LOS SANTOS ANGELES
La existencia de los Ángeles
Es verdad de fe la existencia de los Ángeles (seres espirituales, personales y libres), creados por Dios y elevados por la gracia al orden sobrenatural. Su propio nombre, que significa ”enviado”, expresa su función ministerial, de mensajeros de Dios ante los hombres, como aparece innumerables veces en la Sagrada Escritura.
Junto a la intervención de los Ángeles en acontecimientos singulares de la historia humana, se da siempre otra continua asistencia, sin aparato sensible, en la vida personal de los hombres. “Porque la Providencia de Dios ha dedo a los Ángeles la misión de guardar al linaje humano y de socorrer e cada hombre”, enseñaba el Catecismo del Concilio de Trento (parte IV, cap. IX, n. 4).
La existencia de los Ángeles Custodios es una verdad, continuamente profesada por la Iglesia, que forma parte desde siempre del tesoro de piedad y de doctrina del pueblo cristiano. Estos Ángeles, “no han sido enviados solamente en algún caso particular, sino que han sido designados desde nuestro nacimiento para nuestro cuidado, y constituidos para defensa de la salvación de cada uno de los hombres” (n. 6).
Jesucristo mismo dijo a sus discípulos: “Mirad que no despreciéis a alguno de estos pequeñuelos, porque os hago saber que sus Ángeles en los cielos están siempre viendo el rostro de mi Padre celestial” (Mat. 18, 10). Y comenta San Jerónimo: “Grande es la dignidad de las almas, cuando cada una de ellas, desde el momento de nacer. tiene un Ángel destinado para su custodia”.
Cooperadores de Dios
Ciertamente, Dios puede prescindir de los Ángeles en el gobierno amoroso y paternal de los hombres, pero ha querido dar a los Ángeles de la guarda la misión de cooperar en el plan de su Providencia sobre nosotros. Su auxilio nos es muy conveniente porque -aunque la gracia eleva al orden sobrenatural la naturaleza humana y todas sus potencias, haciéndola capaz de creer y amar a Dios sobre todas las cosas-, permanece, sin embargo, la debilidad intrínseca de nuestra razón, oscurecida además su luz por el pecado original, y la voluntad está debilitada en sus afectos hacia el bien, que muchas veces es difícil de alcanzar.
Los Ángeles Custodios tienen la misión de ayudar a cada hombre a alcanzar el fin sobrenatural a que es llamado por Dios: “Yo mandaré un Ángel delante de ti --dice el Señor a Moisés-- para que te defienda en el camino y te haga llegar al lugar que te he dispuesto” (Ex. 23, 20).
“Porque así como los padres. cuando los hijos precisan viajar por caminos malos y peligrosos, hacen que les acompañen personas que les cuiden y defiendan de los peligros, de igual manera nuestro celestial Padre, en este viaje que emprendemos para la celeste Patria, a cada uno de nosotros nos da Ángeles para que, fortificados con su poder y auxilio, nos libremos de los lazos furtivamente preparados por nuestros enemigos, y rechacemos las terribles acometidas que nos hacen; y para que con tales guías sigamos por el camino recto, sin que ninguno error Interpuesto por el astuto enemigo sea capaz de separarle del camino que conduce al Cielo”. (Catecismo del Concilio de Trento, parte IV. cap. IX, n. 4).
Auxiliadores del hombre
Es misión de los Ángeles Custodios, por tanto, auxiliar al hombre contra todas las tentaciones y peligros, y traer a su corazón buenas inspiraciones. “Tú sabes que en el fondo de tu conciencia hay algo que es reprensión, consideración, que es aplauso. Es el oficio del Ángel Custodio: llevar esas mociones a Dios”.
En el Pastor de Hermas, uno de los más antiguos documentos de la Iglesia, se afirma: “Dos ángeles hay en cada hombre: uno de la justicia y otro de la maldad (...). El ángel de la justicia es delicado y vergonzoso, manso y tranquilo. Así, pues, cuando viene a tu corazón este Ángel, al punto se pondré a hablar contigo sobre la justicia, la castidad, la santidad, la mortificación, y sobre toda obra justa y toda virtud gloriosa. Cuando todas estas cosas subieren a tu corazón, entiende que el Ángel de la justicia está contigo”.
También prestan los Ángeles Custodios servicios materiales, cuando esto es conveniente para la salvación de las almas. “Te pasmas porque tu Ángel Custodio te ha hecho servicios patentes. --Y no debías pasmarte: para eso lo colocó el Señor junto a ti”, escribe en Camino San Josemaría Escrivá. La Sagrada Escritura relata con detalle varias actuaciones en este sentido: nos muestra entrañablemente a Rafael, que acompaña a Tobías hasta su matrimonio con Sara, y cura luego la ceguera del padre anciano (cfr. Tob. Vl y XI) .
En el capítulo XII de los Hechos de los Apóstoles se hace referencia a los ángeles: “Pedro por ministerio de Ángeles libre de la cárcel, se encamina a casa de la madre de Marcos. -No quieren creer a la criadita, que afirma que está Pedro a la puerta. “Angelus eius est!” -¡ será su Ángel!, decían”. Y concluye:”Mira con qué confianza trataban a sus Custodios los primeros Cristianos. --¿Y tú?' (Camino, n. 570).
Los Ángeles guardan al hombre desde su nacimiento. Y, al final de la vida, como manifiesta le liturgia de la Iglesia en las oraciones de la recomendación del alma, el Ángel Custodio acompañara al alma ante el tribunal de Dios.
Es preciso Invocarlos
A pesar de la gran perfección de su naturaleza espiritual, elevada perfectísimamente al orden de la gracia, los Ángeles no tienen el poder de Dios ni su sabiduría Infinita. Como explica Santo Tomás, no pueden leer en el interior de las conciencias (Summa Theologica, I. 57. 4 ad 3). Es preciso, por tanto, que les demos a conocer de algún modo nuestras necesidades.
Como su permanencia a nuestro lado es continua y con su Inteligencia penetra de modo agudísimo en lo que expresamos, ni siquiera es preciso articular palabras: basta que mentalmente le hablemos para que nos entienda.
Incluso para que llegue a deducir de nuestro interior más de la que nosotros mismos somos capaces. Por eso es tan recomendable tener un trato de amistad con el Ángel de la guarda. “Ten confianza con tu Ángel Custodio. -Trátalo como un entrañable amigo -lo es y el sabrá hacerte mil servicios en los asuntos ordinarios de cada día” (Camino, n. 562).
También podemos relacionaron con los Ángeles Custodios de los demás, para ayudarles en su tarea de conducir al Cielo a esas almas: ”Gánate al Ángel Custodio de aquel a quien quieras traer a tu apostolado. --Es siempre un gran 'cómplice'”. (Camino, n. 563). Esa complicidad -ordenada y querida por Dios-- se extiende a todas las acciones con que hemos de ganar el Cielo para nosotros y para otras almas,
Ángeles de las comunidades sociales
“Dios mandara a sus ángeles, para que protejan al Justo en todos sus caminos”, leemos en el Antiguo Testamento (Salmo. 90, 11). Es opinión común de los teólogos, sólidamente fundada en la Sagrada Escritura, en los escritos de los Santos Padres y en la liturgia de la Iglesia, la creencia de que los Ángeles Custodios no solo cuidan de cada alma en particular, sino que extienden su patrocinio a los cuerpos sociales -países, corporaciones, ciudades, personas morales. etc.--, velando para que los lazos que unen a sus miembros no les aparten de la felicidad eterna, y para que los fines corporativos de las distintas comunidades sociales, aun de aquellas nacidas para la consecución de un bien natural, se encaminen en último término al fin sobrenatural común a todos, club es Dios.
Los Ángeles y la Sagrada Eucaristía
La piedad cristiana considera desde antiguo que allí donde se encuentra reservada la Santísima Eucaristía hay Ángeles adorando constantemente a Jesucristo Sacramentado. “Pienso –decía San Josemaría- que está cargada de sentido la piedad popular al representar, rodeando la custodia, una mirada de ángeles, que se tapan la cara con sus alas, porque se consideran indignos de estar en su presencia”.
En la celebración de la Santa Misa, “la tierra y el cielo se unen para entonar con los Ángeles del señor: Sanctus, Sanctus, Sanctus...”,
“Yo aplaudo y ensalzo con los Ángeles: no me es difícil, porque me sé rodeado de ellos, cuando celebro la Santa Misa. Están adorando a la Trinidad”. (Es Cristo que pasa, 89: cfr. Camino, n. 569).
Devoción personal a los Ángeles Custodios
“La tradición cristiana describe a los Ángeles Custodios como a unos grandes amigos, puestos por Dios al lado de cada hombre, para que le acompañen en sus caminos. Y por eso nos invita a tratarlos, e acudir a ellos”. (San Josemaría Escrivá de Balaguer, op. cit., 63).
Los cristianos hemos de practicar y difundir la devoción a los Santos Ángeles Custodios, de tanta raigambre en la Iglesia: para que el Ángel Custodio, que nos acompaña siempre, contribuya a mantener en todas nuestras acciones la unidad de vida, nos proteja, interceda por nosotros, y sea siempre el más poderoso aliado en la tarea de nuestra santificación personal y en el apostolado.
Como reza la oración dirigida a San Miguel, en las fiestas litúrgicas que le dedica el Misal romano, Sancti Angeli, Custodes nostrl: defendite nos in proelio, ut non pereamus in tremento iudicio Santos Ángeles Custodios: defendednos en la batalla, para que no perezcamos en el tremendo juicio.
