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REVELACIONES DE DIOS Y MARÍA

AMAR EN LA VERDAD A LA SANTA IGLESIA Y CONOCER SU DOCTRINA, SER FIEL AL SEÑOR EN LA FE VERDADERA, CAMINAR CON MARÍA REINA EN ESTOS ÚLTIMOS TIEMPOS.

8 Febrero 2012

COMO COMULGAR. PARTE 1

CÓMO COMULGAR

 POR IGNORANCIA, PERECIO MI PUEBLO. OS 4,6
¿.De pie o de rodillas?
¿.En la boca o en la mano?

 
2

INTRODUCCIÓN
¿Qué es mejor: la Comunión de pie o de rodillas?
¿En la boca o en la mano?
Estamos ante un tema debatido, ¡y muchas veces con un fanatismo intolerante!
Pero, si tratamos de conocer los motivos de las distintas posturas, comprobamos que generalmente se ignoran los argumentos de fondo y abundan el engaño y la manipulación.
Sin embargo, no es un tema baladí, sino MUY IMPORTANTE, pues se juegan:
- la obediencia a la Iglesia
- el respeto a los fieles
- sobre todo, el respeto a la Eucaristía: “Examínese cada cual, y coma así el Pan y beba del cáliz. Pues quien come y bebe sin discernir el Cuerpo del Señor, come y bebe su propia condenación”. (I Co 11,28-29).
POR LO TANTO, ES ELEMENTAL QUE CONOZCAMOS LA REALIDAD OBJETIVA, SIN PREJUICIOS.
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HISTORIA COMÚN Y PARALELA EN EL MODO DE COMULGAR
comienzos de la Iglesia * Era un ambiente difícil, de persecuciones.
* Abundaban las herejías:
- arrianos, negaban la Divinidad de Cristo
- docetas, Cristo era apariencia
- gnósticos, sincretismo
- marcionitas, negaban tres personas en Dios
- artotiritas (ofrecían queso con el pan),
- acuarios (ofrecían sólo agua en el cáliz), etc.
Algunos daban la Comunión a los recién nacidos. Otros la colocaban en la boca del muerto...
* Aún había un conocimiento imperfecto de la Teología, y la Liturgia no estaba aún estructurada. Recordemos que es la época en que se debate sobre algo tan fundamental como la Persona y naturalezas de Jesús en los Concilios de Nicea, Constantinopla, Éfeso y Calcedonia (ss. IV-VI).
Jesús prometió que el Espíritu Santo nos iría instruyendo a lo largo de los siglos: “El Espíritu de la verdad os guiará hasta la verdad completa” (Jn 16,13).
El Concilio Vaticano II lo recuerda: “El Espíritu Santo perfecciona constantemente la fe por medio de sus dones” (DV 1,5).
En cuanto a la forma de comulgar, poco a poco y de forma espontánea, se va imponiendo de rodillas y en la lengua por dos motivos principales:
1. Para evitar abusos y profanaciones (a veces, tras recibir el Pan consagrado en la mano, se iban al circo con Él...).
2. Pero, sobre todo, porque se va comprendiendo cada vez mejor la necesidad de adorar este Sacramento.
En el siglo IV hay un fuerte movimiento de reverencia y respeto a la Eucaristía. Entre los principales impulsores están San Cirilo de Jerusalén (315-386) y San Juan Crisóstomo (347-407).
A partir del siglo IX se deja de comulgar de pie y en la mano.1
Desde entonces (¡hace 11 siglos!), hasta después del Concilio Vaticano II, se ha comulgado de rodillas y en la boca.

1
Card. J. Ratzinger: “Il Dio vicino”, Roma, 2003.
 
3
Rebelión protestante del siglo XVII
Los Calvinistas introdujeron la “Comunión” de pie y en la mano para mostrar dos cosas:
1°.- Que no creen en la “transubstanciación”. Para ellos, la Presencia de Jesucristo en la Eucaristía es sólo simbólica.
2°.- Que no creen en el Sacerdocio, ni que el Sacramento del Orden confiera a un hombre un poder sacramental. El ministro protestante es sólo un hombre ordinario que dirige los himnos, lee las lecturas y predica.
Por lo tanto, para mostrar su rechazo a la Presencia real de Cristo en la Eucaristía, al Sacerdocio y al Catolicismo, comulgaban de pie y en la mano.
El propio Lutero no lo hubiera hecho porque, aunque no creía en la transubstanciación, si creía en la presencia real.
Es más, hasta hace poco los luteranos “comulgaban” de rodillas y en la boca. Y todavía algunos lo hacen así en los países escandinavos.
Pero en aquellos tiempos los católicos siguieron comulgando de rodillas y en la boca, sin hacerse problema y como muestra de que no aceptaban la herejía protestante.
Con otras palabras, la Comunión en la boca y de rodillas era una forma de manifestarse como católico.
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A lo largo de los siglos, sabia y prudentemente, la Iglesia ha querido mantener la herencia recibida de sus padres, conforme pedía San Pablo: “Conservemos las tradiciones tal como nos han sido trasmitidas” (I Co 11,2).
En 1947 lo recordaba el Papa Pío XII: “Hay que reprobar severamente la temeraria osadía de quienes introducen intencionadamente nuevas costumbres litúrgicas o hacen renacer ritos ya desusados, que no están de acuerdo con las leyes y rúbricas vigentes”.2
En 1983 legislaba el nuevo Código de Derecho Canónico: “A no ser que se las cite expresamente, la ley no revoca las costumbres centenarias o inmemoriales" (Canon 28).
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Desbarajuste de la década 1967-1977
Algunos dicen que las innovaciones en torno a la Comunión provienen del Concilio Vaticano II. Es absolutamente falso: las propuestas de reforma en torno a la Eucaristía que se hicieron en el Concilio fueron muy prudentes. Es más, consta que el Concilio no pensó en cambiar las maneras de la Comunión.
El primer documento aprobado por el Concilio fue la Constitución “Sacrosanctum Concilium” (04-12-1963) sobre la Liturgia. Es un documento muy prudente, en el que se lee: “Para conservar la sana tradición y abrir el camino a un progreso legítimo, debe preceder siempre una concienzuda investigación teológica, histórica y pastoral acerca de cada una de las partes que se han de revisar. No se introduzcan innovaciones si no lo exige una utilidad verdadera y cierta de la Iglesia, y sólo después de haber tenido la precaución de que las nuevas formas se desarrollen orgánicamente a partir de las existentes” (n° 23).
Cuando habla de cambios en la Misa, se limita a sugerir más abundantes Lecturas bíblicas, introducir la práctica de la homilía, posibilidad de tener Moniciones y tener la Oración de los fieles (35).
Respecto a la lengua de la Misa, pide conservar el uso de la lengua latina. Sólo admite que se pueda usar la lengua vulgar en lecturas, moniciones y cantos (n° 36).
Por lo tanto, es claro que el Concilio pide que no se introduzcan innovaciones sin prudencia.
Pero, como vamos a indicar a continuación, a la hora de ponerlo en práctica, un indisciplinado ejército de liturgistas olvidó la elemental sensatez que pedía el Concilio y entraron en la Liturgia como irrumpe una manada de elefantes espantados en una cristalería, con los resultados previsibles.

2 Pío XII: Encíclica “Mediator Dei”, (20-09-1947). N° 17.
 
4
Crónica de una chapuza
El 24 de enero de 1964 Pablo VI creó el “Consilium ad exsequendam Constitutionem de Sacra Liturgia”, a fin de llevar a la práctica las prescripciones litúrgicas del Concilio. Fue nombrado Secretario Mons. Annibale Bugnini.
Como este organismo asumía funciones que eran propias de la Sagrada Congregación de Ritos e incluso de la Doctrina de la Fe, en abril de 1970, se disolvió la Congregación de Ritos, dividiéndose en dos:
* La Sagrada Congregación para la Causa de los Santos, de la que fue nombrado Secretario Mons. Ferdinando Antonelli.
* La Sagrada Congregación para el Culto Divino, cuyo Secretario fue Mons. Bugnini
Esta última seria la que se haría cargo de la reforma litúrgica. Es decir, especialmente la persona de su Secretario, a quien convendrá presentar a continuación.
Mons. Annibale Bugnini (1912-1982) fue el gran protagonista de la reforma litúrgica del Vaticano II. Él fue el alma del Consilium, como en general de todas las comisiones que se crearon en el Vaticano durante treinta años para ir reformando progresivamente la liturgia. Hasta tal punto que se habla de «su reforma litúrgica».
Por eso la mejor fuente para conocer el desenvolvimiento de la reforma litúrgica postconciliar es su publicación “La riforma liturgica”.3 En gran parte es autobiográfica. Es muy interesante por su completa documentación y porque hay que reconocerle a Mons. Bugnini una gran sinceridad, pese a que su polémica actuación podía impulsarle a ocultar o tergiversar ciertos hechos cuyo conocimiento le perjudican a él y a su obra.
Mons. Bugnini confiesa que procuró que la reforma litúrgica fuera “gradual” (que, en la práctica, se fueran aceptando los abusos), y “evolutiva” (que la liturgia evolucionara constantemente, poniéndose al día de forma desacralizadora).
Los reformadores de la Liturgia quisieron dar la impresión de que eran los fieles quienes pedían las innovaciones que ellos mismos habían proyectado ya desde hacía años: «la reforma es el fruto de un largo periodo de maduración llevado a cabo por espíritus elegidos y transmitido después, progresivamente, a estadios cada vez más amplios de fieles» (pág. 25).
¿Quiénes eran esos espíritus elegidos? Entre otros, los protestantes Jasper, Shepherd, George, Kenneth, Brand y Max Thurian. Así se explica que los protestantes pudieran afirmar que la nueva liturgia católica podría ser aceptada por ellos, pues había eliminado lo más característico de la Doctrina católica.
- “Las comunidades no católicas podrán celebrar la Santa Cena con las mismas oraciones que la Iglesia Católica. Teológicamente, es posible” (Max Thurian).
- “La Iglesia Católica ha quebrantado su liturgia, expurgado sus ritos, ocultado sus misterios, bajado la llama de su alegría; con toda premura se hace protestante" (René Barjavel).
El movimiento litúrgico «ha sido promovido y sostenido por organizaciones particulares, pero la Iglesia lo ha hecho suyo y lo ha puesto bajo su directa dependencia» (pág. 211). Es decir, que se fue poco a poco acostumbrando a los fieles a lo que, si se hubiera presentado de golpe, les habría hecho reaccionar: «la legislación se perfecciona a medida que los ánimos están mejor preparados y más dispuestos a acoger formas nuevas de culto» (pág. 467).
Paulatinamente se iban aprobando la mayoría de los abusos. Se aceptó la vía de los hechos consumados con el argumento de que dichos abusos eran «un fenómeno general que parece no poderse remediar con una simple prohibición o ignorándolo, sino canalizándolo para que la Santa Sede pueda controlarlo» (pág. 467).
Esta deslegitimación y claudicación de la autoridad tuvo su momento cumbre en la autorización de la Comunión en la mano, defendida con argumentos muy débiles y rechazada por la inmensa mayor parte de los obispos; pero «en los países donde la nueva práctica de poner la forma en la mano ha sido introducida, parece cada vez más difícil, si no imposible, impedirla» (pág. 627). En consecuencia, acabó por convertirse casi en norma obligatoria.
Este evolucionismo perpetuo y descontrolado es patente en la llamada «inculturación» de la liturgia. El Concilio (SC 36) permitió traducir a las lenguas vernáculas las lecturas, los cantos y las moniciones, pero los liturgistas se lanzaron a traducir toda la Misa por su cuenta. Y fueron incluso

3 “La riforma liturgica” (Edit. Liturgiche, Roma, 1983).
 
5
Más lejos: «para una liturgia verdaderamente renovada no bastará traducir: serán necesarias nuevas creaciones» (pág. 239). Quedó muy corto el famoso dicho: “traduttore tradittore”.
Mons. Annibal Bugnini decía el 4 de enero de 1967 (dos años antes de la publicación del Nuevo Ordo Missae): “No se trata solamente de retocar una valiosa obra de arte sino, a veces, de dar estructuras nuevas a ritos enteros. Se trata de una restauración fundamental, diría casi de una refundición y, en ciertos puntos, de una verdadera creación nueva”.4
Mons. Annibale Bugnini fue un personaje muy controvertido. Para tener más datos fidedignos sobre él y «su reforma», nos interesa mucho el juicio de su compañero, Mons. Antonelli.5
Mons. Ferdinando Antonelli, Capuchino, permaneció toda su vida en la Curia Romana. Sus opiniones tienen tanta más significación cuanto que no se contaba entre los Monseñores más tradicionales.
En su Diario personal, censura abiertamente la mentalidad del mencionado Consilium: «Existe un espíritu de crítica y de rabia contra la Santa Sede que no puede conducir a buen término. Y... ninguna preocupación por la verdadera piedad» (Diario, 30-4-65, pág. 234). Este espíritu de critica tiene dos ejes, la desacralización y la experimentación: «ya nadie tiene un sentido sagrado de la ley litúrgica. Las mudanzas continuas, imprecisas y algunas veces poco lógicas, y el deplorable sistema de la experimentación, superan todos los limites (...) [La cuestión litúrgica] se sitúa en una problemática mucho más amplia y de fondo doctrinal; por eso la crisis principal es la crisis de la doctrina tradicional y del magisterio» (Diario, 1-11-67, págs. 242-243).
«La ley litúrgica, que hasta el Concilio era una cosa sagrada, para muchos ya no existe. Cada uno se considera autorizado a hacer lo que quiere» (Note sulla Riforma liturgica, págs. 257-258).
«En el Consilium hay pocos obispos con preparación litúrgica específica, pocos que sean verdaderos teólogos. La carencia más grave de todo el Consilium es la de los teólogos. Podría decirse que fueron excluidos. Es un aspecto peligroso.
Ha sido nombrado Prefecto de la nueva Congregación del Culto Divino el P. Annibale Bugnini, C.M. Podría decir muchas cosas sobre este hombre. No querría equivocarme, pero la laguna más notable del P. Bugnini es su falta de formación y sensibilidad teológica. Es una laguna y una falta grave, porque en la liturgia toda palabra y todo gesto traducen una idea que es una idea teológica.
Las teorías corrientes entre los teólogos avanzados alcanzan a la fórmula y al rito, con una gravísima consecuencia: que, mientras la discusión teológica permanece en el elevado nivel de los hombres de cultura, al descender a la fórmula y al rito se encamina hacia su divulgación entre el pueblo». «Muchos de los que tienen influencia en la reforma... no tienen ningún amor, ninguna veneración por lo que nos fue transmitido... Es una mentalidad negativa, injusta y perjudicial... Con esta mentalidad son llevados a destruir, no a restaurar» (ibid., págs. 257-258).
Tengo la impresión de que se ha cedido mucho, principalmente en materia de sacramentos, a la mentalidad protestante. No porque el P. Bugnini haya sido el artífice de tales concesiones; él sólo se ha servido de mucha gente y, no sé por qué, ha introducido en el trabajo a gente hábil pero de coloración teológica progresista. Y, o no se ha dado cuenta, o no se ha resistido a ciertas tendencias”. (ibid., pág. 264).
Es ilustrativo saber cómo terminaron ambos personajes:
Mons. Ferdinando Antonelli fue elevado al Cardenalato en marzo de 1973, ocupando la Prefectura de la Sagrada Congregación del Culto.
Mons. Annibale Bugnini fue relegado, en enero de 1976, a la Nunciatura de Irán.
Creo que no hacen falta comentarios.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
4 Doc. Cath., N°1493, 7 de mayo de 1967.
5 El Pontificio Ateneo San Anselmo ha publicado una obra del capuchino Nicola Giampietro (Studia Anselmiana, Roma, 1998) recogiendo diversos escritos del Card. Antonelli sobre el desarrollo de la reforma litúrgica entre 1948 y 1970. (Carmelo López-Arias Montenegro: “Apuntes sobre la reforma litúrgica”; Publicado en «ROCA VIVA», Nº 364, mayo 1999).
 
6
Una vez presentado el autor de la Reforma litúrgica postconciliar, vayamos a los actores.
Durante el Concilio, algunos sacerdotes de Europa del Norte habían ido manifestando su mentalidad, no tanto progresista, sino anticatólica. Eran conocidos sus comentarios en torno al Concilio, mientras éste tenía lugar y, por supuesto, en el post-concilio.
En torno a 1965, comenzaron a introducir en la liturgia las prácticas protestantes. En lo que respecta al tema que tratamos, invitando a sus fieles a comulgar de pie y en la mano. No era sólo un cambio de “rito externo”, sino la expresión de una fe diferente a la de Roma.
Por lo que sea (dejémoslo ahí), sus obispos no frenaron esa falta de disciplina (y de fe), y la práctica se fue extendiendo por Holanda, Alemania, Bélgica, Francia y, de ahí, al resto de Occidente.
Fueron años de desconcierto, improvisación, desorientación, libertinaje litúrgico, en abierto ambiente de indisciplina y desobediencia a la Autoridad de la Iglesia.
Muchos sacerdotes se consideraron dueños de la Liturgia, cambiando lo que les parecía bien.
Es más, lo que era concesión, indulto o dispensa, se tomó como si fuera norma, llegándose p.e., a quitar los reclinatorios, como si la Comunión de rodillas hubiera sido prohibida.
Hubo casos tristes de sacerdotes que negaban la Comunión a quien deseaba recibirla de rodillas y/o en la boca.
Son los años en que las Sagradas Congregaciones respectivas publicaron las Instrucciones en que se autorizaban las concesiones para comulgar en la mano y de pie.
Hay que hacer notar que estos documentos tienen claras contradicciones, como la “Carta anexa a la Instrucción “Memoriale Domini”, en la que Mons. Bugnini propone exactamente lo contrario de lo que el Papa Pablo VI pide en dicha Instrucción. (Lo veremos más adelante).
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Rectificando errores
Posteriormente, la Jerarquía de la Iglesia ha ido reconociendo que las reformas fueron excesivas y que es necesario rectificar algunas cosas.
Expondré algunos datos, en los que se ve suficientemente clara la voluntad de la Jerarquía de la Iglesia.
De hecho, “paradójica e incoherentemente”, hoy día se mantiene oficialmente la concesión de comulgar en la mano y de pie pero, quien tenga ojo y desapasionamiento, verá cómo la Iglesia se inclina claramente a la Comunión de rodillas y en la boca.
En junio de 1969, los Cardenales Alfredo Ottaviani (entonces Prefecto de la Congregación del Santo Oficio) y Antonio Bacci escribieron al Papa Pablo VI la siguiente carta, que también fue aprobada por otros Cardenales de la Curia:
“Beatísimo Padre:
Después de haber examinado el Novus Ordo Missae preparado por los peritos del "Consilium..."; tras haber largo tiempo reflexionado y orado, sentimos que es nuestro deber, ante Dios y Vuestra Santidad, expresar las consideraciones siguientes:
1º - Como lo prueba suficientemente el examen crítico adjunto, obra de un grupo escogido de teólogos, liturgistas y pastores de almas, el Novus Ordo Missae, si se consideran los elementos nuevos, susceptibles de apreciaciones muy diversas, que aparecen subentendidos o implicados, SE ALEJA DE MANERA IMPRESIONANTE de la teología católica de la Santa Misa, cual fue formulada en la XXII Sesión del Concilio de Trento, el cual, al fijar definitivamente los "cánones" del rito, levantó una barrera infranqueable contra toda herejía que pudiera menoscabar la integridad del Misterio.
2° - Las razones pastorales aducidas para justificar tan grave rompimiento, aun si tuviesen el derecho de subsistir frente a razones doctrinales, no parecen suficientes. Tantas novedades aparecen en el Novus Ordo Missae, y, en cambio, tantas cosas de siempre se encuentran relegadas a un sitio menor o a otro sitio, que podría resultar reforzada y cambiada en certidumbre la duda según la cual verdades siempre creídas por el pueblo cristiano podrían cambiar o silenciarse sin que haya infidelidad al depósito sagrado de la Doctrina al que la fe católica está ligada para la eternidad.
 
7
Las recientes reformas han demostrado suficientemente que no podrán hacerse nuevos cambios en la liturgia sin llevar a la desorientación más total de los fieles, que ya manifiestan que les resultan insoportables y disminuyen incontestablemente su fe. En la mejor parte del clero esto se nota por una crisis de conciencia torturadora de la que tenemos testimonios innumerables y cotidianos.
3° - Estamos seguros de que estas consideraciones no podrán menos de encontrar eco en el corazón paternal de Vuestra Santidad, siempre tan profundamente preocupado por las necesidades espirituales de los hijos de la Iglesia. Siempre los súbditos, para bien de quienes se promulga una ley, tienen derecho y deber -si la ley se revela nociva- de pedir al legislador, con filial confianza, su abrogación. Por todo esto, suplicamos insistentemente a Vuestra Santidad no querer que nos sea quitada -en un momento en que la pureza de la fe y la unidad de la Iglesia sufren tan crueles laceraciones y peligros cada vez mayores- la posibilidad de seguir utilizando el íntegro y fecundo MISSALE ROMANUM de San PIO V, tan altamente alabado por Vuestra Santidad y tan profundamente venerado y amado por el mundo católico entero.”
Roma, Fiesta de Corpus Christi, 1969.
† Alfredo Cardenal Ottaviani​† Antonio Cardenal Bacci
En 1977, el Card. Ratzinger, que deseaba una “reforma de la reforma” litúrgica, sorprendió con unas Memorias,6 donde revelaba sus inquietudes: «un gran evento al comienzo de mis años de Ratisbona fue la publicación del misal de Pablo VI, con la prohibición casi completa del misal precedente, después de un periodo de experimentación que a menudo había desfigurado profundamente la liturgia. Yo estaba perplejo ante la prohibición del Misal antiguo, porque algo semejante no había ocurrido jamás en la historia de la liturgia. Un misal de Pio V, creado por él, no existe realmente. Existe sólo la reelaboración por él ordenada como fase de un largo proceso de crecimiento histórico. Ahora [en 1969], por el contrario, la promulgación de la prohibición del Misal que se había desarrollado a lo largo de los siglos desde el tiempo de los Sacramentales de la Iglesia antigua, comportó una ruptura en la historia de la liturgia cuyas consecuencias sólo podían ser trágicas» (págs. 123-124).
Más recientemente, siendo ya Papa, Benedicto XVI llama la atención a todos los Obispos del mundo: “En muchos lugares no se celebraba de una manera fiel a las prescripciones del nuevo Misal, sino que éste llegó a entenderse como una autorización e incluso como una obligación a la creatividad, lo cual llevó a menudo a deformaciones de la Liturgia al límite de lo soportable.”7
En junio de 2008, Benedicto XVI decide distribuir la Comunión a los fieles de rodillas y en la boca. Con esta decisión, quiere resaltar la fe en la presencia real de Cristo en la Eucaristía, porque recibir al Señor de rodillas es un signo expresivo de adoración y humildad ante Dios.
El modo como el Papa distribuye hoy la Comunión es una invitación sugerente...
Le preguntaron a Mons. Guido Marini, Maestro de Ceremonias Litúrgicas Pontificias, si el Papa continuaría esta práctica: “Creo que será así. La distribución de la Comunión en la mano es, desde el punto de vista jurídico, una dispensa a la ley universal, concedida por la Santa Sede a aquellas Conferencias episcopales que lo pidieron.”
La modalidad adoptada por Benedicto XVI tiende a subrayar la vigencia de la norma, “válida en toda la Iglesia”. La Comunión en la boca pretende resaltar “la presencia real de Cristo en la Eucaristía, ayudar a la devoción de los fieles e introducir con más facilidad el sentido de misterio. Aspectos que en este tiempo urge recuperar.” (26-06-2008).8

 

6 Mi vida. Recuerdos, 1927-1977, Editorial Encuentro, Madrid, 1997.
7 Carta a todos los Obispos del mundo para presentar el Motu Proprio sobre la Reforma Litúrgica. (07-07-2007).
8 L‟Osservatore Romano, 26-06-2008, edición italiana.
 
8
El 14-12-2008, una voz autorizada, como es el Cardenal Antonio Cañizares, Prefecto de la Sagrada Congregación del Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, afirma:
Recibir la Comunión de rodillas y en la boca “no es sólo cuestión de formas. ¿Qué significa comulgar en la boca? ¿Qué significa hacer una genuflexión ante el Santísimo? ¿Qué significa ponerse de rodillas durante la consagración en la Misa? Significa adoración, significa reconocimiento de la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía; significa respeto y actitud de fe de un hombre que se postra ante Dios porque sabe que todo viene de Él, y nos sentimos anonadados, asombrados, ante la maravilla de Dios, su bondad y su misericordia. Por eso, no da lo mismo poner la mano y comulgar de cualquier manera que hacerlo con respeto; no es lo mismo comulgar de rodillas que de pie, porque todos esos signos indican una actitud profunda. A lo que tenemos que llegar es a esa actitud profunda del hombre que se postra ante Dios, y eso es lo que quiere el Papa.”9
Mons. Malcom Ranjith, en 2009, habló también con autoridad sobre el tema, dado su rango de Secretario de la Congregación del Culto Divino y la disciplina de los Sacramentos. Es un texto nítido y muy importante:
“Hablando de la Comunión en la mano es necesario reconocer que se trata de una práctica introducida abusivamente y a prisas en algunos ambientes de la Iglesia inmediatamente después del Concilio, cambiando la secular práctica anterior y volviéndose enseguida la práctica regular para toda la Iglesia. Se justificaba tal cambio diciendo que reflejaba mejor el Evangelio o la práctica antigua de la Iglesia. Cualesquiera sean las razones para sostener esta práctica, no podemos ignorar lo que sucede a nivel mundial en todas partes donde es adoptada. Este gesto contribuye a una gradual y creciente debilitación de la actitud de reverencia hacia las sagradas especies Eucarísticas. La praxis anterior, en cambio, preservaba mejor ese sentido de reverencia. A ella ha sucedido enseguida una alarmante falta de recogimiento y un espíritu general de distracción. Ahora se ven comulgantes que frecuentemente regresan a sus puestos como si nada de extraordinario hubiera ocurrido. Aún más distraídos se ven los niños y adolescentes. En muchos casos no se nota ese sentido de seriedad y silencio interior que deben señalar la presencia de Dios en el alma. El Papa habla de la necesidad de no sólo entender el verdadero y profundo significado de la Eucaristía, sino también de celebrarla con dignidad y reverencia. Dice que hay que ser conscientes “de los gestos y de las posturas, como el arrodillarse en los momentos prominentes de la oración Eucarística”.10 Además de ello, hablando de la recepción de la Sagrada Comunión, invita a todos a “hacer lo posible para que el gesto en su simplicidad corresponda a su valor de encuentro personal con el Señor Jesucristo en el Sacramento”.11
Yo creo que ha llegado la hora de valorar bien la mencionada práctica y de revisar y, si es necesario, abandonar la práctica actual, que de hecho no fue indicada ni por la Sacrosanctum Concilium, ni por los Padres Conciliares, sino que fue aceptada después de su introducción abusiva en algunos países. Ahora, hoy más que nunca, es necesario ayudar al fiel a renovar una viva fe en la presencia real de Cristo bajo las especies Eucarísticas para reforzar así la vida de la Iglesia y defenderla en medio de las peligrosas distorsiones de fe que tal situación continúa creando.”12
El 14-11-2010, Peter Seewald entrevista a Benedicto XVI en “Luz del mundo”:
Como Papa comenzó usted a dar la Comunión a los fieles en la boca, poniéndose de rodillas. ¿Considera que es la actitud más adecuada?
“Al hacer que se reciba la Comunión de rodillas y en la boca he querido colocar una señal de respeto y llamar la atención hacia la presencia real.

9 La Razón, 14-12-2008.
10 Sacramentum Caritatis, 65.
11 Sacramentum Caritatis, 50.
12 Prefacio del Secretario de la Sagrada Congregación Para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Msr. Malcolm Ranjith, al libro “Dominus Est, Reflexiones de un obispo del Asia central sobre la Sagrada Comunión”, del Obispo Athanasius Schneider. Librería Editrice Vaticana, 2008.
 
9
Especialmente en actos masivos, como los tenemos en la basílica y en la plaza de San Pedro, el peligro de banalización es grande. He oído hablar acerca de gente que guarda la Comunión en la cartera y se la lleva consigo como un souvenir cualquiera. En este contexto, en que se piensa que recibir la Comunión forma parte simplemente del acto -todos se dirigen hacia delante, por tanto, también voy yo-, he querido establecer un signo claro.
Debe verse con claridad que allí hay algo especial. Aquí está presente Él, ante quien se cae de rodillas.
¡Prestad atención! No es un mero rito social cualquiera del que todos podemos participar o no.”
El 24-12-2010, el Card. Antonio Cañizares, Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, vuelve a afirmar, en otra entrevista:
La renovación litúrgica conciliar ha traído grandes beneficios en la vida de la Iglesia. Pero no han faltado sombras en los años sucesivos al Vaticano II: la liturgia ha sido “herida” por deformaciones arbitrarias, provocadas también por la secularización que por desgracia golpea también dentro de la Iglesia. En muchas celebraciones no se pone ya en el centro a Dios sino al hombre y su protagonismo, su acción creativa, el rol principal dado a la asamblea. La renovación conciliar ha sido entendida como una ruptura y no como un desarrollo orgánico de la tradición.
Es recomendable que los fieles comulguen en la boca y de rodillas
¿Cómo juzga el estado de la liturgia católica en el mundo?
Frente al riesgo de la rutina, frente a algunas confusiones, (...), se puede decir que hay una cierta crisis. Por eso es urgente un nuevo movimiento litúrgico.
¿Puede dar alguna indicación concreta sobre qué podría cambiar en la liturgia?
Debemos comprometernos en reavivar y promover un nuevo movimiento litúrgico, siguiendo la enseñanza de Benedicto XVI, y reavivar el sentido de lo sagrado y del Misterio, poniendo a Dios en el centro de todo. Debemos dar impulso a la adoración eucarística, renovar y mejorar el canto litúrgico, cultivar el silencio, dar más espacio a la meditación.
En la Jornada Mundial de la Juventud, en Madrid (agosto de 2011), el Papa quiso dar la Comunión de rodillas y en la boca. Recordemos la Misa a los seminaristas en la Catedral de la Almudena (día 20) o la Misa de Clausura de la JMJ (día 21).

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Hasta aquí hemos visto en líneas generales el proceso, casi paralelo, que han tenido las formas de comulgar (en la boca o en la mano y de pie o de rodillas).
Veamos ahora lo que se refiere específicamente a cada una de las dos maneras.
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