sí, sufre bastante, cada vez más, porque está cerca de su liberación, pero es un sufrimiento de amor, ya lo sabes. reza, ofrece tus misas por él, di a menudo la oración “O bon et très doux Jesús”, especialmente después de la comunión. ¡Pero sobre todo haz penitencia! el ayuno y la penitencia son de gran auxilio para las almas del Purgatorio. Pero para estas mortificaciones, debes pedir la autorización a tu Padre…Mortifica los sentidos, en especial los ojos y la lengua, porque Dios necesita almas interiorizadas y silenciosas guarda tus penas y tus tristezas sólo para Jesús, no las confíes sino a él. No abrumes a tus hermanos, debes ser un alma de gozo en la cruz. Y, luego, como conoces la faltas de esta alma, repáralas ejerciendo las virtudes opuestas, que les corresponden inversamente, por así decirlo, vi a esta persona en las llamas claras dije a mi ángel y a esa alma a veces no sabía qué debo hacer, porque, a menudo, tengo miedo de equivocarme, de ser víctima de mi imaginación. El Ángel me mira muy severamente, al igual que esta alma que me dijo con firmeza: ¡Cómo! Sabes lo que tienes que hacer, debes amar mucho, rezar mucho, guardar silencio acerca de los dones de Dios, y sobre todo permanecer obediente a tu Padre. ¡No cedas al desaliento! ¡Que tu laxitud no nos cause perjuicio, tenemos necesidad de sus oraciones y de sus auxilios; por nosotros, ciertamente, pero sobre todo por Dios porque es un deber para ustedes. Todo eso glorifica al Señor Esta amonestación me puso de pie, si se pudiera decir. Y la persona prosigue, con tanta firmeza como dulzura. No hace falta hacerte preguntas; Dios sabe lo que hace contigo… ¡Déjate hacer, déjate conducir por su gracia! Esas gracias te serán concedidas para ser comunicadas a la Iglesia Santa, Dios quiere servirse de esto para el bien, para despertar las almas adormecidas, para recordar a los hombres encerrados en su egoísmo que su vida no se termina sobre la tierra, sino que se expande después de la muerte corporal. Actualmente, no se piensa ya en el Purgatorio, incluso se viene a negar su existencia, tal como ocurre con el infierno: ¡Tú debes decir que el Cielo, el Purgatorio y el infierno existen! Si incluso el infierno, el infierno existe, y por desgracia no esta vacío! Me mostró, en un abrir y cerrar de ojos, el misterio del infierno. Creí desfallecer por el choque. No dije una sola palabra. Mi Ángel me sostenía y el alma prosiguió: Dios, que es todo bondad, quiso, sin embargo, hacer conocer este gran misterio del Purgatorio de su amor. muchos santos, enseñados por la Sabiduría divina y colmados de sus luces de verdad enseñaron y escribieron sobre este misterio de amor, para glorificar al Señor en su misericordia, para iluminar las almas y prevenirlas, para suscitar en la Iglesia Santa un aumento de oraciones y de sufragios en nuestro favor. esta persona guardó silencio, levantó los ojos al cielo, radiante. Luego prosiguió con gravedad: escucha bien lo que te digo es el sentido mismo a las gracias que recibes, que Dios te prodiga a pesar de tu indignidad, porque tuvo piedad de tu miseria. La contemplación de este gran misterio, la consideración de la misericordia y de la justicia de Dios, la meditación de las realidades de los fines últimos, deben ser para ustedes una escuela y un ejemplo: porque su obligación es esforzarse y ser santos, y preparase a entrar en la Mansión de Dios después de su muerte aquí abajo. Es para estimularte y estimular a las almas a la santidad, Que todas esas gracias te son concedidas que todas esas enseñanzas te son dadas en abundancia. Sí, hace falta que sean santos; Dios los quiere santos, esa es su verdadera felicidad. Todos los medios les son dados por Jesús en la iglesia: ¡Sepan utilizarlos, sacar provecho! Todo esto te es dicho y mostrado para que las almas se inflamen de amor, para que estén languideciendo por Dios, Sin tener otro deseo que su puro querer hagan todo para evitar el Purgatorio; no por temor, sino por amor rueguen por nosotros, que no supimos evitarlo, sin elegir almas en particular, fuera de aquellas por las que tienen el deber personal de rezar, remitan todo a la Madre de Bondad, la celeste Tesorera Repartirá los sufragios, según la voluntad de Dios. Te voy a decir cuáles son los medios más eficaces para evitar las penas del purgatorio en todas las cosas, no buscar sino la gloria de Dios, ser perfectamente desprendido de todas las criaturas, en todas las cosas no querer sino cumplir la Pura Voluntad de Dios, disponerse con amor a la muerte, ejercer las virtudes de obediencia, de humildad y de discreción, y llevar el escapulario de la Reina del Carmelo. De hecho, es el programa de su vida en la tierra. Si leyeran eventualmente un buen tratado sobre el Purgatorio, bien lo sabrían, porque no se ha dicho nada nuevo. Pero, ¿quién se da el tiempo en esta época? ¿Sabes que existe una forma de glotonería espiritual que consiste en no leer sino obras que brindan al alma consuelos y satisfacciones sensibles? Muchas personas piadosas no quieren leer sino lo que les place, so pretexto que eso les conviene pero lo que place raramente es lo mejor y complaciendo de esta manera los gustos espirituales, se cae rápidamente en la complacencia se calló, sonrió. Nunca había leído el tratado de Santa Catalina de Génova, y comprendí que era una de esas buenas lecturas a las que esta persona hacía alusión. Y todo desapareció. En el infierno el alma se encuentra de golpe inmersa en una soledad absoluta que es como la densidad del caos, de la muerte de la nada todo es no presencia, no comunicación, no amor, es una ausencia total de movimiento, de deseo, una inmersión en el pecado en estado bruto, en el mal absoluto, objetivado. El alma se sabe pecadora, pero el pecado le pertenece, ya no es suyo, la posee, la impregna. Hay como un entrelazamiento entre el condenado y el pecado es el infierno. Es difícil de exponer. Fuera de tiempo, compararía aquello con una suerte de atomización, una terrible concentración del mal, porque el infierno no está vacío, está lleno de la nada hay una presión inaudita, una densidad, una opacidad atroces cuando hablo de la nada, no es el no ser, es el anti ser, el anti amor. En este estado, el alma no siente nada, no experimenta nada en el orden sensible, es mil veces peor que un sufrimiento continuo una agonía del espíritu del que se sabe que no desembocará en nada más que sobre ella misma, yendo siempre hacia abajo porque el espíritu es llevado a unirse a la ofensa infinita que constituye el pecado, con el que se identifica y se asimila cada vez más. Sin embargo no hay movimiento, ni progreso. Lo que aumenta es una no comunicación entre los condenados que están yuxtapuestos, pegados, oprimiéndose los unos a los otros por el solo hecho. Es peor que el odio, que un movimiento pasional, pulsional, y que se puede de alguna manera disecar o saborear, si se pudiera decir es el no amor en su glacial objetividad porque aunque se arda en el infierno, se está igualmente en un frío de hielo que es el de la segunda muerte, de la muerte eterna. Esto, una vez más, que se comprenda bien, no es una entrada en la nada, una disolución, es la no vida sin el dinamismo de la vida, sin creatividad, sin evolución. Es un estado permanente de vértigo y de opresión, que va siempre en aumento e intensidad porque esta muerte es infinita, y eterno el infierno. Este sufrimiento es más atroz que todo, el fuego más ardiente de la tierra es glacial en comparación de ese fuego del infierno y el frío más gélido que aquí es ardiente comparado con el frío glacial de la segunda muerte. No es una experiencia de no ser, sino de no ser lo que se es, el absoluto imposibilitado de ser, de llegar a ser lo que se es porque estaba llamado a serlo en el misterio de la cruz salvífica que se rechazó, despreciando el don gratuito de la salvación. Oh Jesús mío…perdónanos…líbranos del fuego del infierno. Lleva al cielo a todas las almas, socorre especialmente a las más necesitadas de tu Misericordia. Jesús, José y María os doy el corazón y el alma mía. Jesús…todo por ellas…todo por las almas.
